Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

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Mensaje por Tibisay Carrasco el Vie Ene 10, 2020 10:46 pm

Gracias por los capitulos
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Mensaje por AregUM el Sáb Ene 11, 2020 7:17 am

Menuda lección ha tenido Seth, me dio lastima cuando Brad le metió dentro de la celda ainssss

Gracias Flor por los capítulos!


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Mensaje por Encarni C. el Sáb Ene 11, 2020 12:17 pm

Pobre Seth, se nota que no ha tenido una buena vida y guarda mucha ira dentro, pero también es un niño confuso y perdido. Ains! Veremos cuando vuelva su padre como reacciona.


Guau! Josh ha metido la directa. Nuestro vaquero sabe lo que quiere! Jajaja

Gracias por los capis!


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Mensaje por AregUM el Vie Ene 17, 2020 1:31 am

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Mensaje por Jessibel el Dom Ene 19, 2020 4:28 pm

Hola Chicas! Recién noto que Flor no se ha conectado. Acabo de enviarle un mensaje para saber si está bien. Posiblemente su trabajo y otros asuntos están consumiendo su tiempo. Pero me extraña que pase mucho tiempo sin saber nada de ella. Les dejo saber luego qué ocurre.


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Mensaje por Jessibel el Dom Ene 19, 2020 9:20 pm

4



Cara

¡Me dio un maldito beso!
Y maldita sea si no quiero que lo haga otra vez.
Camino cruzando mi colorido dormitorio, con el teléfono celular firmemente
sujetado en mi mano derecha, esperando ansiosamente por la llamada de Jill. Estoy tan
entusiasmada, aunque emocional por el paseo con Seth y más que un pequeño caliente y
molestoso beso de Josh.
Josh King es tan atractivo y dulce como siempre lo fue, y estoy perdiendo el tenue
control que tuve con mi profesionalismo.
El día de hoy apesto, no hay más que hablar. Odio hacer sentir pequeño a Seth,
pero pienso que nuestra excursión de hoy podría haber hecho el truco en lo que a su
actitud se refiere. El tiempo dirá.
Y Josh había hecho exactamente lo que le pedí. Me dejó llevar las riendas hoy y sé
lo duro que debió haber sido.
Salté pasando la mesa del comedor, en donde mi cena sin comer, se había quedado
durante alrededor de una hora, y ya en la cocina me sirvo una copa de vino. Son las siete
y quince.
Jill se retrasó.
Mientras volteo de regreso a la habitación, con el vino en una mano y el teléfono
en la otra, mi celular suena.
—Te retrasaste. —Entrecierro mis ojos y tomo un sorbo del frío y dulce vino.
—Lo siento. Estuve mostrando una casa y la maldita pareja se mantuvo titubeando
y balbuceando en el baño principal.
Escucho ruidos de la carretera en el fondo.— ¿Estás en el auto?
—Sí, voy de camino a casa, así que estás en altavoz. ¿Puedes escucharme?
—Te escucho. —Me dejo caer en una mullida silla roja e inclino mi cabeza hacia
atrás con un suspiro.
—Así que, ¿cómo ha estado tu día, querida? —pregunta Jill felizmente.
—He tenido el peor día de mi vida.
—¿Peor que esa vez durante el primer año cuando estuvimos diseccionando ranas
y vomitaste? —Jill ríe, trayendo una sonrisa a mi rostro.
—Peor —confirmo.
—¿Peor que cuando decidiste cortar tu flequillo y lucías como si alguien hubiera
tratado de asesinarte con unas tijeras mientras dormías?
Sonrío y tomo un sorbo de vino. —Sí, un poco peor.
—Definitivamente no puede ser peor que la fiesta de graduación. —Su voz suena
incrédula y no puedo evitar reír mientras recuerdo nuestra noche de graduación y a mi
cita derramando cerveza por todo mi hermoso y perfecto vestido en la pre-fiesta.
—Está bien, es un cercano segundo día —concedo.
—¿Qué sucede? —pregunta, a la manera despreocupada de Jillian.
La extraño.
—Estoy trabajando para Josh King. —Tomo un sorbo de vino y luego dejo la copa
al final de la mesa, para poder frotar mis ojos.
—¿Josh necesita un tutor? —pregunta Jill secamente.— La última vez que verifiqué
se había graduado dos años por delante de nosotras.
—No, sabelotodo, Josh no necesita un tutor. Kensie dejó inesperadamente al niño
de Zack y huyó con algún chico.
—Maldición, me he perdido todas las cosas buenas. —Escucho que apaga el motor
de su auto—. Estoy en casa.
—Bien, sírvete una copa de vino y úneteme.
—Suena perfecto. ¿Qué estabas diciendo?
—Así que, Seth está suspendido de la escuela y tiene un mal momento, y Josh me
contrató para ser su tutora durante el verano. —Tomo otro sorbo y comienzo a sentir un
cosquilleo en mis labios. No había comido nada desde el desayuno, por no mencionar
que siempre he sido un poco liviana.
Mejor iré despacio.
—Está bien entonces, ¿por qué tu día apesta? —Escucho el descorche de la botella
y el sonido del vino mientras Jill se sirve—. Josh es un buen chico.
—Él es genial. He tenido que hacer la cosa del amor duro con Seth hoy. —Suelto
mi copa de vino y trazo la costura del brazo de la silla con la punta de mis dedos.
—¿ Amor duro? —Jill se ríe a carcajadas—. ¿Qué significa eso?
—Lo llevé al Tío Ed para que pudiera lavar los platos, luego a la cárcel. Todas las
cosas divertidas. —Trago otro sorbo de vino e inclino mi cabeza hacia atrás—. Estoy
agradecida de no tenerlo que hacerlo seguido. Lo odio.
—Claro. Justo como yo odio cuando la gente ríe y titubea en los baños
principales. ¡Jesús, es sólo un baño!
Sonrío y asiento. —Exactamente. Sabes, obligué a Ty a ayudarme hoy. No me
gustaría ir contra tu hermano en una sala del tribunal. Su rostro serio es un poco
escalofriante.
—No dejes que te engañe, no es así de espantoso. ¿Así que, Seth va contigo todos
los días o vas al rancho?
—Voy al rancho.
—¿Cómo está Josh? —suspira Jill. La imagino sentada en su habitación, sin sus
zapatos, aún en su poderoso traje.
—Es bueno. —Trato de hacer mi voz ligera mientras pienso que estoy hablando
con cualquiera en el pueblo.
Jillian no es estúpida. —Bueno, ¿eh? Lo vi cuando estuve en casa por Navidad.
Esos chicos King son tan atractivos como siempre. No podría patear a Josh fuera de la
cama por comer galletitas, a menos que quiera hacerlo en el suelo. —Ríe histéricamente,
tan entretenida con ella misma y en vez de reír como normalmente hago, muerdo mi labio
inferior y continúo trazando los patrones en la silla.
—¿Cara?
—Estoy aquí.
—Escúpelo.
—Me besó.
—En seeeerio. ¿Y?
—¿Y qué?
—No seas perra, sabes que necesito detalles.
—Fue agradable.
—Bueno, si sólo fue agradable, ¿cuál es el problema? Sigue adelante. No hay nadie
que tenga tiempo para conformarse con un agradable.
—Fue...—De repente el timbre de la puerta suena—. Espera, hay alguien en la
puerta.
Camino hacia la puerta, con el teléfono presionando mi hombro y la abro para encontrar a Josh parado allí, su cara con una expresión dura y seria, sus manos apoyadas
en sus caderas. Sus ojos buscan mi rostro y de repente entra, agarra el teléfono de mi
mano, presiona el botón de finalizar y lo lanza a la mesa de las llaves a lado de la puerta.
—¿Qué estás...?
Antes de que pueda completar la pregunta, toma mi cara entre sus manos y baja
sus labios a los míos. Este no es un beso suave como el de esta tarde. Este es un beso duro,
profundo, poderoso que estremece el suelo que pisan mis tacones. Aprieto su antebrazo
y me aferro mientras la lujuria se instala en mi vientre.
Me empuja contra la pared y me sujeta con sus caderas mientras entierra una mano
en mi cabello, sujetando mi cabeza todavía con sus labios. Su otra mano atrapa mi cintura.
Querido Dios, sólo quiero treparlo.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y le devuelvo el beso, tan firme y
apasionadamente como él. Un gruñido baja por su garganta y moldea mi redondo trasero
con sus manos, impulsándome hacia arriba contra la pared, mis piernas se cierran
alrededor de sus caderas y estoy a su altura.
Sus ojos color chocolate miran fijamente los míos y vuelve a sujetarme, su pelvis
acunada contra la mía. Levanta una mano para apartar el cabello de mi rostro.
—¿Qué estás haciendo aquí? —susurro, conteniendo mi aliento. No sé si estoy
mareada por el vino o por los besos de Josh.
Sacude su cabeza, frotando mi nariz y puedo sentir su erección presionando mi
centro.
Sujeto su rostro entre mis manos y lo miro fijamente a los ojos. —¿Qué haces aquí?
—No lo sé. —Cierra sus ojos y suspira, inclinando su frente contra la mía—. Una
probada tuya no fue suficiente. No puedo sacarte de mi mente.
Baja sus labios a los míos otra vez, esta vez suavemente y lentamente los frota hacia
atrás y adelante, mordiendo los lados de mi boca, lamiendo mi labio inferior con la punta
de su lengua. Escucho vagamente mi celular sonar pero no me importa.
Muevo mis caderas, sólo un poquito y sonrío cuando él gime contra mis labios.
Empuja su cuerpo contra el mío, con más firmeza, disparando chispas a través de mi
clítoris y subiendo por mi columna.
Lo quiero. Ahora.
Sus manos se deslizan por mis caderas, mis costados y moldea mis senos
completamente. Roza mis pezones con sus pulgares mientras me recorre con sus
maravilloso labios, bajando por mi barbilla hasta mi cuello.
—Eres tan dulce —susurra—. Has estado bebiendo vino.
Sonrío y asiento. Se ríe suavemente contra mi piel, haciendo que me estremezca
aún más.
—¿Puedo servirte una copa? —pregunto con voz temblorosa.
—No, estoy lo suficientemente ebrio de ti, cariño. —Posa sus labios sobre los míos
otra vez y me levanta aún más contra la pared, más apretada contra él.
Sumerjo mis manos en su espeso cabello castaño oscuro, como si mi vida
dependiera de ello, mientras su boca saquea la mía, con su lengua danzando y frotándose
contra mí. Finalmente se tira hacia atrás, jadeando ásperamente. Besa mi mejilla
suavemente y frota su pulgar por mi labio inferior.
—Es mejor que me vaya antes de que arranque la ropa de tu pequeño y exquisito
cuerpo y te tome contra la pared.
—Adelante. —Disfruto la manera en que sus ojos se estrechan mientras traga de
golpe. Mierda, ¿realmente dije eso?
—Todavía no. —Sacude su cabeza y me baja suavemente al suelo—. Es demasiado
pronto y por más que te desee en estos momentos, no quiero apresurar esto.
—¿Por qué no? —suspiro, sus palabras son un consuelo para mi ego. Lo quiero.
No debería y esto es loco, pero lo quiero tanto.
—Porque esto no es cosa de una sola noche para mí, Cara. No sé a dónde irá esto
pero no es una cogida rápida contra la pared, en frente a tu puerta.
—Tengo una habitación —le propongo con una sonrisa.
Él sonríe mirándome desde arriba, con sus ojos alegres y cálidos. —Pronto
—promete y traza mi mejilla con su mano una vez más, me besa suavemente y luego
suspira—. Te veré en la mañana.
Abre la puerta delantera y mira hacia atrás, casi dudando, como si quisiera decir
algo más, pero se vuelve y cierra la puerta tras él, y me quedo inclinada contra mi pared,
con mis bragas mojadas, abriendo mi boca para respirar.
Es demasiado para mantener mi profesionalismo.
Tomando una bocanada de aire, alcanzo mi teléfono y llamo de vuelta a Jillian para
asegurarle que no fui atacada por un asesino en serie.
Soy una completa cobarde.

