Lectura Julio 2019 - Stinger - Mia Sheridan

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Mensaje por Florpincha el Vie Ago 02, 2019 7:06 pm

Lo siento por no publicar chicas, se me ha complicado. Mañana terminamos con los ultimos


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Mensaje por Tibisay Carrasco el Vie Ago 02, 2019 8:09 pm

Gracias por los capitulos
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Mensaje por AregUM el Sáb Ago 03, 2019 1:24 pm

Nos quedan los últimos capis.
No sé pero creo que el libro es algo flojo comparado con los otros de Mia, pero me sigue gustando la historia 

Gracias!


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Mensaje por Florpincha el Sáb Ago 03, 2019 6:00 pm

35
Grace

El corazón se me aceleró en el pecho cuando Carson y los otros hombres se precipitaron en el despacho
de Leland. Me quedé en un segundo plano, sin querer interponerme en su camino. Sabía que todo se
reducía a esto.
Leland me miró y Carson, que vio su gesto, asintió con la cabeza, indicando que podían hablar
delante de mí. Sentí una oleada de amor por él. Confiaba en mí plenamente.
—Tenéis que moveros deprisa, muchachos —fue lo primero que dijo Dylan—. Está en un almacén
en Henderson, pero ya se sabe que este tipo no se queda mucho tiempo en ningún sitio. Imagino que el
muy cabrón ha imaginado que estaríamos fuera de servicio porque es Navidad.
—¿Has localizado también a su familia? —preguntó Leland.
—Sí, la tengo localizada. El muy cabrón atraviesa la puerta de su finca en un camión de reparto.
Solo que la empresa de reparto no hace entregas el día de Navidad. Un descuido. Sabía que debían de
estar en el interior, así que lo he localizado de nuevo en Henderson. Y, atención, Bakos solo lleva
consigo dos guardias, debe de haber dado el día libre por Navidad a los otros tres. Es un buen jefe.
Todos soltaron el aire.
—¿Qué más? —presionó Josh.
—He descargado el plano del almacén y lo he cargado en las gafas de visión nocturna.
—Está bien. Espera… —dijo Carson—. Necesitamos al menos tres hombres para ir a por Bakos. Es
lo mínimo para entrar en una habitación sin riesgos. Eso significa que te necesitamos para que filmes a su
familia, Dylan.
—Entonces, ¿quién será el conductor? —Dylan frunció el ceño.
Todos me miraron, y yo abrí mucho los ojos.
—De eso nada —intervino Carson apretando los dientes—. Ni hablar. Conduciremos nosotros
mismos —aseguró con la mandíbula tensa.
—Necesitamos a alguien que vigile —dijo Leland.
Carson negó con la cabeza.
—Esta vez renunciaremos al conductor y al vigilante. No dejaré que Grace se arriesgue. No sería
bueno para mí saber que está sentada en el exterior, esperándonos —dijo, apretando los dientes.
Todos asintieron.
—Vale, en esta ocasión no tendremos conductor —confirmó Leland—. Capturamos a Bakos, y Josh
puede esperar en el coche mientras lo interrogamos para conseguir lo que necesitamos.
—¡Joder! ¡No! —intervino Josh—. Si alguien va a disfrutar del placer de hacer cantar a Bakos, ese
seré yo.
Leland lo miró.
—Vale. Vamos a vestirnos. Ya es de noche. Tenemos que apresurarnos.
Uno a uno comenzaron a dirigirse hacia la puerta. Al parecer, ya tenían previsto algún tipo de plan
más elaborado, solo les faltaba pulir los detalles. Al menos eso esperaba.
Cuando salimos por la puerta del despacho, me di cuenta de la leve cojera de Leland y recordé la
historia que me había contado Carson sobre la emboscada que había sufrido su unidad. Para mí era un
recordatorio de que los dos tenían suerte de estar vivos, y el miedo que sentí ante lo que estaban a punto
de hacer me bajó en forma de escalofrío por la espalda.
Carson me cogió de la mano y seguimos al resto de los hombres por el pasillo hasta otra habitación.
Leland abrió la puerta y Josh lo siguió al interior. Al ver duchas y taquillas, pensé que debía de ser el
lugar donde se «vestían», aunque no sabía exactamente qué querían decir.
Carson se detuvo delante de mí para abrazarme.
—Tengo miedo —confesé contra su pecho.
—No lo tengas, Botón de oro. No cometeremos el mismo error dos veces. Lo que le ocurrió a Josh
fue algo extraño, y vamos a averiguar lo que pasó. Mientras tanto, tienes que confiar en que se nos da
bien nuestro trabajo y que somos un equipo perfectamente engranado. Sabemos lo que hacemos.
Asentí antes de estrecharlo con más fuerza.
—Ten cuidado, ¿vale?
Él me levantó la barbilla con un dedo para que lo mirara a los ojos.
—Tras encontrarte de nuevo después de tantos años, no voy a permitir que nada me impida
disfrutarlo.
Curvé un poco los labios.
—Te amo, Grace —dijo solemnemente, casi con reverencia.
Cerré los ojos por un breve instante.
—Te amo demasiado —confesé.
Me miró a los ojos durante un par de segundos y luego sonrió.
—Ahora te voy a llevar a una de las habitaciones, donde podrás esperarme. Quizá puedas intentar…
Sacudí la cabeza.
—De eso nada. Si me quedo sola en una habitación del hotel, acabaré volviéndome loca.
—Nena, no puedes salir del hotel. No puedo preocuparme por ti cuando necesito estar centrado en
lo que estoy haciendo.
—Te esperaré en el cuarto donde están las mujeres y las niñas. De todas formas, el bebé necesita
pañales y algo de ropa.
—Está bien —claudicó después de estudiarme durante un segundo—. Voy a bajar a la tienda de
regalos. Aunque está cerrado, Leland tiene la llave maestra. Luego te quedarás en la planta cuarenta y
cinco. Y no saldrás.
—No saldré —convine.
—Está bien, vamos.
Diez minutos después, sostenía una bolsa de la tienda de regalos que contenía todo tipo de productos
para bebés: pañales, toallitas húmedas, cinco sudaderas diminutas con el logo «I LOVE LAS VEGAS»,
un chupete y un par de baberos. Con eso llegaría hasta el día siguiente.
Carson me acompañó a la habitación donde estaban las mujeres y me besó una última vez antes de
irse.
Me senté en el sofá sin poder contener la lágrima que me resbaló por la mejilla. Yoselin me hizo un
gesto para que me uniera a ellas, que seguían en la cama, donde dormían Maria y el bebé. Menos mal que
era una cama de dos por dos metros.
Y allí fue donde esperé a Carson, rodeada por aquellas mujeres que habían sobrevivido a algo
mucho peor que cualquier cosa que yo hubiera sufrido, pero que aún eran capaces de consolar a otra
persona cuando lo necesitaba. Si eso no era algo mágico, no sabría decir lo que lo era.