Me reporté enferma esta mañana por primera vez en cuatro años.
Sacudo mi cabeza con disgusto y pongo más pintura beige en la charola, tomo mi
rodillo, y lo aplico en la pared. No podía enfrentar a Josh hoy. Necesito manejar mis
emociones, y no puedo hacer eso cuando estoy a su alrededor.
Él es tan… Josh.
¿Cómo pudo simplemente entrar en mi casa, besarme, y luego irse como si nada
hubiera pasado? De acuerdo, no se fue como si nada hubiera pasado, pero aun así. ¿Quién
demonios hace eso?
Y ¿por qué quiero tan desesperadamente que lo haga de nuevo?
Porque es más caliente que el pecado y quieres meterte en sus pantalones.
—¿Cara?
Frunzo en ceño al sonido de la voz de Seth viniendo de mi puerta principal.
—¡Seth, se supone que tienes que tocar, por el amor de Dios!
Y ahí está Josh justo detrás de él.
—¡Estoy aquí atrás! —grito con un suspiro resignado, coloco el rodillo en la charola
y limpio mis manos con el trapo en mi hombro.
Volteo para encontrar a Seth y Josh mirándome desde la puerta. Seth arruga su
nariz y suspira. —No quiero pintar. Dime que no me vas a hacer pintar.
Josh se recuesta casualmente en el marco de la puerta y me sonríe. —Enferma ¿eh?
Me encojo de hombros y giro, limpiando mi desastre.
—¿Te sientes mejor? —pregunta Seth.
—Estoy bien —murmuro.
—Seth, por que no vas a esperar a Cara en la mesa de la cocina. —Josh no ha
quitado sus ojos de mí, y me retuerzo mientras Seth deja la habitación—. ¿Qué está mal?
—Estoy bien —repito mientras tapo la lata de pintura.
—Llamaste diciendo que estabas enferma esta mañana.
Me encojo de hombros de nuevo, no queriendo admitir que él es la razón por la
que no fui al trabajo, y molesta porque mi lujuria está interfiriendo con mi empleo.
—Mírame. —Su voz es firme. Cierro mis ojos y cruzo mis brazos sobre mi pecho.
—Tal vez deberías encontrarle a Seth un nuevo tutor. Puedo hacer algunas
llamadas.
Josh se mueve en la habitación, agarra mi barbilla entre su pulgar y su índice, y
jala mi cabeza hacia atrás para que vea su cara. —No.
—Josh…
—No. —Sacude la cabeza—. Seth realmente me sonrió esta mañana, Cara. Fue
respetuoso con mis padres cuando le pidieron alimentar a los perros y recolectar los
huevos esta mañana. Eso es por ti. No voy a contratar a nadie más.
—Estoy muy agradecida, pero creo…
—Deja de pensar tanto. —Me ofrece una media sonrisa, ese sexy hoyuelo
guiñándome, y siento que me ablando—. No voy a arrasar tu cuerpo delante de él. Puedo
controlarme. —Josh frunce el ceño y entrecierra los ojos—. Pero cuando no esté alrededor,
planeo tocarte tanto como sea posible.
No puedo detener mi jadeo o la forma en que mis ojos se vuelven redondos de la
sorpresa. —Esto es una locura, —susurro.
—Llamas diciendo que estás enferma de nuevo y vendré a buscarte, al menos para
asegurarme de que estés bien. —Sonríe arrogante y retrocede. Inmediatamente extraño
el calor de su cuerpo cerca del mío.
—No estoy indefensa.
—Si no quieres que te persiga, di la palabra y pararé. No tengo el hábito de acosar a las mujeres. —Cruza sus brazos sobre su pecho, sus bíceps se flexionan debajo de su
playera blanca, y soy de nuevo un desastre tembloroso y mojado.
Debería decirle que no estoy interesada. Pero no puedo formar las malditas
palabras.
—De acuerdo. —Asiente y sonríe—. Recogeré a Seth a las dos.
—No tenías que traerlo aquí —mascullo.
—Sí, tenía que hacerlo. Te veré más tarde, cariño.
Sigo a Josh fuera de la habitación y dentro de la sala. Se va sin otra palabra.
Seth me mira como si fuera a morir por la plaga en cualquier momento. —¿Estás
realmente enferma?
—Me siento mejor. —Me encojo de hombros y le ofrezco una pequeña sonrisa, y
me la devuelve, una sonrisa brillante y dulce de un joven chico—. Empecemos con las
fracciones.
—Odio las fracciones.
—Estoy contigo niño.





—Así que, ¿no te llamó en todo el fin de semana? —pregunta Jill en el teléfono. Lo
presiono entre mi oreja y mi hombro mientras abro la bolsa de palomitas de maíz para
vaciarla en un tazón. La reja de mi puerta trasera es estrellada de repente, duramente, y
me apresuro a asegurarla.
—Una tormenta está viniendo. —Amo las tormentas de invierno. Llegan rápido y
duro, soplando viento y escupiendo lluvia, y luego se van igual de rápido—. El viento
está loco ahora mismo. —Miro el árbol en el jardín trasero y me recuerdo por centésima
vez llamar al Sr. Eckles para que venga a tirarlo.
—¿Hay truenos? —pregunta Jill, haciéndome reír. Es tan ruda la mayoría del
tiempo, pero una completa cobarde cuando se trata de tormentas.
—Sí, y rayos.
—Uf, estoy feliz de no estar ahí. Ahora, concéntrate. ¿No oíste de Josh en todo el
fin de semana?
—Nop. Ha pasado una semana desde que apareció el día que llamé estando
enferma. No mintió después. No me ha tocado en frente de Seth, pero cuando Seth no
está alrededor, definitivamente lo hace.
—¿Tocarte cómo? —Está masticando algo crujiente.
—Ya sabes, frotarse contra mí cuando pasa a un lado, meter mi cabello detrás de
mi oreja, ese tipo de cosas. Como ayer… —Me detuve.
—Si paras ahora te juro por Dios, te dispararé la próxima vez que te vea.
—No sabes disparar un arma.
—Aprenderé. Sigue hablando.
—Bueno, ayer, me estaba inclinando sobre el hombro de Seth para leer el borrador
en el que estaba trabajando, y Josh se movió detrás de mí y frotó su mano de arriba a
abajo por mi espalda, y cuando lo miré, me guiñó un ojo.
—¿Pero no más besos?
—No.
—Aburrido —suspira Jill.
Me río. —Lamento no ser más entretenida.
—Oye, estás teniendo más acción que yo estos días. —Toma otra mordida de la cosa crujiente—. Entonces tal vez tú deberías besarlo a él.
—Tal vez entró en razón y se dio cuenta de que una relación sexual es una mala
idea.
—Tal vez los cerdos van a volar fuera de mi culo. —Puedo prácticamente oírla
rodar los ojos.
—Siempre he odiado esa expresión. —Frunzo el ceño y meto un puño de palomitas
en mi boca.
—Creo que está siendo un chico bueno. Llegando a conocerte. Dejándote
acostumbrarte a él, y toda esa mierda aburrida.
—Probablemente. ¿Viste Bailando con las Estrellas anoche? —pregunto, cambiando
el tema.
—Por supuesto. Estoy tan feliz de que hayan traído a Max de vuelta esta
temporada. El hombre derrite mis bragas.
De repente una llamada en espera suena en mi oído. Cuando alejo el teléfono, es
el nombre de Josh el que está en la pantalla.
—Jill, te llamo más tarde. Josh está en la otra línea.
—¡Quiero todos los detalles!
—Adiós, Jilly. —Me río mientras cambio de línea—. ¿Hola?
—Oye. —Su voz grave manda temblores a través de mí e inmediatamente dejo mis
palomitas de maíz a un lado mientras limpio mis manos en mis vaqueros.
—Oye, ¿qué sucede? —Mi voz se oye un poco demasiado alta incluso para mis
oídos y hago una mueca de dolor.
—¿Qué haces?
—Estaba hablando con Jill.
—¿Quieres que te cuelgue? —Lo oigo moverse en el fondo y me pregunto si está
acostado.
—No, ya colgué. ¿Estás bien?
—Estoy bien, sólo estaba pensando en ti. —Alejo el teléfono de mi oreja y le frunzo
el ceño. Esta es la primera vez que me ha llamado solo para hablar.
—¿Qué es lo que estabas pensando? —pregunto, genuinamente curiosa.
—Que desearía que estuvieras aquí. ¿Es raro que te extrañe si te vi tan sólo hace
cuatro horas?


¡No, no es raro porque me siento exactamente de la misma manera!
—Siempre he sabido que eras raro —respondo juguetona, y soy recompensada con
su risa profunda. Mis bragas se humedecen y me imagino ese sexy hoyuelo en su mejilla,
pero entonces guardo silencio.
—De acuerdo, estás callada. ¿Qué estás pensando tú?
—Bueno, es raro. Me extrañas, pero no he oído mucho de ti los días pasados.
Suspira profundo. —Tuve unos potros naciendo este fin de semana. Uno no lo
logró. Una parte de la reja en el lado alejado del rancho se vino abajo, no tengo idea de
cómo, y unas pocas cabezas de ganado se salieron. Hubo que rodearlos. Fue un fin de
semana de mierda.
—Lamento lo del potro —murmuro, y cierro mis ojos.
—Sucede. Seth se lo tomó muy mal.
—No mencionó nada de eso hoy. —Reviento una semilla de palomita en mi boca
y la mastico pensativamente—. ¿Qué estabas haciendo? Antes de llamarme.
—Estaba leyendo, iba a llamarte en la noche. Quería oír tu voz. —La última oración
es susurrada y nunca he estado tan tentada de saltar en mi carro y correr a la casa de un
hombre.
—Es algo temprano para irse a la cama. —Miro el reloj y estoy sorprendida de ver
que sólo son las ocho con treinta.
—Tengo que pararme a las cinco para alimentar a los caballos y encontrarme con
mis chicos antes de empezar el día.
Me acomodo profundamente contra los cojines de mi sofá, disfrutando el timbre
profundo de su voz. —Eso es cierto, eres una persona madrugadora.
—Es un hábito ahora —se ríe—. ¿Tú eres una persona de noche?
—Depende de mi humor, supongo. —La puerta trasera se estrella contra la casa
de nuevo y camino hasta ella para asegurarla—. Hay mucho viento esta noche.
—¿Estás bien? —Escucho la preocupación en su voz y sonrío.
—Sí, la pantalla de la puerta se sigue abriendo con el viento.
—¿Quieres que vaya a la ciudad para ayudarte?
Estoy tan, tan tentada de decir que sí, solo para verlo, pero es sólo una tonta
tormenta.
—Estoy bien, Josh, pero gracias por la oferta. Probablemente me vaya a la cama
pronto.



Silencio.
—¿Josh?
—Estoy aquí. —Su voz es suave y la línea está en calma.
—¿Qué está mal? —susurro.
—El pensamiento de ti en una cama conjura todo tipo de imágenes, y estás a unos
buenos quince minutos lejos de mí ahora mismo.
Me río y sacudo mi cabeza, pero mis pezones se fruncen con sus palabras y los
dedos de mis pies se curvan. —Te veré mañana.
—Quiero verte este fin de semana, solo tú y yo.
—¿Cómo en una cita? —Recargo mi cabeza contra el sofá, mordiendo mi labio
inferior.
—Sí, en una cita. Quiero llevarte a cenar, en público. Ir a caminar. Ir al cine. Ya
sabes, una cita. ¿Qué dices?
—¿Es una buena idea? —pregunto suavemente, y cierro mis ojos, deseando con
todo mi ser que fuera una buena idea.
—Sólo es una cena, Carolina. Deja de pensarlo demasiado.
—Ambos sabemos que no va a terminar en la cena.
—Joder, espero que no —está de acuerdo con una sonrisa en su voz.
—Es una cita.
Soy despertada de golpe por lo que suena como una guerra. La casa tiembla como
si estuviera bajo el fuego, martilleando y crujiendo, astillando la madera. Está obscuro
como la boca del lobo, y la nieve cae dentro de mi cuarto, pero duele cuando golpea mi
piel. Mi corazón late tan duro que juro que va a salirse de mi pecho, y apenas puedo
respirar.
Me levanto y, para mi horror, veo mi techo desmoronándose por encima de mí. El
agua se derrama en el interior, junto con lo que parece nieve, pero rápidamente me doy
cuenta de que es el aislamiento del techo.
¡Santa mierda!
Mis pulmones están gritando de dolor por inhalar los afilados fragmentos de fibra
de vidrio, y luego no siento nada en absoluto como si la adrenalina me golpeara.
¡Tengo que salir de aquí!
Salto de la cama y tiro de los pantalones de yoga, que arrojé al final de mi cama, a
lo largo de mis caderas, me pongo unas chanclas, y corro fuera al sonido de las sirenas y
el viento. Mis vecinos han salido de sus casas, y alguien me envuelve en sus brazos y me
sostiene fuerte.
—Gracias a Dios estás bien.
¡Ty! Ty vive sólo a cuatro casas más abajo de mí.
—¡Dios mío, Ty!
Me tiro en sus brazos y giro hacia la casa. El árbol del patio trasero se ha volcado,
por su edad, el tronco podrido, se ha partido a la mitad. Está yaciendo sobre todo el lado
izquierdo de mi casa. El techo se derrumbó por completo, y la pared del baño principal
se ha derrumbado.
Podría haber muerto.
Un carro de los bombero se detiene, y luego otro, sus sirenas resonando. Una
ambulancia se aproxima detrás de ellos, y mi calle de repente está en un frenesí de
actividad. Más vecinos salen de sus casas, jadeando y llorando, y todo lo que puedo hacer
es estar en estado de shock, sin importarme que me estoy mojando y ensuciando, y ni
siquiera siento los brazo fuertes de Ty envueltos alrededor de mí, sosteniéndome.
Estoy agradecida por Ty, pero de repente todo lo que puedo pensar es estar en los
brazo de Josh. Lo necesito. Y no tengo ni siquiera un teléfono.
—Mi teléfono está bajo el árbol —murmuro.
—¿A quién necesitas llamar? —pregunta Ty.
—Jill. Mis padres. —Trago duro—. Josh —susurro.
—Llamé a Josh —responde con una sonrisa cálida.— Está en camino.
Asiento y giro de nuevo hacia la casa, incapaz de apartar los ojos de la destrucción.
—Cara, tenemos que comprobarte y asegurarnos que no estás herida.
Uno de los paramédicos, Sam Waters, me lleva por el brazo, jalándome a la
ambulancia, y sentándome en el interior. Ty vigila en la puerta de la ambulancia y habla
en su teléfono.
—Está siendo comprobada ahora.
¿Con quién habla?
No puedo hacer que me importe. No siento nada.
Sam y su compañero están corriendo sus manos sobre mis brazos y piernas, comprobándome por fracturas y rasguños.
—Guao, apenas hay una marca en ti. Vas a tener algunos pequeños cortes y
rasguños del aislamiento, sin embargo. —La cara de Sam parece preocupada mientras
me mira a los ojos—. Sus ojos están dilatados.
—Está en estado de shock.
Alguien envuelve una delgada manta de hospital alrededor de mis hombros,
haciéndome fruncir el ceño. ¿Debería tener frío?
—Cara
No respondo.
—Cara. —Sam me sacude, forzándome a mirarlo a la cara—. Tal vez deberíamos
llevarte al hospital de todos modos.
—No. —Niego con la cabeza y agarro la manta a mi alrededor—. Estoy bien. No
estoy herida.
—Cara —comienza de nuevo, pero salgo de la ambulancia y hacia Ty, quien
envuelve sus brazos a mi alrededor de nuevo y besa mi sien. La lluvia se ha detenido,
pero el viento sigue siendo atroz.
—¿Dónde está? —grita alguien en estado de pánico, y mi corazón se llena de
alegría al oír el sonido de la voz de Josh. Me giro para verlo abriéndose paso a través de
la multitud, sus ojos salvajes reflejan miedo—. ¿Dónde diablos está?
—¡Josh! —Envuelve sus brazos alrededor de mí y me meto en su pecho. Por
primera vez desde que desperté, me siento segura por fin.



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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Jessibel el Dom Ene 19, 2020 9:24 pm