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Mensaje por Florpincha el Sáb Ago 03, 2019 6:01 pm

Carson

Nos reunimos a la salida del aparcamiento. Dylan se fue en dirección opuesta para ir a por la familia de
Bakos. Tenía la esperanza de que todo iría bien. Él no estaba entrenado para esta parte de la misión.
Aunque no tenía que acercarse mucho, el riesgo siempre estaba presente. No podíamos permitirnos el
lujo de bajar la guardia, sobre todo después de lo que había ocurrido en nuestra última misión.
Necesitábamos más hombres, pero, por el momento, tendríamos que arreglárnoslas con lo que
teníamos. Eli Williams, el Predicador, se uniría a nosotros el año que viene. Estaba dispuesto a trasladar
a toda la familia para poder trabajar con nosotros. Noah también se agregaría al grupo en cuanto
terminara su misión. Entonces, las operaciones serían mucho más seguras. Por ahora teníamos que utilizar
lo que teníamos a nuestro alcance, no había otra elección.
Seguimos las coordenadas GPS que había localizado Dylan y aparcamos a un par de manzanas.
Nos desplazamos a pie entre las callejuelas hasta el almacén, pegados a las sombras de los
edificios. El área era sobre todo industrial, y estaba desierta debido a las vacaciones de Navidad.
Como Dylan había dicho, no había guardias. Nos trasladamos hasta el edificio en silencioso sigilo,
agachándonos detrás de todo lo que nos podía ocultar.
Josh y yo observamos cómo Leland forzaba la cerradura, abriendo la puerta en menos de treinta
segundos. Nos cubrimos los ojos con las gafas de visión nocturna y activamos la distribución del edificio
que Dylan había descargado. La podíamos ver en la parte superior de los cristales.
Por suerte, disponíamos de un presupuesto suficiente para poder contar con los dispositivos de alta
tecnología más avanzados.
Registramos varias habitaciones sin hacer ningún ruido, hasta que Leland, que encabezaba la marcha,
se detuvo frente a nosotros. Todos escuchamos con atención. ¿Era música lo que sonaba?
Avanzamos en cuanto Leland nos lo ordenó. Bueno, por Dios, era música. Acordes navideños.
Íbamos a joderles la fiesta.
Miré a Josh y él puso el pulgar hacia arriba, sonriendo.
Nos acercamos un poco más e indiqué a Leland que se pusiera a la derecha de la puerta. Josh se
situó a la izquierda. La puerta era de madera vieja, con una cerradura barata. Quien fuera que estuviera
allí dentro no estaba preocupado.
Alcé los dedos, contando, y cuando llegué a tres, lancé una patada a la puerta con todas mis fuerzas
para abrirla. La madera se astilló y voló hacia el interior, sorprendiendo a las personas que estaban
dentro.
El guardia más cercano a la puerta se volvió hacia nosotros, levantando el arma. Pero Leland cayó
sobre él y le hizo una llave con la que lo inmovilizó por el cuello. Su pistola cayó al suelo antes de que
los otros hombres se hubieran dado la vuelta. Podía ser que no fuera capaz de correr tan rápido como
antes, pero Leland McManus seguía siendo un tipo duro.
Josh cogió la pistola del guardia para guardarla en la cinturilla trasera de los vaqueros y, con un
rápido movimiento, levantó la rodilla y arrolló al otro hombre, que empezaba a ponerse en pie. Este cayó
al suelo, inconsciente.
Fui a por el tercer hombre, al que reconocí de inmediato por las fotos que había visto. Bakos. Estaba
retrocediendo a través de la estancia, intentando recuperar algo que llevaba oculto en la cintura. Corrí
hacia él y lo obligué a girar. Le quité la pistola de la cintura y le rodeé el cuello con un brazo al tiempo
que apuntaba con mi arma a su sien. Gruñó al notar el cañón en su piel.
—¡Jesús! Esto ha sido demasiado fácil —comentó Josh, que ni siquiera respiraba con dificultad.
—Creo que no es necesario tomar el nombre del Señor en vano el día de su cumpleaños —intervino
Leland.
Josh se detuvo delante del guardia que yacía inconsciente en el suelo.
—No estaba tomando el nombre del Señor en vano, solo lo alababa. Permite que vuelva a decirlo:
gracias, Jesús, por habérmelo puesto tan fácil —dijo, alzando los brazos al cielo.
Puse los ojos en blanco.
—Venga, tíos, ¿podemos centrarnos en esto? —pregunté—. Tenemos que separarlos. —Señalé a los
dos guardias y a Bakos.
—Ataré a estos en la habitación de al lado para asegurarnos de que no se mueven —dijo Leland.
Asentí moviendo la cabeza y me enderecé. Bakos estaba inmovilizado. Lo cacheé con la otra mano y
luego lo senté en el borde de la mesa.
—¿Podemos parar esa mierda? —preguntó Josh, refiriéndose a la música. Bing Crosby canturreaba
White Christmas en el iPod que había en un estante.
Me acerqué y lo apagué mientras Leland arrastraba al segundo guardia fuera de la habitación. Su
cojera se acentuaba bajo el peso del guardia.
Señalé con un gesto la botella de licor medio vacía que estaba acompañada de tres vasos de chupito.
—Esta es la razón de que haya sido algo tan fácil —le indiqué a Josh, moviendo la cabeza.
Josh se volvió hacia Bakos.
—Estoy decepcionado, viejo. Me esperaba algo más.
Bakos entrecerró los ojos y miró a Josh con disgusto.
Josh estaba ahora sentado en el borde de la mesa donde había estado el traficante un minuto antes, e
hizo una pausa para estudiar al grueso hombre canoso que ahora estaba atado frente a él.
—Bien, Bakos, resulta que seguramente no vaya a ser una Navidad demasiado feliz para ti. De
hecho, es probable que sea una auténtica mierda —soltó Josh con una expresión de aburrimiento.
Bakos permaneció en silencio, mirando a uno y otro.
—Esto es lo que va a ocurrir. Voy a poner aquí este pequeño dispositivo y me vas a contar la historia
de cómo me endilgaste un asesinato que no cometí.
Bakos se rio.
—¿Por qué habría de hacerlo? —preguntó—. No pienso hablar. Prefiero morir con la certeza de que
pasarás el resto de tu vida en prisión por tratar de arruinar mi negocio.
—¿Tu negocio? —preguntó Josh con los ojos entornados.
—Sí, mi negocio. Donde hay pasta, hay negocio.
—Eres un pedazo de mierda humana, ¿lo sabías?
—Josh… —le advertí—. No pierdas el tiempo con él. Ya conseguiremos lo que necesitamos.
Josh se puso a estudiar a Bakos.
—No nos imaginamos que fueras a hablar por salvar tu culo, pero quizá esto te convencerá —dijo
Josh, sacando el móvil del bolsillo.
«Vamos, Dylan», pensé. Si había tenido éxito, habría un vídeo en el teléfono de Josh en ese
momento.
Se lo puso a Bakos, que palideció.
Y supe que tenía razón. Incluso un puto enfermo como Bakos, que vendía seres humanos para vivir,
trataría de proteger a su familia. Estábamos tirándonos un farol, pero, por la expresión de su cara,
aquello estaba funcionando. Y en ese momento, supe que habíamos ganado.
Josh siguió presionándolo.
—¿La reconoces? Es preciosa, ¿verdad? ¿Ves ese pequeño punto rojo que va donde va ella? Es el
arma de nuestro francotirador. Empieza a hablar o se la carga en este mismo momento. El guardia que has
puesto en la otra habitación no tendrá tiempo ni de parpadear antes de que nos encarguemos de todos.
Bakos entrecerró los ojos con una mirada de odio. Josh puso a funcionar la grabadora y después de
una larga pausa, Bakos empezó a hablar.
—Estaba en el viejo almacén la noche en que llegasteis. Mis hombres y yo habíamos recibido la
orden de enviar la mercancía por la mañana. Mientras os ocupabais de los guardias, yo llegué a una
habitación donde había instalado una trampilla oculta con una de las chicas como rehén. La zorra gritó al
oír que os aproximabais. Te estudié por la mirilla hasta que te diste la vuelta, y entonces abrí la puerta y
te golpeé la cabeza con una roca que había en el suelo. Sencillo. Te arrastré dentro, amordacé a la chica y
esperé hasta que se fueron los hombres. Luego ejecuté a la zorrita con tu arma, manché tu ropa con su
sangre y te puse la roca en la mano. Te dejé abandonado en la casa. Fácil. Ni siquiera sudé. —Bakos nos
miró en silencio.
Josh apago la grabadora, sin apartar los ojos de Bakos. Envió el archivo a Dylan y su teléfono pitó
unos segundos más tarde, indicando que Dylan lo tenía y que el archivo era bueno.
Ninguno de nosotros se movió mientras Josh observaba a Bakos. En sus ojos brillaba la ira. Miré su
mano y vi que la había cerrado en un puño, pero no lo detuve. Josh se impulsó hacia delante, rápido como
un rayo, y le dio un puñetazo en la cara. La cabeza de Bakos fue hacia atrás antes de comenzar a sangrar
por la nariz. Luego dobló el cuello hacia delante; estaba fuera de combate.
Josh se dio la vuelta con los dientes apretados y se frotó la mano.
—Mierda. ¿Habitaciones con trampillas secretas? Este tipo ha visto demasiados episodios de
Scooby Doo. —Se pasó la mano por el pelo al tiempo que soltaba una risita sin humor.
Sacudí la cabeza. Estaba seguro de que le había afectado oír que la chica que habíamos intentado
rescatar había acabado con un tiro en la cabeza. Así que le di una palmada en el hombro.
—Venga, colega, déjalo ya. Creo que tenemos una entrega especial para la fiscal que lleva tu caso.
Llama a la policía y dales la dirección donde podrán encontrar a este desperdicio humano. —Señalé a
Bakos, ahora inmóvil, con la cabeza—. Vámonos —indiqué en voz baja.
Diez minutos después, estábamos doblando la esquina exterior mientras oíamos las sirenas que
avanzaban hacia el almacén.