5




Josh
—¿Hola? —respondo con voz sorprendida mi teléfono y miro la hora: 2:09 en
medio de la maldita noche—. ¿Qué sucede?
—Soy Ty. Te necesito en la ciudad ahora, hombre. —Puedo escuchar la lluvia y
voces a su alrededor. Inmediatamente salto de la cama, tiro de los vaqueros y la camisa,
y pongo mi cabeza en orden—. Vamos a necesitar tu generador y luces también.
—¿Qué sucede? —pregunto de nuevo, mi voz suena firme y alerta.
—He escuchado un fuerte estruendo hace dos minutos y vine corriendo afuera,
encontrándome con un árbol tirado, atravesando el techo de Cara. —Mi corazón se para
mientras dejo de atarme las botas—. La luz se ha ido y está todo muy oscuro aquí,
hombre.
—¿Has llamado al 911?
—Claro y están de camino, pero…
—¿Está Cara aún allí? —Cierro los ojos y rezo para que me diga que no, que está allí a su lado.
Por favor, Dios, deja que ella esté bien.
—Sí, no está aquí fuera aún. Jesús, hombre. —Escucho el miedo y la conmoción en
su voz, incitándome a actuar. Tomo mi chaqueta y las llaves y salgo corriendo hacia mi
camioneta.
—Estaré allí en quince minutos. —Termino la llamada e inmediatamente marco el
número de Louie, nuestro encargado del rancho. Le pido que informe a los demás, que
agarre las luces y el generador y que venga a la ciudad.
No hay manera en el maldito infierno de que desperdicie tiempo reuniendo esta
mierda cuando tengo que sacar a Cara. Ahora.
Jesús, ¿y si está herida?
Piso el acelerador camino abajo hacia la gran entrada, esquivando las ramas caídas
de los árboles y otros escombros que ha tirado la tormenta de aire. Una vez en la autopista
aprieto hasta el fondo el acelerador, conduciendo más rápido de lo que es seguro,
especialmente con este tiempo, pero no me importa. Sólo tengo un pensamiento en mi
cabeza: Llegar a Carolina.
Diez minutos después suena mi teléfono otra vez.
—¡Ty! —exclamo.
—Está fuera y está bien. Conmocionada, pero no herida.
Cierro los ojos con alivio. El nudo, que ni siquiera sabía que tenía, se pierde en mi
pecho, permitiéndome tomar una respiración profunda.
—¿La han visto los paramédicos?
—Le están echando un vistazo ahora. ¿Cuánto te falta para llegar?
—Casi estoy allí. Louie y los demás chicos están llevando el equipamiento.
—Gracias, hombre.
Cuelgo y lanzo el teléfono en el asiento de al lado, aliviado por ver las afueras de
la ciudad con mis luces delanteras. La gente, los coches oficiales y las barricadas a los dos
lados de la calle me paran mientras me aproximo a la calle de Cara, así que salto de mi
camioneta y corro. La aglomeración en la calle es sorprendentemente densa, repleta de
movimiento, con luces parpadeantes y confusión. Cuanto más la busco, más pánico me
entra.
—¿Dónde está? —grito y empujo a los vecinos hacia un lado, buscando
desesperadamente entre la multitud—. ¿Dónde maldita sea está?
—¡Josh!
La puedo ver ahora, no muy lejos de la ambulancia con Ty; sus brazos la rodean,
sosteniéndola. Su hermoso pelo está cubierto de blanco, y sólo lleva puesto nada más que
un top negro y unos pantalones de yoga. Tira una fina sábana de hospital en sus hombros
y se aparta de los brazos de Ty para correr hacia a mí. Envuelvo mis brazos en sus
hombros, acercándola.
—Está cubierta de aislante, hombre. Ten cuidado.
Veo a Ty con una cara seria por encima de la cabeza de Cara y asiento. Quiero
enterrar mi cara en su pelo y respirar en él, pero no haré ningún bien si me llevan al
hospital por inhalar fibra de vidrio, así que acaricio su espalda, calmándola.
—Un árbol ha caído en mi casa —murmura, con un hilo de voz.
—Lo veo, bebé. —Mi voz calmada enmascara el miedo que me atraviesa. Mierda,
el árbol prácticamente partió su casa en dos.
La pude haber perdido y la acabo de encontrar.
—Se ha caído en mi casa —repite. Miro abajo para encontrar su mejilla contra mi
pecho y sus ojos fijos en su casa. La hago mirar hacia otro lado y la inclino hacia atrás con mis dedos, necesito verle los ojos. Tiene la mirada perdida del susto.
—Estás bien, bebé. —Sus ojos se llenan de lágrimas, pero traga y las hace
desaparecer—. No pasa nada. La casa se puede arreglar.
—¿Dónde voy a ir?
—Puedes quedarte conmigo, Cara —dice Ty, pero yo le frunzo el ceño y la vuelvo
a envolver en mis brazos, acercándola. Que me parta un rayo si la pierdo de vista.
—Se quedará conmigo.
Ella me frunce el ceño y puedo ver su cerebro trabajar en su espléndida cabeza.
—Tengo una habitación de invitados Cara.
Vuelve a mirar a Ty, que sonríe y se encoge de hombros. Luego vuelve a mirarme
con esos increíbles ojos ámbar. —¿Estás seguro?
—Sí. —Tomo su cara entre mis manos y rozo las salpicaduras blancas de su mejilla
con los pulgares, sintiendo pequeños pinchazos en mi piel—. De hecho debemos sacarte
de aquí y limpiarte. Vas a cortarte con este aislante.
Frunce el ceño como si acabara de darse cuenta que está cubierta de ello. —Pica.
Gruño y la inclino sacudiéndoselo de su pelo lo mejor que puedo, ignorando los
pinchazos en mi propia piel. Se balancea pero consigue estabilizarse por sí misma. La
sostengo fácilmente en brazos.
—La llevaré a casa.
Ty asiente y hace señas a mis hombres mientras sujetan el equipamiento. —Gracias
por eso, Josh.
—Eso es lo que hacemos. Llámame si necesitas algo. —Con eso, cargo a Cara, su
cabeza descansando en mi hombro, hacia mi camioneta y la siento con cuidado en el
asiento del copiloto. Le hago un gesto cuando no se relaja contra el asiento. Se empieza a
mover, sus ojos fijos en su casa.
Tengo que sacarla rápido como el infierno de aquí.
Le pongo mi chaqueta por encima, rodeo mi camioneta para subir al asiento del
conductor, y conduzco hacia casa.
Para el momento en que llegamos al rancho, Cara tiembla violentamente, las
lágrimas fluyen por sus mejillas sin control. Necesito meterla en una ducha de agua
caliente rápido. Jesús, tengo que hacer algo.
—Vamos, bebé. —Le sonrío mientras la saco de la camioneta, llevándola hasta la
habitación principal.
—Pensé que tendría mi propia habitación —murmura, con la voz temblorosa.
—La tendrás, pero necesitas limpiarte.
—No te vas a duchar conmigo. —Aprieta los ojos y mueve la cabeza.
—Oye Cara, para. —La dejo con cuidado sobre la tapa del inodoro y me arrodillo
delante de ella, sujetando sus hombros con las manos—. Estás conmocionada, bebé. No
puedo dejar que te duches sola. No pasa nada.
—Me da vergüenza —susurra.
Suspiro. —No hay necesidad. Eres preciosa, pero estaré bien. Vamos a quitarte la
fibra de vidrio de encima. —Me doy la vuelta y abro rápidamente el agua caliente en la
regadera, dándole tiempo de calentarse. Me vuelvo hacia ella y mi corazón se encoge. Se
ve pequeña e indefensa. Le cojo el dobladillo de la camiseta y se la saco por encima de la
cabeza. Sus pechos son tan bonitos como había imaginado que eran, pero mantengo mi
cara tranquila y fija en la tarea.
Se levanta y se quita los pantalones de yoga, recojo la ropa estropeada y la meto
en la basura.
Agradezco que cuando construí este baño instalara la ducha y la bañera separadas.
La ducha es suficientemente grande para dos. Cuando el baño se llena de humo,
me quito la ropa, dejándome los bóxers puestos, y la guío dentro de la ducha, bajo el agua caliente.
—Llevas los calzoncillos puestos —dice, señalando lo obvio.
—Sip —digo con una sonrisa burlona.
—¿Por qué?
—Para asegurarme de que te comportes. —Levanto una ceja mientras la guío
debajo del agua caliente y hago muecas cuando se estremece—. ¿Demasiado caliente?
—No, sólo que mi piel está realmente sensible. —No me mira a los ojos, y sé que
se siente avergonzada.
Esto no es como ninguno de los dos habíamos imaginado que sería al vernos
desnudos por primera vez.
Hecha hacia atrás la cabeza en el chorro de agua caliente, y cuando estoy satisfecho
de que no tenga peligro de cortarse, le lavo y le enjuago el pelo. La enjabono con una
esponja, recorriendo sus curvas y su suave piel. A pesar del agua caliente, comienza a
temblar y se le pone la carne de gallina.
Mientras le lavo el pelo por tercera vez, me mira a la cara con sus grandes ojos
ámbar y se muerde el labio, mientras enjuago la espuma de sus gruesos mechones de pelo.
Dios, es jodidamente hermosa.
—Eres bueno en esto —susurra.
Le sonrío con cariño y le sostengo las mejillas entre las manos. —¿Sigues teniendo
frío?
Niega con la cabeza pero aún tiembla. Se le llenan los ojos de lágrimas. —Gracias
por ser tan bueno conmigo. —Suelta de golpe.
—Ven aquí. —La estrecho entre mis brazos y nos quedamos ahí, debajo del agua
hirviendo, apretados el uno contra el otro. Nunca antes me había sentido tan cercano a
una persona, ni siquiera cuando estaba haciendo el amor con alguien.
Ni siquiera cuando estaba dentro de alguien.
Rompe en sollozos con su frente apoyada en mi esternón y lo deja ir.
—Está bien, bebé, déjalo. Estás a salvo —murmuro, acariciando suavemente su
espalda y sus brazos, besando su pelo húmedo hasta que deja de temblar y toma un gran
suspiro.
—Lo siento.
—¿Por qué deberías sentirlo? —Le inclino la cara hacia atrás para mirarla y sus
ojos están llenos de lágrimas.
Dios, me está matando.
—Por todo. Hacerte traerme aquí, manteniéndome apartada. ¡Estamos desnudos
por el amor de dios!
—No me has hecho hacer nada, Cara. Te quiero aquí. Te he querido aquí durante
un tiempo. Necesitabas mantenerte lejos y tenerte desnuda es una fantasía hecha
realidad, aunque lo había planeado bajo unas circunstancias muy diferentes. —Sus
hombros se relajan y me inclino para plantarle un beso en sus labios carnosos—. Vamos
a vestirte.
La guío fuera de la bañera y comienzo a secarla con toallas suaves. —¿Cómo
sientes la piel?
—Me escuece y me pica mucho. —Sus brazos, cara y cuello están irritados por el
aislante, pero su cara está todavía demasiado pálida, de repente me lleno de una rabia
que no había sentido en meses.
Podría haber muerto.
—No tengo ni siquiera ropa interior. —Una lágrima se desliza por su mejilla y parece derrotada.
—Puedes tomar prestada algunas de mis cosas por esta noche, bebé.
La tomo de la mano y la llevo a la cama, me alejo arrastrándome a la cómoda, saco
una camiseta y un par bóxers, y se los ofrezco.
Se pone rápidamente la camiseta, y se mete en los bóxers, todo demasiado grande
para ella.
Incluso asustada y enfadada es jodidamente adorable.
La levanto en mis brazos de nuevo y subo hasta la cama con ella, tiro hacia atrás
las sábanas y nos cubro, volteándola de espaldas, arropándola contra mí.
—No necesitas tenerme en tu cama —susurra, pero muestra más seguridad.
No dejaría ni muerto que durmiera sola en el maldito cuarto de invitados.
—No quiero estar sólo esta noche, Cara.
Me mira por encima de su hombro, sorprendida, mientras se gira y me abraza por
la cintura.
—¿Estás bien?
—No te preocupes.
—¿Estás bien? —Me reclama otra vez, pequeños temblores sacuden su cuerpo.
—Estoy mejor ahora que sé que estás bien —respondo sinceramente—. Me has
asustado un montón. —La tiro hacia mí recorriendo su espalda con mis manos. Al mismo
tiempo acaricia con sus dulces y pequeñas manos mi espalda, arriba y abajo, mirándome
con sus ojos ámbar. No entiendo cómo puede estar tranquilizándome después de todo lo
que ha pasado en la última hora.
—Duérmete —le susurro dándole un beso en la frente.
—Tu también —me murmura.
Sonrío, exhausto. Es increíble tenerla aquí, sana y salva, en mi cama. —Duérmete
cariño. Lo arreglaremos todo mañana.
El rancho es un jodido desastre.
Después de dormir un par de horas, envuelto en Cara, salí de la cama para
ocuparme del rancho. Ninguno de los chicos ha dormido la noche pasada, y hoy tenemos
un desastre en nuestras manos. He enviado a la mitad de los muchachos en un todoterreno para revisar las vallas, hoy he optado por quedarme cerca de casa y de Cara.
Seth está reuniendo las ramas esparcidas y otros restos, haciendo una pila con ellos para
más tarde tostar malvaviscos.
Por suerte, todos los animales están a salvo y no falta ninguno.
He dejado a Cara durmiendo en mi cama esta mañana, y espero que siga allí
noqueada. Necesita descansar. Le echo un vistazo a mi reloj dándome cuenta de que ha
pasado más tiempo del que pensaba.
Cuando entro dentro de casa, veo a Cara sentada en el sofá, aún con mi ropa,
mirando fijamente al televisor.
Joder, está viendo las noticias.
—…como pueden ver, el árbol cayó atravesando todo el lado izquierdo de la casa.
El jefe de bomberos nos comenta que si hubiera llegado a caer dos pies más hacia la
izquierda, podría haber matado al inquilino.
—Cara, no mires esta mierda. —Apago rápidamente el televisor y la pongo en mi
regazo, acomodándome en el sofá.
—Soy muy pesada —susurra, jugando con los botones de mi camisa.
—No, no lo eres. ¿Cómo te encuentras hoy?
Se encoge de hombros y suspira. —Necesito ir a la ciudad y ver mi casa.
—Se están ocupando de ello.
—Josh, es mi casa. Tengo que ir a verla.
No quiero. Quiero protegerla y definitivamente no quiero que vaya a ningún sitio
cerca de esa casa.
—No es seguro.
—¿Que estás haciendo aquí? —pregunta Seth desde la entrada, sorprendido.
Cara intenta zafarse de mí, y porque Seth está aquí la dejo ir.
Por ahora.
—La tormenta hizo algunos destrozos en casa de Cara anoche, así que vino aquí.
Se va a quedar conmigo durante un tiempo.
Seth mira serio a Cara y camina hacia a ella, observándola con atención. —¿Estás
herida?
—Más asustada que otra cosa.
—¿Qué ha pasado? —pregunta, pareciendo mayor a pesar de sus doce años.
—Un árbol cayó sobre el techo.
Seth se pone pálido. De repente estira sus brazos hacia Cara y la abraza fuerte.
Ella pestañea conteniendo las lágrimas, mientras desliza los dedos entre su pelo
negro con ternura. —Estoy bien, cariño. La casa se puede arreglar.
—¡Me importa una mierda tu casa! Pudiste resultar gravemente herida.
Amo a este niño.
Cara le enjuaga las lágrimas a Seth. —¿Puedo tomarte prestado alguna sudadera,
Josh? Necesito coger ropa de mi casa.
—No vas a ir allí sola —insiste Seth, refunfuñando—. Iré contigo.
—Puedes venir. —Asiente ella mirándome expectante—. ¿Sudaderas?
—Seth, ve a ayudar un momento a Louie. Iré a buscarte cuando estemos listos para
ir a la ciudad.
Seth asiente y va corriendo a ayudar con el pasto.
—Tengo sudaderas que puedes vestir. —La atraigo de nuevo a mis brazos,
tirándole la cabeza hacia atrás, mirándola fijamente a los ojos—. ¿Estás segura de que
estás bien?
—Lo estaré —susurra—. Tú ayudas.
—Bien. —Asiento, guiándola hacia la habitación en busca de algunas sudaderas.
—¿Debería trasladarme al cuarto de invitados?
—Joder, no. Estás conmigo, cariño. —Me quedo mirándola, listo para discutir,
pero sonríe despacio y sujeta la sudadera encima de sus caderas, por encima de los shorts.
Son por lo menos, cinco tallas más grandes, y no hay nada más que desee que quitárselos.
—Será mejor que nos vayamos.



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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Jessibel el Dom Ene 19, 2020 9:26 pm

Chicas, en el caso de que Flor no se pueda conectar pronto por tener problemas de Internet, estaré trayendo dos capítulos más.


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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Tibisay Carrasco el Dom Ene 19, 2020 10:20 pm

Gracias por los capitulos
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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por AregUM el Lun Ene 20, 2020 6:51 am

Ohhhh éstos dos van con el viento en popa
Menudo susto se ha llevado la pobre por poco y se quedaría aplastada. Seth me dio una ternura enorme ainssssss éstos chicos King todos son unos pedacitos de pan  53645665

Gracias Jessibel por los capis.


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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Jessibel el Lun Ene 20, 2020 8:16 pm