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Mensaje por Florpincha el Sáb Ago 03, 2019 6:02 pm

36
Grace

Dos semanas después...


Me bajé el vestido hasta las caderas y sonreí a mi reflejo en el espejo. Las dos últimas semanas habían
sido un torbellino. Un torbellino feliz pero intenso.
Después de presentar a Larry como evidencia la cinta de vídeo, se la mostramos al juez y el caso de
asesinato contra Josh fue sobreseído un par de días más tarde. Bakos estaba bajo custodia policial. A
pesar de que trató de retractarse de lo que había dicho en la cinta, alegando que lo habían presionado y
que se había visto obligado a mentir para salvar la vida de su familia, las pruebas que se encontraron en
el almacén y en su sistema informático fueron abrumadoras. El asesinato que había intentado endosarle a
Josh era solo uno de los cargos que habían presentado contra él.
Larry, el fiscal jefe, había venido a hablar conmigo al día siguiente. Me preguntó si podía
presentarle a mis amigos para poder ponerlos en contacto con los responsables del departamento de
policía.
Así fue que un domingo lluvioso de principios de enero, Carson, Josh, Leland y Dylan estuvieron
reunidos a puerta cerrada con él mientras yo me mordía las uñas sin cesar y daba un respingo cada vez
que sonaba mi móvil.
Por último, cuando pensaba que ya no podría esperar ni un segundo más, hubo un golpe en la puerta.
Al abrirla, Carson estaba al otro lado, sonriente.
Chillé y me lancé a sus brazos, besándole una y otra vez.
—¿Habéis llegado a un acuerdo? —pregunté.
—Sí. Te encuentras no ante un miembro, sino ante el jefe de la unidad contra el tráfico sexual de Las
Vegas. La primera que se crea.
Cogí una bocanada de aire con los ojos llenos de lágrimas. Le había contado a Larry la historia
sobre cómo habíamos conseguido la cinta y, aunque no le había dicho que conocía los nombres de los
hombres que trabajaban con Josh, él no me preguntó. Un par de días después, se acercó para preguntarme
si podía ponerlos en contacto, porque cierta gente de su confianza quería hablar con ellos.
Resultó que el departamento de policía no tenía presupuesto para crear una unidad, pero estaba muy
interesado en apoyar a una que se hiciera cargo de su propia formación y tuviera presupuesto privado.
Aunque querían hacer más contra el tráfico de personas, tenían las manos atadas. Por ello, Carson y sus
compañeros contaban ahora con el apoyo de la policía, sin tener que trabajar bajo las estrictas directrices
de la ley. Esta última parte no la habían puesto sobre el tapete todavía, aunque se sobreentendía.
Carson y los chicos seguirían centrándose en el rescate de las víctimas, que continuarían alojándose
en la planta cuarenta y cinco del Trilogy mientras organizaban el traslado. Sin embargo, podrían
concentrar más energía y esfuerzo en seguir el rastro de los traficantes y entregarlos a la policía, que no
haría preguntas. Seguía siendo un trabajo peligroso, pero estaba más tranquila al saber que operaban de
forma legítima. Aunque estaban sometidos a muchos riesgos, una pena en prisión no era uno de ellos.
El tráfico de personas en Las Vegas ya era inferior a causa de su unidad. Había corrido la voz de que
no era el mejor lugar para hacer negocios con la venta de seres humanos. Pero, por desgracia, no se
detendría nunca por completo. Era una triste realidad que, cuando había dinero por medio, siempre había
alguien capaz de vender su alma al diablo.
Sin embargo, mi corazón pertenecía a uno de los chicos buenos. Y el suyo me pertenecía a mí.
El caso también había supuesto un impulso para mí. Me habían encargado el procesamiento de
Bakos, mi primer asunto relacionado con un asesinato, o al menos el primero que sí llegaría ante el
jurado. Una vez que los cargos por tráfico de seres humanos salieron a la luz, el caso se convirtió en un
foco de atención, tanto local como nacionalmente. No era que me gustara estar involucrada en algo tan
mediático, pero me alegraba de que el tráfico de personas estuviera siendo objeto de discusión. Era
necesario conocer la realidad para ayudar a la causa.
Alex había decidido aceptar el puesto en San Francisco. Nos habíamos sentado a hablar y me había
asegurado que no era solo por nuestra ruptura, y que le parecía lo mejor. Le deseé que fuera feliz. Era un
buen hombre, pero no era mi hombre.
Respiré hondo y terminé de maquillarme y peinarme. Cuando estaba poniéndome la pulsera, oí que
llamaban a la puerta.
La abrí y allí estaba él, en toda su gloria masculina. Ladeé la cabeza y me apoyé contra la puerta
abierta. Suspiré de forma apreciativa ante su aspecto: pantalones de pinzas grises, zapatos de vestir
negros y una camisa azul.
—Estás preciosa, Botón de oro —dijo con una sonrisa.
—Gracias, agente Stinger —respondí curvando los labios.
Me guiñó un ojo mientras le abría más la puerta para que pasara.
Cuando la cerré, me tomó en sus brazos y me besó mientras yo enredaba los dedos en su pelo. Se lo
estaba dejando largo, un corte parecido al que llevaba cuando lo conocí. Sentí la sedosa textura en mis
dedos y pensé en la primera vez que me besó en aquel ascensor, hacía ya mucho tiempo.
Cuando interrumpí el beso, contemplé aquellos ojos color avellana, pensando en lo que era entonces
y en qué se había convertido ahora. Una feroz oleada de orgullo inundó mi corazón.
—¿Qué pasa? —me preguntó estudiando mi expresión.
—Tú —dije en tono serio—. Estás impresionante. Pero, por muy guapo que seas, por dentro eres
todavía mejor. El mundo es un lugar mejor gracias a que tú estás en él, Carson Stinger —susurré.
Me miró con los ojos brillantes.
—Te amo, Grace Hamilton.
—Yo también te amo —repuse sonriente.
—¿Preparada para celebrarlo? —preguntó con una mueca.
Cogí el bolso del mueble de la entrada.
—Sí.
Veinte minutos después, entrábamos en el bar del Bellagio, donde había dejado plantado a Carson
Stinger, actor heterosexual, hacía tantos años.
Josh estaba ocupado ligando con un par de rubias sentadas en la barra, y Leland y Dylan
conversaban en una mesa.
Cuando Carson se dirigió hacia allí, los otros hombres nos vieron y sonrieron, indicándonos que nos
sentáramos con ellos.
—¡Hola, fiscal! —me saludó Dylan.
Llegó la primera ronda de bebidas y Leland levantó su copa mirando al resto.
—Por Ara —brindó—. Siempre.
—Por Ara —respondieron. Y todos chocamos nuestras bebidas en memoria de la niña cuya muerte
había inspirado a un grupo de hombres buenos a llegar a unos extremos radicales para salvar a otras
como ella. Era su legado, su último regalo al mundo. Y eso significaba que no había muerto en vano.
Esa noche nos reímos, hablamos y celebramos todo lo que habían logrado, lo que habían superado y
lo que intentarían reivindicar siempre.
Mientras Dylan estaba contando una historia, llamé la atención de Carson y sonreí. Cuando él me
devolvió el gesto con una mirada cálida y feliz, recordé la conversación que habíamos mantenido en ese
mismo bar, cuando había salido de allí pensando que lo odiaba. Miré a ese mismo hombre, que ahora
tenía frente a mí, sabiendo que no quería volver a vivir sin él.
«La vida es salvaje», pensé para mis adentros.


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Mensaje por Florpincha el Sáb Ago 03, 2019 6:03 pm

Carson

Colgué el teléfono y permanecí detrás de mi escritorio pensando en la conversación que acababa de
mantener. Había hablado con el jefe de policía de Houston. Quería organizar una unidad similar a la
nuestra en su ciudad, pues allí el tráfico de seres humanos era un delito en crecimiento, y no tenían
recursos suficientes para hacerle frente.
Tendría que hablar con Leland, pero pensaba que era una buena oportunidad para conseguir algo
allí. Quizá no solo en Houston, sino también en otras ciudades. Él tenía un montón de contactos que
contaban con medios suficientes para financiar una operación como la nuestra.
Leland pasaría el día fuera, así que encendí mi ordenador para escribirle un correo que vería al día
siguiente por la mañana, describiendo lo que pensaba sobre la propuesta y asegurándome de escribirlo
todo mientras lo tenía fresco en la mente.
Veinte minutos más tarde, sonó un golpe en la puerta.
—Adelante —invité a pasar.
Grace asomó la cabeza y no pude contener una sonrisa.
—Hola, nena. Qué sorpresa más agradable.
—Te he traído el almuerzo. —Me mostró un par de bolsas de comida para llevar—. Perritos
calientes.
Nos reímos.
—Dios, qué apetecible. ¿Cómo sabías que tenía ganas de perritos calientes? —pregunté en broma
mientras ella dejaba las bolsas en el suelo y rodeaba el escritorio para sentarse en mi regazo.
—Ah, es que lo sé todo sobre ti, Carson Stinger —aseguró ella con los ojos brillantes.
—Eso crees, ¿verdad? —pregunté, besándola en el cuello.
Soltó una risita mientras me hacía cosquillas en la oreja con la lengua.
—Mmm…, mmm… —respondió—. Pero… —hizo una pausa— tú no lo sabes todo de mí.
Me aparté arqueando una ceja.
—¿Lo dices en serio? —pregunté.
Asintió moviendo la cabeza.
—Sí. Tengo un secreto.
—¿Un secreto? Ah, bueno, ¿quieres que nos lo juguemos a «Un tanto por un secreto»?
Sonrió de medio lado.
—De acuerdo.
Se inclinó hacia delante y sacó los bolígrafos del portalápices para ponerlo en el borde. Luego
metió la mano en el bolso, que había dejado junto a las bolsas con la comida, y buscó una moneda de diez
centavos.
La levantó y me la puso en la mano.
—La última vez que marqué un tanto y me contaste tus secretos, toda mi vida cambió.
Me miró a la cara muy seria, pero luego sonrió y señaló el bote con la cabeza.
Arqueé una ceja. ¿Qué era lo que pretendía ella exactamente? Sin embargo, apunté y lancé la
moneda. Entró limpiamente en el portalápices. Sí, todavía tenía el toque. Sonreí.
—Suéltalo, Botón de oro —le dije.
Asintió mientras se humedecía los labios, de nuevo muy seria.
—Bien, has encestado; era de suponer que tus muchachitos tuvieran la misma puntería —soltó por lo
bajo sin dejar de mirarme a los ojos.
—¿Mis muchachitos? —pregunté, confundido. Ella no apartó la vista.
De pronto, lo entendí todo y me quedé paralizado.
—¿Estás embarazada? —solté abruptamente.
Asintió sin dejar de mirarme con cautela.
—¿Estás embarazada? —repetí, asimilando la información—. ¿Vamos a tener un bebé?
—Sí.
No pude reprimir la sonrisa que se extendió por mi cara. Me miró parpadeando.
—¿Te alegras? —susurró.
—Sí, Botón de oro —aseguré—. Soy feliz. Muy feliz.
Soltó una risita, pero me pareció que estaba mezclada con un sollozo ahogado.
—¿Creías que no me gustaría la noticia? —pregunté.
Ella movió la cabeza.
—Pensaba que sí, pero no estaba segura… Es muy pronto. Sé que tienes mucho que hacer y todavía
estamos…
—Grace —la interrumpí, mirándola a los ojos—. Me hace feliz —repetí al tiempo que me inclinaba
para que viera en mi cara que era verdad.
Cuando movió la cabeza, asintiendo, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
—Grace, casémonos. Cásate hoy conmigo. Vamos a una de esas capillas del Strip. Prácticamente
estamos viviendo juntos. Vamos a hacerlo oficial.
Se rio entre lágrimas.
—No quiero que nos casemos porque estoy embarazada —alegó.
Fruncí el ceño.
—¿Crees que me casaría contigo solo porque estés…? Grace, llevo cinco años esperando para
casarme contigo. Quizá no lo supiera, pero es así.
Su risa acabó convirtiéndose en una sonrisa.
—Vale —respondió después de tenerme en vilo un rato—, me casaré contigo. Pero no será en una
capilla del Strip. Quiero que nos acompañen nuestros amigos y familia.
—Está bien. —Sonreí—. Lo que tú quieras, Botón de oro —acepté, estrechándola contra mi cuerpo.
Después de un minuto, me aparté de ella con el ceño fruncido. Se me acababa de ocurrir algo
estremecedor.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Le puse la mano en la barriga.
—Tiene que ser un niño. No sé si estoy preparado para tener una niña.
Esbozó una tierna sonrisa, entendiendo mis razones.
—Si no recuerdo mal las clases de biología, es el hombre quien da el sexo del bebé.
Suspiré.
—Vale, entonces está controlado —aseguré. Me incliné hacia su vientre—. Hola, Junior.
Ella sonrió y me besó. Por segunda vez, un secreto suyo me había cambiado la vida