6



Cara

La casa no se ve mejor a la luz del día, pero la tormenta ha pasado, dejando atrás
unos cálidos rayos de sol y una fresca y ligera brisa.
Aparte de la casa derribada por un arce centenario, y los escombros que se
encontraban por todo el vecindario, nunca sabrías que una tormenta había pasado.
Y con el sol, y el soplido del aire fresco, encontré mi determinación.
—Tengo que ir dentro y coger algo de ropa. —Miro a Josh, de pie junto a mí, con
sus manos en sus caderas, y me mira como si hubiera perdido la cabeza.
—No vas a ir ahí dentro.
—Para nada —coincide Seth, sus ojos color miel pegados a la casa.
Estoy rodeada de hombres sobreprotectores.
—¡Oye, Charlie! —llamo al alto y guapo miembro del equipo ayudando en la
limpieza, sonriéndole mientras se acerca—. ¿Cuándo cayó el árbol sobre la casa?
—Esta mañana temprano. —Se quita su sombrero y limpia el sudor de su frente—
. Ahora tenemos que limpiar.
—Tengo que ir dentro y coger algo de ropa y cosas.
—Dije que… —empieza Josh, pero Charlie le interrumpe.
—De ninguna manera. —Charlie sacude su cabeza—. No es seguro ahí dentro,
Cara. Además el aislante está por encima de toda tu ropa y tus cosas.
—Pues las lavaré. —Encojo mis hombros.
—Tienen que ser llevadas a una lavandería especial para hacerlas seguras para ti.
Lo siento, pero no puedo dejarte entrar.
Sólo me quedo mirándolo, procesando. —¿Así que no voy a tener ropa limpia
durante días?
—Al menos no tenemos que tirarlas. —Charlie se encoge de hombros y camina de
nuevo hacia la casa—. Te llamaré cuando sepa más.
—¡No tengo un teléfono!.—le llamo frustrada.
Josh me está mirando con una media sonrisa en su cara, sus brazos cruzados sobre
su pecho. Seth se ríe tontamente.
—¿Qué es tan malditamente gracioso?
—Tú. —Josh sonríe burlonamente y ese hoyuelo me derrite, sólo un poco, pero
mantengo el ceño fruncido—. Supongo que iremos de compras después.
—Odio ir de compras —gruño, haciendo que Seth se ría todavía más.
—¡Ei, chicos! —llama Ty, y corre a través de la calle hacia nosotros. Lleva uno
tejanos de un azul descolorido y una camiseta de Metallica, enseñando el tatuaje en su
brazo derecho. Es fácil de olvidar, cuando lleva su traje de abogado, que es un chico malo
en el interior.
—Hola, Ty —digo.
Pone sus brazos a mi alrededor y me aprieta fuertemente. —¿Cómo estás,
pajarillo?
—Estoy mejor. Qué desastre.
—Eso es. —Asiente, le da la mano a Josh y alborota el cabello a Seth—. ¿Has
llamado a tus padres?
—¡Mierda, no! —Miro hacia Seth y hago una mueca—. Lo siento, Seth.
—No me importa. —Encoge sus hombros.
—No tengo teléfono. —Le recuerdo a todo el mundo—. Está en la casa. Tengo que
llamar a Jilly también.
—La he llamado esta mañana. Tuve que convencerla de que no se subiera al primer
avión fuera de LAX.
Froto mi frente con las puntas de mis dedos y suspiro. —Mis padres van a
asustarse.
Josh se había movido detrás de mí, frotando mis hombros con sus grandes y
fuertes manos, y me inclino hacia él, absorbiendo su fuerza y calor.
—Puedo llamarles por ti —ofrece, pero sacudo mi cabeza y cubro una de sus
manos con la mía.
—Yo lo haré. Supongo que es mejor coger un teléfono nuevo cuando vayamos de
compras.
—¿Vais a ir de compras? —pregunta Ty incrédulo, después se ríe—. Eso quizás
haga que Jill se suba en un avión después de todo.
—Vete al diablo. —Le fulmino con la mirada, después me río—. Necesitaba
algunas cosas nuevas de todas formas. Lo había estado dejando.
—¿Por qué odias tanto ir de compras? —pregunta Seth—. ¿No viven las chicas por
esa mierda?
—No esta chica. —Me estremezco y paso mis manos por mi pelo, disfrutando la
sensación de las manos de Josh aun amasando mis hombros—. Normalmente espero
hasta que Jill está en casa o la voy a visitar y entonces ya no puedo evitarlo más. Ella me
arrastra.
Los ojos de Seth están ahora pegados a las manos de Josh sobre mis hombros. —
¿Por qué la tocas de esa manera?
Me quedo quieta al mismo tiempo que las manos de Josh paran de moverse. Ty
sofoca una sonrisa.
—Seth… —empiezo mientras sus manos se convierten en puños y le frunce el ceño
a su tío. Josh se mueve fácilmente a un lado y se queda parado directamente delante de
Seth.
—¿Qué pasa? —pregunta Josh a su sobrino calmadamente.
Seth se encoge de hombros y se mira los pies, sus manos apretujadas en sus
bolsillos, el ceño fruncido en su pequeña y hermosa cara.
—Háblame —intenta Josh otra vez.
La cabeza de Seth se levanta y le clava una dura mirada a Josh. —No deberías
tocarla de esa forma. Ella no es como mi madre. —Tiene lágrimas en sus ojos, pero lucha
valientemente para mantenerlas fuera mientras sus mejillas enrojecen por el enfado.
Jadeo. Ty jura por lo bajo, y las manos de Josh se convierten en puños a su lado
mientras su mandíbula se aprieta.
—¿Piensas que me estoy aprovechando de Cara? —pregunta en voz baja.
—Será mejor que no. —Seth levanta su barbilla desafiante y quiero abrazarle, tan
conmovida porque quiera protegerme.
—Seth, Josh no está tratando de aprovecharse de mí —digo. Seth nos mira a los
dos cuidadosamente—. Está siendo comprensivo y un buen amigo. —Dios mío, ¿qué vio
mientras vivía con su madre?
—Seth, me preocupo por Cara. Mucho. —Josh relaja su cuerpo y sonríe hacia el
niño mientras enlaza sus dedos con los míos—. Me gusta que tú también te preocupes
por ella y quieras protegerla.
Seth vuelve a encogerse de hombros y frunce el ceño.
Creo que me acabo de enamorar de los dos.
—Tan sólo no hagan cosas asquerosas delante de mí —gruñe, y se va pisando
fuerte hacia la camioneta.
—Bueno, hay más de su padre en él de lo que se piensa —observa Ty, y sonríe
ampliamente hacia Josh.
Josh me mira, sus ojos vagando por mi cara, y no estoy segura de lo que está
buscando, pero aprieto su mano con la mía y le ofrezco una pequeña sonrisa.
—Aquí hay tres palabras que jamás pensé que diría voluntariamente: vámonos de
compras.
Si me toca una sola vez más, juro que entraré en combustión.
Ha tenido sus manos sobre mí todo el día: descansando una mano en la parte baja
de mi espalda para dirigirme a una tienda, sosteniendo mi mano, colocando mi cabello
detrás de la oreja. Y sigue sonriéndome, guiñando un ojo.
Ligando.
Dios mío, lo quiero.
Por fin tengo un momento para mí, en el pequeño cuarto. Estoy colgando las pocas
nuevas piezas de ropa que compré hoy en el armario, cosas íntimas, como brasieres, y
calcetines en un cajón y tirando de las etiquetas de mis nuevas sandalias y zapatillas de
deportes.
—¿Qué estás haciendo?
Josh está inclinado casualmente contra el marco de la puerta, con las manos en los
bolsillos. Me tomo un momento para sumergirme en él.
Su largas piernas revestidas en su jean están cruzadas en el tobillo; el torso y los
hombros están moldeados en una camiseta negra. Su cabello oscuro se encuentra
desordenado y sus labios están arqueados en una sonrisa, sus marrones ojos felices y me
estudian.
—Estoy guardando mis cosas —murmuro, y giro de nuevo a la tarea en cuestión.
—Estás en el cuarto equivocado. —Lo oí acercarse detrás de mí, con los pies
desnudos callados en la alfombra.
—Es mejor si me quedo aquí.
Agarra mis hombros y me gira hacia él. —¿Por qué?
—Estoy mucho mejor, Josh. No tienes que mantener un ojo en mí.
Me tira contra él, presionando su pelvis—erección—en mi vientre, y sus manos me
agarran con más fuerza.
—Te quiero en mi cama no tiene nada que ver con tu maldito árbol.
Le frunzo el ceño y luego miro hacia abajo, sacudiendo mi cabeza.
—¿Por qué es tan difícil para ti creer que te quiero, cariño? —Su voz es suave
cuando él se inclina y susurra en mi oído—: Respóndeme.
—No es que yo no lo crea. —Mis ojos aletean cerrados a la sensación de su
respiración contra mi oído—. Diablos, puedo sentirlo. Pero nos conocemos desde hace
siglos, y ahora...
—¿Ahora qué? —Sus labios se deslizan por mi cuello y espalda hasta mi oído.
—Ahora tenemos que pensar más en que si estamos no atraídos entre sí. Está Seth
para considerar —susurro.
—¿Confías en mí? —Se aparta unas cuantos centímetros por lo que puedo mirarlo
a los ojos, y trago.
—Sí.
Sus ojos brillan y sonríe suavemente, agarra mi cuello en sus manos, y baja su boca
a la mía. ¡Me encanta la forma en que besa!
Sus labios gruesos cubren los míos y se queda quieto, no moviéndolos,
simplemente respirándome. Deslizo mis manos hacia sus hombro y hacia su cabello y me
presiono contra él, mis pezones se fruncen, y él gime mientras se hunde en mí, lamiendo
la comisura de los labios, pidiendo entrar.
Lo beso de regreso, chupando y tirando de su labio inferior con mis dientes. Sus
ojos se estrechan mientras él se inclina y me levanta fácilmente en sus brazos, llevándome
a su cuarto, sin apartar sus labios de los míos.
Es como si él no puede tener suficiente de mí, y me siento de la misma manera.
Lo necesito.
Necesito esto.
—¿Estás segura? —pregunta, su voz pesada con la lujuria.
—Sí. —Me pone de pie e inmediatamente tira de mi camisa por encima de mi
cabeza—. Te deseo.
—Maldita sea, bebé. —Sus ojos están en mis pechos redondos, y estoy tímida por
un momento. Me muevo para cubrirme con mis manos, pero él las aleja y besa la palma
de mi mano—. No.
—Tienes que desnudarte.
—Lo haré. —Sonríe.
—Ahora.
—Se paciente.
—No, te necesito. Duro y rápido, Josh. —Estoy jadeando ahora y tirando de sus
pantalones, pero me detiene, sus ojos estrechándose en mi cara.
—¿Cuál es la prisa?
—Necesito sentirme viva —susurro, y aprieto los ojos cerrados. Él agarra mi cara
entre sus manos. Abro los ojos y veo que me mira tan tiernamente que duele—. No
necesito suave y lento, necesito recordar que estoy viva y necesito que me folles.
Toma una respiración y estrella sus labios con los míos, me quita el resto de mi
ropa, agarra mi culo en sus manos, y me levanta de la manera que lo hizo la otra noche
en mi casa. No tengo tiempo para ser tímida a mi desnudez. Está devorándome.
Reclamándome.
Y malditamente me encanta.
Él me agarra contra la pared mientras tiro de su camiseta. Finalmente aparta su
boca de la mía el tiempo suficiente para darle un tirón sobre su cabeza y tirarla al suelo.
—Eres tan jodidamente hermosa —gruñe y entierra su cara en mi cuello,
besándome y succionando. Sus manos agarran mis pechos y los eleva a sus labios.
—Oh, Dios mío. —Me extiendo entre nosotros y desabrocho sus pantalones
vaqueros, empujándolos con los pies por sus caderas, desatando su impresionante
pene—. Esto es hermoso —murmuro.
Él sonríe lobunamente y me alza más arriba contra la pared. —Estoy limpio, lo
prometo.
—Tomo la píldora —murmuro, y muerdo su cuello—. Ahora, Josh.
Y con eso se empuja dentro de mí, todo el camino, en un largo y lento empuje. Su
pene es largo y grueso y me llena perfectamente.
Como si fuera hecho sólo para mí.
—Maldita sea, nena —gruñe—. Mírame.
Abro los ojos y muerdo mi labio.
—Tus ojos son tan verdes. —Me besa suavemente y gime—. Estás tan apretada,
nena.
—Muévete —ruego, y ruedo mis caderas.
—Cara, no hagas eso…
—Fóllame —ruego, y ruedo mis caderas de nuevo a medida que comienza a
golpear dentro y fuera de mí, duro. Se extiende entre nosotros y toca con el pulgar mi
clítoris, y de repente veo estrellas. Me voy a venir, duro y rápido.
—Eso está bien, cariño. —Está jadeando fuerte ahora, moviéndose más rápido y
más duro—. Dios, tu vagina es muy buena.
—Josh —murmuro.
—Vamos, Cara. —Empuja en mi clítoris, sólo un poco más fuerte, y mi mundo
explota alrededor de mí, dispersándose en miles de piezas y luego se reúnen de nuevo
en el centro de mí. Grito fuera y agarro su cabello en mis dedos, sacudiendo mis caderas
contra él.
Él se detiene, enterrado hasta el fondo e inclina su frente contra la mía, respirando
fuerte. —¿Cómo fue eso?
—Santa mierda —susurro, y abro los ojos.
—No he terminado.
Me lleva a la cama, todavía dentro de mí, y me acuestas en mi espalda, mis piernas
colgando del borde. Me besa, y luego se retira de mí, haciéndome gemir.
—Josh...
—Shhh. —Le hace círculos a un pezón con la lengua y luego acaricia la cara inferior
de mi seno—. Sólo relájate y disfruta.
—¿Qué vas a hacer?
—Lo que he querido hacer desde que saliste de tu coche hace dos semanas.
Probarte.
Arrastra sus labios por mi vientre, sobre mi ombligo, y al pequeño parche de rulos
que cubren mi vagina.
Se arrodilla entre mis rodillas y levanta mis piernas por encima del hombro, inclina
mi pelvis hacia arriba con una mano en mi culo, y baja un dedo de la hendidura de mi
clítoris todo el camino hasta mi culo.
—Estás tan hinchada y húmeda para mí. —Su voz es un susurro profundo. Se
inclina y besa suavemente esa protuberancia sensible, lame, y luego la besa de nuevo.
—Josh —susurro, cerrando los ojos.
—Sí, nena. —Ahora siento el llano de su lengua contra mí y lo empuja hacia abajo
en mis pliegues y dentro de mí.
—¡ Mierda! —grito mientras chupa los labios en su boca, y lo siento sonreír contra
mí antes de hacerlo de nuevo, haciéndome retorcerme y moverme contra de él, aferrando
mis caderas contra su cara.
Si se detiene, podría matarlo.
—Oh, Dios, no puedo. —Mi cabeza se azota de un lado a otro, y la tensión se arrolla
más apretada de lo que ha logrado. Este orgasmo me va a matar.
—Tú puedes —mustia, y empuja dos dedos dentro de mí a medida que continúa
dando vuelta en mi clítoris y labios—. Quiero que te vengas de nuevo, cariño.
Enlazo mis tobillos por encima de sus hombro y empujo mi pelvis contra su cara
y siento el mundo decaer mientras me vengo tan duro que no puedo respirar.
A través de mi bruma orgásmica, lo siento besar el interior de mis muslos, mi
pubis, y hasta mi torso. Chupa mis pezones suavemente, y frunzo el ceño al cambio en
él.
Hace unos minutos era un hombre poseído, obsesionado con tomarme duro, y
ahora es suave. Amoroso.
Él me empuja lejos en la cama y me cubre con su cuerpo, acunando el vértice de
mis muslos, suspendiendo sus codos a ambos lados de mi cabeza.
Entierra su dedo en mi cabello, acaricia mi nariz con la suya, mientras que
suavemente mece su duro pene contra mis pliegues.
—¿Tienes alguna idea de lo jodidamente hermosa que eres? —susurra.
En lugar de responder, arrastro las puntas de mis dedos hacia abajo de su mejilla
y levanto mi cabeza para rozar sus labios con los míos. Puedo saborearme a misma, y sólo
me hace desearlo más.
—Necesitabas que te folle, nena, pero necesito hacer el amor contigo. Se siente
como si hubiera estado esperando para siempre, por esto. —Él me frunce el ceño y
mordisquea el lado de mi boca—. Di algo.
—Te necesito dentro de mí.
Sus labios se ladean contra los míos mientras mueve sus caderas hacia atrás hasta
que la cabeza de su pene está junto a mi apertura. —¿Ahora?
—Ahora.
Y lentamente, tan lentamente que trae lágrimas a mis ojos, me llena, a la vez que
me mira con una mirada de satisfacción total y absoluta en su impresionante cara.
—Te sientes tan bien —susurro.
—Es todo tuyo, nena.
Él comienza a moverse, largas y lentas estocadas, que me empujaba más y más
alto, pero luego se detiene y espera a que vuelva hacia abajo.
—Eso fue malo.
Se ríe y lame un camino de mi clavícula a mi oído. —Vamos a hacerlo durar,
Carolina.
—No me gusta ese nombre —le recuerdo y jadeo cuando comienza a moverse de
nuevo.
—Me encanta tu nombre —susurra, y envuelve sus labios alrededor de mi pezón,
succionando suavemente, y siento eso en mi clítoris. Me retuerzo por debajo de él, en
silencio rogándole para acelerar de nuevo, pero se detiene.
—Cada vez que trates de controlar esto, empezaremos otra vez.
Mis ojos se abrieron de golpe ante su declaración suave. —¿Qué?
—Ya me escuchaste. Lo tienes a tu manera. —Levanta una de mis piernas sobre su
hombro, abriéndome más y empujando más profundo, lo que me hace jadear—. Ahora
te llevaré a lugares que nunca antes has conocido, nena.
—No puedo hacer esto —murmuro y niego con la cabeza, pero él me calma con
suaves besos en los labios y pasando suavemente su mano hacia arriba y abajo por mi
costado.
—Puedes. Simplemente disfrútalo, dulzura.
Empieza a mover sus caderas de nuevo, lento pero constante, y estoy sorprendida
de lo profundo que va. Nadie ha ido tan profundo.
Nadie me ha hecho sentir de esta manera.
Mis músculos se contraen a su alrededor y él aprieta la mandíbula y cierra los ojos,
bajando su frente contra la mía, y entonces hace movimientos circulares con sus caderas,
moviendo su pene dentro y fuera, rozando mi punto G con cada jodido golpe. Agarro su
culo y lo impulso a que se mueva más rápido, sin embargo él mantiene su ritmo.
—Amo tus manos sobre mí —dice entre dientes, y se inclina más para agarrar mi
mano en la suya, uniendo nuestros dedos y poniendo mi mano arriba de mi cabeza.
Finalmente acelera, su lujuria lo encamina y empuja contra mi clítoris con cada
golpe. Aprieto mis muslos contra sus caderas y alzo mi cuello mientras entierra su cara
en él.
—Córrete, Carolina. —Muerde la parte superior de mi hombro y yo me desenriedo
por debajo de él, apretando su mano y culo y él gruñe cuando encuentra su propia
liberación.
Nunca he sentido algo parecido en mi vida.
Libera mi pierna y mi mano y después acuna mi cara suavemente, besándome
profundamente, barriendo sus labios sobre los míos, enredando nuestras lenguas y
mordisqueando como si fuera un hombre muerto de hambre en un buffet.
—¿Te lastimé? —pregunta en voz baja mientras recuperamos el aliento.
—No. —Sonrío y lo beso en la mejilla—. Definitivamente no me lastimaste.
—Quédate aquí.
Me besa por última vez y sale de mí, caminando desnudo hacia el baño, y entonces
escucho el agua corriendo. Rápidamente regresa con una toalla húmeda y cálida y me
limpia, entonces ambos nos quedamos en la cama.
Entre el árbol que cayó sobre mi casa la pasada noche y el sorprendente sexo con
Josh esta tarde, nunca he estado tan cansada en mi vida.
Me tira contra él como lo hizo la noche anterior, sin embargo me giro en sus brazos
para enredarme con él y acurrucarme contra su pecho. Besa mi cabeza y frota sus manos
de arriba-abajo por mi espalda.
—Tan cansada —murmuro y bostezo profundamente.
—Tan hermosa.
—Dices mucho eso. —Me voy hacia atrás y lo miro sospechosamente. Puedo verlo
sonreír con la luz de la luna.
—Creo mucho eso.
Sonrío y beso su esternón.
—¿Cómo conseguiste alaciar tu cabello? —Pasa sus dedos entre mi cabello,
cepillándolo.
—Solía usar la plancha todos los días, pero después descubrí la queratina
brasileña.
—Eso suena excéntrico. —Mueve sus cejas en broma.
Me río y le doy un golpecito en el hombro. —Pervertido.
—Tú tienes la culpa, nena.