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Lectura Julio 2019 - Stinger - Mia Sheridan - Página 6 Empty Re: Lectura Julio 2019 - Stinger - Mia Sheridan

Mensaje por Florpincha el Sáb Ago 03, 2019 6:04 pm

Epilogo
Grace

Un año después...


—Es el árbol de Navidad más triste que he visto en mi vida —murmuró Audrey, ladeando la cabeza para
mirarlo desde otro punto de vista.
Me reí mientras me detenía detrás de ella para admirar el árbol. Estaba inclinado y medio desnudo,
envuelto en las largas guirnaldas de luces para exteriores, en medio de la cabaña.
—Me encanta —suspiré—. De todas formas, es una tradición para nosotros. La primera que
tuvimos. No te metas con él. —Estaría más bonito después, cuando hubiéramos colgado los adornos de
Andrew.
Audrey siguió mirando el abeto con expresión de desaprobación. Le di una palmada en broma en el
culo.
Ella soltó un grito antes de escaparse de mí, riéndose.
—Vale, vale… Ya aprenderé a quererlo también —replicó mirando el árbol de medio lado.
Sonreí al tiempo que negaba con la cabeza. Cuando me dirigía hacia la cocina, donde estaba a cargo
de la preparación del pavo de Nochebuena que había en el horno, la puerta se abrió de golpe y las voces
de los hombres inundaron la cabaña.
—Ya estamos de vuelta, señoras —gritó Josh—. ¿Quién está desnudo en el jacuzzi?
Me reí al ver que Audrey ponía los ojos en blanco. Noté que miraba más allá de Josh, clavando la
vista en Dylan. Él la vio y se quedó inmóvil un segundo antes de ajustarse las gafas. Tendría que indagar
sobre todo eso más tarde. Me había dado cuenta de que esos dos habían intercambiado muchas miraditas
calientes durante la semana.
Como Carson me había prometido un año antes, nos habíamos desplazado de nuevo a Snowbird a
pasar la Navidad. Solo que, en esta ocasión, nuestra familia y nuestros amigos estaban con nosotros, y en
vez de preocupaciones, teníamos mucho que celebrar.
Por desgracia, había una persona que no había podido unirse a nosotros: Abby. Pero tenía una buena
disculpa; estaba embarazada de ocho meses y no podía subirse a un avión. Kyle, su primer hijo, y el bebé
solo se llevarían trece meses de diferencia. Como había dicho la propia Abby, eso era lo que ocurría al
tomar tres margaritas cuando te dan vía libre después del parto. Y servía de advertencia para los demás,
aunque tanto Brian como ella estaban encantados.
Habíamos alquilado una cabaña enorme con diez dormitorios y llevábamos toda la semana
esquiando, haciendo snowboard y jugando en la nieve. Yo, concretamente, solo había hecho lo último.
Mis músculos todavía recordaban la paliza del año pasado y no estaban interesados en volver a sufrir
algo parecido. Todos teníamos un don; estaba claro que hacer snowboard no era el mío.
—Carson se ha perdido una tarde increíble en las pistas —anunció Leland, colgando su cazadora.
—Estaba ocupado haciendo algo mucho mejor —replicó Carson, que salía de la habitación con
nuestra hija acurrucada contra su pecho—. He estado abrazando a mis chicas frente al fuego —sonrió—,
y hemos decorado el árbol. —Todos los hombres se volvieron hacia el pobre abeto al que Carson se
refería y ladearon la cabeza al unísono. Resoplé, haciendo que Carson se acercara a mí y me pusiera un
brazo sobre los hombros, besándome en la sien.
—¡Oh, Dios! Prefiere hacer manitas y decorar un arbolito que hacer deporte —murmuró Josh—.
Carson, tío, estás convirtiéndote en una nenaza. —Josh sacudió la cabeza con una expresión de fingida
tristeza.
Carson arqueó las cejas.
—Sí, ya, ya te llegará tu hora, colega. Recuerda mis palabras. Y cuando así sea, te voy a putear de
tal manera que…
—Oye, cuidadito con esa boca, que todas mis chicas están en la sala —intervino mi padre, que salía
en ese momento de su habitación, donde había estado echando una siesta.
—Lo siento, señor —repuso Carson, que parecía apropiadamente arrepentido. Pero curvó los labios
cuando mi padre se acercó y le apretó el hombro.
Lo cierto era que mi padre y Carson no podrían llevarse mejor. Papá apreciaba a sus yernos, pero
Carson y él habían desarrollado un vínculo especial. Quizá fuera porque Carson no había conocido al
suyo, y mi padre tenía con él la relación «de hombres» que siempre había querido tener con un hijo.
Fuera lo que fuera, lo cierto era que se apreciaban y respetaban mutuamente. Eso me calentaba el corazón
de una forma que me hacía contener las lágrimas cada vez que los veía juntos.
También habíamos invitado a mi madre para que viniera el fin de semana, pero había rechazado la
oferta a pesar de que mis hermanas y yo le habíamos sugerido alquilar dos cabañas. Me hubiera gustado
que nos lleváramos mejor, sobre todo ahora que tenía una hija, pero no podía hacer más de lo que hacía.
Quizá alguna vez se daría cuenta de que había reaccionado ante una pérdida renunciando a todo lo demás,
y trataría de solucionarlo. Tenía la esperanza de que así fuera, pero me daba la impresión de que cuanto
más tiempo pasaba, menos probable era. De hecho, era una de mis preocupaciones. Sin embargo, me
prometía todos los días que eso me serviría para que cuidara más a los que tenía a mi alrededor, para que
no los rechazara.
Carson también le había escrito una carta a su madre con una foto de nuestra hija, Ella, cuando
nació. Una rama de olivo tendida a la mujer que le había dado la vida, pero que no había sido capaz de
darle nada más cuando era un niño.
Ella le respondió, agradeciéndole las letras y la fotografía. Todavía faltaba mucho camino por
recorrer, pero era un comienzo.
Sonreí a mi marido antes de mirar a nuestra hija y besar su rubia cabecita.
—Hola, señorita —dije—. ¿Cómo es que no estás durmiendo?
—Estamos en ello —respondió Carson. Se inclinó hacia mí bajando la voz—. Le estaba contando
esa historia tan buena sobre una chica de la que me enamoré en un ascensor, entre la planta veintiuno y la
veintidós.
—Ah… —Seguí mirando a nuestra hija—. No es de extrañar que quisiera escuchar el final. Es una
historia fantástica. —Le toqué la nariz suavemente con el dedo índice, arrancándole una sonrisa
desdentada. Sus ojos avellana brillaban de atención y el hoyuelo que tanto me gustaba ver apareció en la
comisura izquierda de sus labios.
—Sí —convino Carson con ternura—, lo es.
—Espero que le hayas contado la versión para todos los públicos —añadí al tiempo que le guiñaba
un ojo.
Se rio por lo bajo, mirándome con calidez.
—Eh, hermanita, ¿vienes a ayudarme o qué? —gritó Julia desde la cocina. Evan y ella estaban
ocupándose del puré de patatas, pero los golpes y las palabras procedentes de la cocina me hicieron
arquear una ceja—. Parece como si me necesitaran de verdad. Mejor voy para allí. Duerme bien, nenita
—deseé, besándola una vez más antes de sonreír a Carson cuando se dio la vuelta para regresar a la
habitación donde habíamos instalado la cuna.
Cuando ya me dirigía hacia la cocina, volví la cabeza para mirarlos. Mi marido y nuestra hija. Había
algunas cosas que me conmovían en el mundo, pero pocas lo hacían con tanta intensidad como ver al
hombre que amaba sosteniendo en sus brazos al bebé que habíamos creado juntos. No, no había muchas
sensaciones como esa.