—La queratina brasileña es un tratamiento para que el cabello se alacie y se libere
de frizz. Soy religiosa con eso.
—Me gustan tus rizos —susurra y me besa la frente.
—Ya lo habías dicho —suspiro—. Pero a mí no, me gusta más lacio.
—Hmm.
Sigue acariciando mi espalda, sus labios se apoyan contra mi frente y en poco
tiempo mis ojos están pesados y caigo en un sueño profundo y duro.
—Despierta, cariño.
Cálidos labios se mueven a través de mi cara, mi frente, besándome con ternura.
Extiendo la mano hacia él y frunzo el ceño cuando mis manos agarran algodón.
—¿Por qué estás vestido? —pregunto, aún sin abrir los ojos.
—He estado levantado por un rato. Despierta.
Oigo la sonrisa en su voz, pero me vuelvo sobre mi estómago y entierro mi cara en
la almohada. —No.
—Vamos, necesito que te levantes. —Él está riendo ahora.
¿Por qué tuve que ir y estar atraída por una persona mañanera? —¿Qué hora es?
—pregunto contra la almohada.
—Cinco y media.
—¿Estás aquí por sexo?
—Desafortunadamente, no.
—Si te vas ahora, voy a dejarte vivir. —Me vuelvo hacia el otro lado, de espaldas
a él, y pongo la cobija sobre mi cabeza.
Se ríe alto y tira de la cobija fuera de mi cara. —Eres adorable en la mañana.
—Te mostraré lo adorable que puedo ser a esta hora sin café.
—Abre tus magníficos ojos, bebé.
Se inclina sobre mí y me besa en la mejilla y yo suspiro. —¿Por qué estoy despierta?
—Necesito mostrarte algo.
—Lo he visto. Dijiste que no estabas aquí para tener sexo. —Abro un ojo y le frunzo
el ceño—. No juegues con mis emociones.
—Vístete, hay algo que necesitas ver.
Suspiro y restriego mis manos bruscamente por mi cara y me incorporo, dejando
que las cobijas caigan en mi regazo, dejando al descubierto mis pechos.
Josh aspira aire y jura por lo bajo. —Vístete rápido antes de que te disfrute y me
encuentras en la cocina.
Cuando él sale de la habitación, yo sonrío abiertamente, recordando la noche
anterior.
Subo en la cama, estirando y pestañeando cuando los músculos que no he utilizado
en mucho tiempo gimen en protesta. Me encantaría una ducha de agua caliente, pero no
creo que Josh sea lo suficientemente paciente para esperar tanto tiempo, por lo que me
pongo una nueva camiseta azul y pantalones vaqueros, deslizo mis pies en mis zapatos
nuevos, y lo encuentro en la cocina.
—Ya estoy vestida.
—Vamos, tenemos que darnos prisa. No quiero que te lo pierdas. —Agarra mi
mano y me saca de la casa a un vehículo todo terreno aparcado esperando en la parte
inferior del pórtico—. Sube.
Tan pronto como me subo detrás de él, despega a toda velocidad, y tengo que
formar un lazo con mis brazos alrededor de su cintura para no caerme de la parte trasera.
Corremos por el camino hacia la casa grande, entonces nos desviamos hacia el establo. Él
parquea, apaga el motor, y me ayuda a salir del todoterreno.
—Eso fue divertido —murmuro con sequedad.
—Vamos, trasero inteligente. —Toma mi mano y me tira al granero, por una hilera
de establos. Veo a Seth sentado en una de las paredes del establo, sonriendo hacia dentro
y hablando con Louie, el viejo peón le da la mano a Lazy K.
—¡Ella es tan pequeña! Y tiene las rodillas nudosas —se ríe Seth.
—Ella crece lo suficientemente rápido. —Escucho a Louie responder, y mi mirada
se encuentra inmediatamente con Josh.
—¿Un bebé? —pregunto en voz baja.
—Sí, Estrella de Fuego tuvo su potro hace poco tiempo. No creo que ella se haya
puesto de pie y se acercara todavía, y quiero que veas esa parte. Es bastante sorprendente.
—Josh está sonriéndome, con los ojos brillantes y felices.
Le encanta este rancho.
Abre la puerta de la cabina, una extra-grande al final de la fila que supongo que se
utiliza para las mujeres embarazadas. El olor del heno es fuerte, pero el granero está
limpio y ordenado. Los animales están bien cuidados aquí.
Me hace un gesto para que lo siga dentro y cierra la puerta detrás de nosotros.
Estrella de fuego está mascando feliz su desayuno, mientras el bebé se encuentra
cómodamente en un montón de paja, durmiendo profundamente.
—Oh que dulce.
—¡Estrella de fuego tuvo a su bebé! —me informa Seth, una amplia sonrisa en su
rostro.
—Veo eso. —Sonrío hacia él, y luego veo que Estrella de fuego se vuelve hacia su
bebé, lo lame y lo acaricia suavemente.
—Ella tiene que comer —me dice Josh, y envuelve sus brazos alrededor de mí,
tirándome hacia atrás contra su pecho.
—Por lo tanto, Estrella de fuego la ayudará a levantarse para que pueda mamar.
Efectivamente, durante los próximos diez minutos, estrella de fuego engatusa a su
bebé en sus pies, y el potro se tambalea, insegura en sus pies. Por último, da unos pasos
y husmea alrededor bajo el vientre de su madre hasta que encuentra un pezón y empieza
a mamar.
—Tremendo. —Seth arruga la nariz.
—¿Qué otra cosa va a comer el bebé? —le pregunto, y sonrío.
Se encoge de hombros, mirando a la mamá y al bebé de cerca, y la maestra en mí
no puede dejar de apreciar la herramienta de aprendizaje que esto es para el niño.
Pasamos unas cuantas horas allí, viendo al nuevo potro acostumbrarse a la vida
en el "exterior", como dice Seth con ataques de risa.
—Creo que es el momento de que nosotros vayamos al trabajo, Seth. —Me río
cuando me frunce el ceño.
—Pero deberías conseguir el día de hoy libre, para ayudar con el bebé.
—Estará aquí cuando haya terminado —le contesto con severidad, y paso la mano
por el brazo de Josh antes de salir de la cabina—. Te voy a dar un descanso en un par de
horas para que puedas entrar a verla.
—Está bien. —Seth mira largamente al potro y luego salta hacia abajo de la pared
del establo y sale de éste por delante de mí.
—Ven a chequearme mientras estás en ello —murmura Josh mientras se mueve
detrás de mí y me besa en el cuello, justo debajo de la oreja. Me alejo de su alcance,
apuntando a Seth caminando por delante.
—¿Será necesario que compruebe? —pregunto con una sonrisa.
—Tengo algo que puedes comprobar, corazón. —Él palmea mi culo mientras me
alejo, riendo y sacudiendo la cabeza.
Voy a estar saliendo al establo en unas pocas horas.