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Mensaje por Florpincha el Sáb Ago 03, 2019 6:05 pm

Carson

Sostuve a mi hija entre mis brazos mientras me balanceaba en la enorme mecedora que había en la
habitación. La amaba con tanta intensidad que casi era algo tangible. Acerqué la nariz a su cabeza y
aspiré su dulce olor. Haría cualquier cosa para protegerla, para mantenerla a salvo, para asegurarme de
que siempre se sentiría amada.
Rescatar a las mujeres del sufrimiento se había convertido en el trabajo de mi vida y, la mayor parte
del tiempo, me sentía cómodo y competente al realizar la tarea. Pero cuando pensaba que debía proteger
a la pequeña que tenía entre mis brazos durante toda mi vida, el corazón se me encogía de miedo. Supuse
que era normal sentirse así.
Cuando mi hija se acurrucó contra mí, comenzando a cerrar los ojos, dejé que mi mente empezara a
vagar…
Una vez, alguien había sostenido a Ara entre sus brazos de esta manera. Una vez, alguien había
amado a una niña igual que esa. Y si no la habían querido, deberían haberlo hecho. Cerré los ojos,
meciéndome una y otra vez… Mi hija emitía sus tiernos suspiros de bebé mientras me apretaba la
camiseta con su mano regordeta.
Quería que se sintiera orgullosa de mí. Quería que viera que amaba y adoraba a su madre, y
anhelaba que encontrara la misma clase de amor algún día. Que fuera amada por completo, en cuerpo,
corazón y alma.
Algún día tendría una difícil conversación con ella sobre el camino que había seguido antes de
darme cuenta de qué era lo mejor. Me entristecí ante el pensamiento, pero la cuestión era que en Internet
nada desaparecía y que sería mejor que se enterara por mí.
Pensé en lo que era cuando conocí a Grace, en todo lo que había conseguido desde entonces. A
veces, ni siquiera te das cuenta de que algo no te conviene hasta que llega alguien y te cambia, te hace
querer ser más. En mi caso, fue una hermosa muchacha con un rígido plan la que hizo añicos el mundo
que creía conocer. Y cuando junté de nuevo las piezas, el resultado había sido algo diferente. Así era…
Hasta que la conocí, nunca había considerado otras posibilidades.
En la vida existen personas que nos hacen sentir libres de muchas maneras, a veces insignificantes.
A veces eso significa que te liberan de una habitación oscura y sin ventanas, o que te sacan de una casa en
llamas. Pero lo más frecuente es que signifique que te salvan de ti mismo, y que puedes creer, finalmente,
que conseguir que alguien te ame no es una gran mentira, sino algo que debes esperar.
Grace me había salvado al escarbar por debajo de mi fachada y, acto seguido, escuchar los secretos
que consideró que me hacían digno de ser amado, aceptado ante sus ojos. El regalo que me dio fue su
resplandor, que brilló para mí con tanta intensidad, que hizo desaparecer mi oscuridad.
Besé de nuevo a nuestra hija, que ahora dormía pacíficamente sobre mi pecho, perdida en su propio
mundo de sueños, a salvo y amada en mis brazos.


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Mensaje por Florpincha el Sáb Ago 03, 2019 6:06 pm

Hemos terminado chicas... espero sus comentarios finales.

Y las chicas, como encarni, que se fueron de vacaciones pueden hacer despues la conclusion, las esperamos.

Ojala las hubiese podido acompañar, tenia ganas de leer el libro pero tuve poco tiempo, asi que espero leer la proxima


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Mensaje por Tibisay Carrasco el Sáb Ago 03, 2019 7:53 pm

Que bien que Carson lograra crear una linda familia y dejar atrás su pasado, teniendo una carrera diferente y ayudando a mujeres que sufrieron del trafico humano.
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Mensaje por AregUM el Dom Ago 04, 2019 3:28 pm

En general estuvo bien el libro, algo surrealista pero bueno como he dicho antes un poco flojo.
Lo importante que los protas tuvieron su final feliz.
Y el labor contra el trata es increible sea en la vida real o literaria, las personas ponen sus vidas en peligro por la lucha contra el tráfico humano, lamentablemente ésto nunca acaba.

Gracias por la lectura.


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Mensaje por Encarni C. el Lun Ago 05, 2019 10:02 am

Terminado!

Se me ha hecho largo, la verdad. La relación de estos dos se ha dilatado en el tiempo y no me ha sabido a verdad. La relación con Axel ha sido una tontuna ahí en medio solo para seguir teniendo cuerda de la que tirar.

Ha terminado bien. Han conseguido resolver el caso y se ha creado una unidad especial para ayudar a las víctimas de la trata de blancas. Otro tema que creía que iba a ser más central y se ha quedado en un lado.

En fin, no me ha llegado. No he conectado con los personajes.

Mi puntuación es de 2/5. No me ha parecido un libro de Mia.





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Mensaje por Jessibel el Mar Ago 06, 2019 8:47 pm

Pues yo estoy al otro extremo. A mi me gustó. Aunque admito que se me hizo larga la historia, no me aburrió. Una de las cosas que me hace tomar en consideración la valoración que le doy a un libro de romance, es si siento la química entre los personajes y aquí ocurrió. Y a veces se me hace difícil llegar a ese punto. Me pareció una lectura muy fluida y ligera. Tal vez Mia podría haber acortado un poco el tiempo de encuentro entre Carson y Grace pero lo vi todo con cierto propósito. Cada quien logró crecer de manera profesional y llevar a cabo sus respectivas metas en ese aspecto, en el tiempo que estuvieron separados. Tal vez lo que sintieron surreal fue la intensidad que denotaban aún con el paso del tiempo, la cual pareció ser la misma que al inicio. Y ahí si que en la vida real no es real, valga la redundancia. Cuando no se cierran ciclos y te quedas con las ganas, quieres continuar lo que dejaste pendiente por vivir y sentir pero no con la misma intensidad del inicio.

Por lo general me gustó mucho. Yo le di 5/5.


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