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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Jessibel el Lun Ene 20, 2020 8:19 pm

7



Cara

—Pudimos ir a un lugar más informal —murmuro y tomo un sorbo de vino,
disfrutando de la vista de Josh frente a mí con su camisa blanca de botones, las mangas
enrolladas en sus antebrazos y pantalones negros. Su cabello castaño fue controlado y no
puedo esperar para pasar mis dedos a través de él y alborotarlo.
Su mirada se encuentra con la mía por encima del menú en sus manos y me sonríe.
—Es nuestra primera cita oficial.
—Ya lo sé —respondo con una ceja levantada.
—Por lo que tenemos que estar en un lugar bueno en nuestra primera cita.
Además. —Añade con una sonrisa—, amas este lugar.
—¿Cómo lo sabes? —pregunto sorprendida. Este restaurante italiano es nuevo en
la ciudad y rápidamente se ha convertido en mi favorito—. Nunca hablamos de eso antes.
—Debiste ver tus ojos iluminándose cuando lo mencioné. —Su mirada baja hacia
el menú, su boca se frunce.
Es un observador, lo que es una cosa que he llegado apreciar a su alrededor. Presta
atención a mis estados de ánimo, mi lenguaje corporal, tanto dentro como fuera de la
habitación.
Es agradable estar lejos del rancho por la noche. Me encanta el rancho, y en los
últimos días que he estado allí, en la cama de Josh todas las noches, he llegado a tener
una mayor comprensión de la cantidad de trabajo que es, y lo dedicado que es Josh con
el legado de su familia.
Paso mis manos por mis muslos, sobre la tela de algodón de mi vestido veraniego
color naranja, agradecida que mi ropa regresó limpia de los materiales peligrosos para
esta cita.
Shorts y camisetas sin mangas no hubieran sido apropiados para esta noche.
Doblando el menú, lo pone sobre la mesa y agarra mi mano en la suya,
entrelazando nuestros dedos. Atrapo unas cuentas miradas curiosas de otros clientes en
las mesas cercanas.
Si las noticias de mi estadía en el rancho Lazy K no han comenzado por la ciudad,
nosotros saliendo esta noche será la conversación de mañana temprano.
Una joven camarera aparece y toma nuestros pedidos, entonces nos deja solos.
—¿Qué estás pensando? —pregunta Josh, sus ojos están buscando los míos.
—Vamos a ser la noticia de mañana —murmuro con una sonrisa y juego con el
tallo de mi copa de vino.
—Eso está bien. —Se encoge de hombros—. ¿A ti te molesta?
—No. —Niego con la cabeza y frunzo el ceño mientras lo pienso más—. No es
asunto de nadie, aunque estoy borrando la línea cuando se trata de mi trabajo.
—No te pueden despedir por lo que haces en tu tiempo libre, Cara. Se te permite
tener una vida personal. —Agarra mis dedos con más fuerza—. No has hecho nada malo.
Asiento, pero me muerdo el labio.
—¿Qué?
—Espero que tengas razón.
Nuestras ensaladas son servidas, junto con el pollo más delicioso que he probado
en mi vida. En el primer bocado, cierro los ojos y gimo, dejando que los sabores exploten
en mi lengua.
—Oh, querido Dios, esto es bueno.
—No hagas eso —murmura Josh, su voz es dura y abro los ojos para encontrarlo
mirándome fijamente.
—¿Hacer qué? —pregunto inocentemente.
—Ya sabes qué. De verdad te deseo, Carolina. Estaría feliz de saltarme la cena y
llevarte a mi camión y hacerte venir hasta que tu cerebro esté nublado. —Ni siquiera ha
tocado la comida en frente de él.
Trago saliva y giro el tenedor en los fideos y el pollo. Tomo otro bocado, lamiendo
mis labios y gimiendo de felicidad, disfrutando la forma en que sus ojos arden y su
garganta se mueve a medida que pasa saliva.
—Debes comerte la comida antes que se enfríe —digo dulcemente.
—Te estás ganando unos azotes para más tarde. —Se ríe y finalmente agarra su
tenedor, dando vueltas en su fetuccine.
—Podemos jugar en el camión. —Me encojo de hombros y le sonrío, comiendo
más de esta deliciosa comida—. Estoy hambrienta.
—Yo también —susurra y mira mi boca.
—¡Come! —Me río y tomo un sorbo de vino—. ¿Qué haremos después de esto?
—Es una sorpresa.
—¿Algo divertido en el camión? —pregunto con una risita.
—Me encanta tu forma de reír. —Sonríe y sorbe su vino y justo así las mariposas
están de regreso en mi estómago—. Y sí, podremos tener algo de diversión en el camión
para más tarde, pero primero tengo algo planeado.
—Está bien, entonces —murmuro y sigo trabajando mi camino a través de la
comida—. Estoy esperando por ello.




—¡Películas! —chillo y Josh sonríe mientras lleva el camión al aparcamiento del otro lado del parque Cunninghan. El parque tiene un poco más de veinte acres en el corazón de la ciudad, con una gran zona amplia infantil donde los padres llevan a sus hijos a jugar, pasear e ir de picnic. También hay una gran zona donde en el verano la ciudad pone una enorme pantalla todos los viernes por la noche. La gente trae sus mantas o sillas de jardín y las tiran en el césped para disfrutar del programa.
—Pensé que te gustaría. —Sonríe y se inclina para meter mi cabello detrás de mi oreja.
—Me encanta ir al cine.
Se acerca más y me besa suavemente antes de ir al asiento trasero para recuperar una pequeña cesta y una manta. Me conduce por el césped.
—¿Qué están poniendo esta noche? —pregunto y le ayudo a poner la manta en el suelo contra un árbol.
—No estoy seguro. Probablemente una película de chicas. —Arruga la nariz ante
la idea y me hace reír.
—¿No miras películas románticas?
—Soy un hombre.
—Sí, lo eres. —Me quito los zapatos, sentándome en la manta y mirando a las
personas alrededor—. Siéntate conmigo.
—Claro que sí. —Se sienta, de espaldas al árbol y tirándome contra su pecho, entre
sus piernas. Los comerciales comienzan y suspiro, completamente contenida. El sol está
casi bajo, dejando poco brillo en la pantalla.
Pocas personas nos reconocen, colegas y padres de alumnos, saludándonos con
gestos o acercándose para hacerlo. Algunos miran con curiosidad entre Josh y yo, y me
sorprende que eso no me moleste.
Él es un gran hombre y estoy feliz de estar con él.
Josh envuelve los brazos alrededor de mi pecho y me abraza acercándome más a
él, besa la parte superior de mi cabeza y nos quedamos sentados viendo la película. La
primera es generalmente adecuada para las familias y la segunda para un público más
maduro, cuando los padres llevan a sus pequeños a la cama.
Como era de esperarse, nos quedamos a ver Tangled 1.
—Me encanta esta película —murmuro y me acurruco contra él.
—¿De verdad? —Acaricia mis brazos con sus palmas.
Asiento alegremente y descanso las manos sobre los muslos de Josh.
Inmediatamente siento una reacción al tacto: sus músculos del muslo se aprietan y su
pene cobra vida contra la parte baja de mi espalda. No puedo evitar sonreír.
—Compórtate —murmuro, manteniendo los ojos en la pantalla—. Hay niños aquí.
—Tu atracción sexual me está distrayendo —gruñe en mi oído y besa la parte
detrás de él, haciendo que tenga escalofríos—. ¿Tienes frío?
—No.
Se ríe y me abraza más fuerte antes de soltarme para agarrar la cesta de picnic a
un lado de nosotros. —Traje el postre.
—¿Qué trajiste? Por favor di que chocolate. Unos Raisinets serían buenos.
Él levanta una ceja burlonamente.
—Estamos viendo películas. ¿Dulces? ¿Palomitas de maíz?
Sonríe. —Es la primera cita —me recuerda con una sonrisa, su hoyuelo
guiñándome.
—¿Qué trajiste?
—Fresas —responde con una cara seria—. Cubiertas de chocolate.
—Dios te bendiga —digo mientras sostiene una contra mis labios. Muerdo el
chocolate y la dulce y jugosa fresa y los ojos de Josh miran mi boca con avidez. De repente
me olvido de la película y de las decenas de personas que se sientan alrededor de nosotros
mientras tomo otro bocado del delicioso placer.
—¿Más?
—Mi turno —susurro y meto la mano en la canasta para conseguir otra fresa y se
la ofrezco en la boca. Sus ojos brillan con malicia mientras toma un mordisco y luego se
inclina para besarme, hay un poco de chocolate y juego de fresa en sus labios. Yo lo lamo
y él me besa con firmeza.
—Estoy a punto de hacer una escena —susurro, riéndome entre dientes.
Me alejo un poco de él y mastico el chocolate mientras me sirvo otro vaso de un
dulce vino blanco.
—Vasos de plástico rojo son tan románticos. —Me río en voz baja.
—No pude traer copas de vino. —Sacude la cabeza, con una amplia sonrisa en su
cara—. El alcohol está prohibido en este parque. —Pone un dedo sobre sus labios,
advirtiéndome que mantengamos nuestro secreto y luego toma un sorbo de vino antes
de dármelo.
—¿No quieres? —Agarro la bebida.
—Estoy conduciendo a casa.
—No hasta en un buen rato.
—Eso está por verse. —Pasa el dorso de su mano por mi mejilla—. Estoy teniendo
un momento muy difícil para mantener las manos alejadas de ti.
Justo así, es como el aliento es sacado de mí. Él dice las cosas más dulces.
La primera película termina y la gente se pone de pie y se estira, recogiendo
algunas mantas y bolsas de aperitivos. Los niños se quejan de tenerse que ir a casa a
dormir. Algunos padres les permiten simplemente dormirse en las mantas en el suelo
mientras se quedan para la segunda película.
—Tengo que ir al baño. —Me levanto y paso mis manos sobre mi cabeza,
estirándome—. Vuelvo enseguida.
—Está bien, nena.
Hay una fila alrededor del pequeño cuarto de ladrillos marrones que es el baño,
pero se mueve con bastante rapidez. Voy hacia la parte de atrás de la fila y noto un grupo
de mujeres como a cinco personas delante de mí.
Si hubiera habido “chicas pesadas” en mi secundaria, probablemente lo habían
sido dos de esas tres chicas. Sunny Lawson y Lauren Cunninham eran compañeras de
Jillian y mías y eran horribles. Las dos eran de familias ricas, eran bastantes populares e
increíblemente odiosas. Frunzo el ceño recordando. En realidad, eso no era cierto. Lauren
siempre fue tranquila. Nunca fue cruel, sólo salía con las chicas que sí lo eran.
¿Me pregunto por qué?
La tercera mujer era, Misty Maddox, que era la más nueva en la ciudad. Creo que
ha estado por aquí un par de años, pero hombre, sí que ella encajaba en ese grupo.
—…. Cara Donovan.
Mis oídos inmediatamente se ponen alerta ante el sonido de mi nombre.
—Él no está interesado en Cara. —Misty sonríe espeluznantemente.
—¿No los viste sentados juntos? —pregunta Sunny—. Para mí se miraba bastante
interesado.
Oh, confía en mí, está interesado.
—¿Por qué estaría interesado en una perra gorda? Confía en mí, sólo siente lástima
por ella porque un árbol cayó sobre su casa. Ya sabes cómo es él, siempre salvando a
alguien de algo. —Misty sacude la cabeza condescendiente.
—Para —interrumpe Lauren—. Cara es una persona agradable.
—No he dicho que ella no lo sea —acuerda Misty—. Pero ella no es su tipo. Él es
un diez y ella es un tres en un buen día.
—Al menos ella alació su cabello. —Sunny da una risita—. ¿Recuerdas su cabello,
Lo? Oh, Dios, ¡que desastre!
—¡Cuéntame sobre su cabello! —Misty está sonriendo enormemente y yo sólo
quiero vomitar. Estoy aterrada. Quiero huir, pero no puedo hacer que mis pies se
muevan. Ellas todavía no me han visto y las personas que están por delante de mí aún no
se dan cuenta que estoy aquí.
—Ella tenía este horrible cabello rizado y esponjado. —Sunny jadea entonces
respira y empieza a reír fuertemente—. Por todas partes.
—Creo que se ve bien ahora. —Lauren está con el ceño fruncido ante las dos
mujeres—. Ustedes chicas son ridículas. Esto no es la secundaria.
—Oh, cálmate, Lo. —Misty agita su mano con desdén—. Todo esto es diversión. Y
confíen en mí, chicas, Cara Donovan no es una amenaza.
—Tienes razón —digo en voz alta, para sorpresa de todo el mundo a mi alrededor.
Las tres mujeres a la vez abren sus ojos y boca ampliamente. Lauren y Sunny se
ruborizan, pero Misty se recupera rápidamente y sus ojos se estrechan brutalmente hacia
mí.
No puedo mantenerme en silencio más. —No hay amenaza porque Josh escogió
estar conmigo. Supongo que a él no le gustan las perras maliciosas. —Apoyo las manos
en mis caderas e inclino mi cabeza. Mi corazón corre con adrenalina—. Es bueno ver que
Lauren es madura. ¿Cuándo se van unir a ella?
Antes de que Misty o Sunny respondan, Lauren agarra los brazos de ella y les da
un tirón dentro del baño.
—Esas chicas siempre fueron problemas.
Me volteo para ver a la Sra. Baker, mi profesora de matemáticas de octavo, de pie
detrás de mí, sus ojos están estrechos y sus manos en sus anchas caderas. Ella siempre
fue audaz para tener en cuenta y la jubilación no ha cambiado eso.
—No importa —murmuro.
—Importa y mucho. No me gusta la nueva chica ni un poco. Si estuviera en mi
clase, me gustaría hacer su vida un infierno.
Sonrío y asiento en un silencio acuerdo. Tal vez Misty necesite un susto.
La fila se mueve y en poco tiempo las tres chicas se van, caminando rápidamente,
sin mirar en mi dirección.
En el momento que camino de vuelta con Josh, no puedo tener un poco de una
punzada de duda, porque al final del día, ¿qué si Misty tenía tazón? ¿Qué pasa si Josh
sólo siente necesidad de lanzarse y salvarme?
La parte que más me molesta es que ella me hizo dudar de la parte del por qué él
se siente atraído hacia mí, a pesar que el propio Josh nunca me ha dado una razón para
dudar de él.
Dios, Jillian sacaría la mierda de mí en este momento. Después ella sacaría la
mierda de Misty y Sunny.
Casi tropiezo con mis pies cuando veo a Misty sentada en nuestra manta junto a
Josh, sonriéndole con adoración, poniendo una mano en su hombro. Su cabello negro es
empujado sobre su hombro, dejando al descubierto su hombro desnudo y mostrando su
escote.
Ella es delgada, con grandes ojos grises y labios gruesos.
Y sus manos están sobre el hombre con que actualmente estoy durmiendo. La
mujer tiene pelotas de acero.
Voy arrancar su cabello desde la raíz.
Fuerzo a que mis pies se muevan, empujándome hacia delante mientras le echo un
vistazo a Josh por primera vez. Él tiene una pequeña sonrisa en sus labios, pero se ve
obligada. Sus ojos están recorriendo la multitud y cuando me encuentra su sonrisa se
ensancha y de inmediato se pone de pie, ignorando lo que sea que Misty estaba diciendo.
Ella me mira, pero yo la ignoro y me centro en el magnífico hombre caminando
hacia mí.
—Aquí estás. —Agarra mi mano y la lleva a sus labios.
—Había fila —murmuro y le doy una pequeña sonrisa. Entrecierra los ojos hacia
mí, estoy segura que detectando el cambio en mi actitud.
He sido una estúpida por saltar en cualquier cosa que este hombre está ofreciendo sin ser
cautelosa.
—Como estaba diciendo... —comienza Misty—. Mis padres son dueños de una
casa… —Su voz se desvanece mientras Josh envuelve un brazo alrededor de mis hombros
y nos gira para mirarla a ella. Ella ahora está de pie a un lado de la manta, retorciendo
sus dedos sobre su estómago.
—Hey, Misty, volvamos a nuestro lugar para mirar la siguiente película —llama
Lauren desde algunos centímetros de distancia y me da una sonrisa simpática como si
dijera, lo siento.
—Te llamo luego, Josh. —Misty sonríe con dulzura y se une a sus amigas.
—¿Qué está mal? —me pregunta Josh cuando ella se ha ido—. ¿Qué pasó?
Regresé a mi primer año, eso es lo que pasó. —Nada. Creo que estoy lista para irme
ahora, si no te importa.
—Te llevaré a donde quieras. Lo que importa es que te ha molestado.
Antes de que pueda detenerme, comienzo a recoger la manta y la cesta de picnic.
Él me quita la cesta y yo de inmediato camino hacia el camión.
Estoy avergonzada. Eso es lo que es. Sólo estoy tan malditamente avergonzada.
Él está silencioso mientras mete la manta y la cesta en el asiento trasero y me ayuda
a subir al camión, gira el encendido y se aleja del parque.
—¿A dónde quieres ir?
Realmente quiero ir a casa.
Pero eso no es una opción.
—Tu lugar está bien.
Sus ojos se estrechan, observando mi cara. —Háblame.
Trago y miro por la ventana del pasajero e ignoro las palabrotas que él murmura
en voz baja. Las luces de la ciudad se reducen mientras nos dirigimos hacia las afueras
de la ciudad, hacia el rancho y con cada milla que pasa me pongo más y más enojada.
Estoy enojada con esas perras, esas estiradas mujeres. Ellas necesitan madurar de
una puta vez. Y estoy enojada conmigo misma por dejar que esas mujeres tóxicas entren
a mi cabeza.
—¿Me estás follando porque sientes pena por mí? —suelto e inmediatamente me
gustaría tomar esas palabras en el aire entre nosotros y meterlas en mis bolsillos.
La cabeza de Josh gira bruscamente con los ojos muy abiertos en estado de shock
e ira. Él aprieta la boca y su agarre en el volante e ignora completamente la pregunta.
—¿Y bien? —exijo mientras enojado se orilla en la entrada.
—Cállate, Carolina.
—¿Qué dijiste?
—Ya me escuchaste.
—No, debo de estar equivocada, porque me acabas de callar, te voy a patear el
culo.
Frente a su casa apaga el motor y se gira hacia mí. —¿Por qué en nombre de todo
lo sagrado me preguntas eso?
—Sólo tienes que responder la pregunta.
—Cara, te voy advertir en este momento que estoy jodidamente molesto que
incluso pienses que sólo te follé, como dices, porque siento pena por ti. ¿Por qué incluso
tienes ese pensamiento en la cabeza?
Dios, soy una estúpida. Suspiro y me froto la frente con la punta de los dedos.
—¿Esto se trata sobre lo de Misty? —pregunta y rápidamente giro la cabeza para
mirarlo—. Mierda.
—¿Qué pasa contigo y Misty? —pregunto, despreciando el tono acusatorio en mi
voz.
—Nada ha pasado con ella por un año.
—¿Te acostaste con ella? —pregunto con incredulidad.
—No, salí con ella exactamente dos veces y luego me di cuenta del tipo de persona
que es y me detuve de verla. —Sacude la cabeza y pasa un dedo por mi mejilla, sin
embargo estrecho mis ojos hacia él—. ¿Qué te dijo ella?
—No me dijo nada a mí.
—Carolina —gruñe en señal de advertencia.
—Lo escuché de ellas —susurro y miro por la ventana, aborreciendo las lágrimas
que siento tratándose de formar en las esquinas de mis ojos.
No dice nada, sólo espera y lo amo y odio por la compresión.
—Claramente Misty tiene una cosa por ti. —Me aclaro la garganta como si no fuera
la gran cosa—. Ella dejó claro que una gorda y fea chica como yo no es una amenaza
cuando se trata de un diez como tú. Que claramente sientes lástima por mí y estás
tratando de salvarme.
—¿Y tú jodidamente creíste esa mierda?
—¡No, no le creo a ella!
—Entonces, ¿por qué estamos peleando por esto?
—Necesariamente no creo una mierda de Misty, pero una pequeña parte de mí no
puede dejar de preguntarse por qué te sientes atraído hacia mí. —Las últimas palabras
son murmuradas vergonzosamente.
Josh sale con rabia de la camioneta, cierra la puerta y se mueve con pasos furiosos
en torno al camión, abriendo la puerta de un tirón y antes de que pueda hacer algo, me
tira sobre su hombro, levantándome de mi asiento.
—¡Oye!
—He escuchado lo suficiente. —Golpea mi culo, fuerte, y me lleva a la casa,
cerrando la puerta detrás de nosotros con el pie.
—¡Ay!
—Te lo advertí. —Me pone en la isla de la cocina, estanpando sus manos sobre el
granito a los lados de mis caderas y empujando su cara contra la mía—. Te lo advertí el
primer día que llegaste, que si te llamabas gorda a ti misma te iba a azotar. Eso me enoja.
—Así lo pienso —susurro.
—Misty y sus amigas son unas perras y probablemente lo han sido desde que
nacieron. Me importa una mierda lo que piensen de ti o de mí o de los dos juntos. —
Vacilante toco con mis yemas sus mejillas y las paso por su cara—. Las únicas dos
personas en esta habitación somos tú y yo, Carolina, y somos los únicos que importan.
Acuna mi cara entre sus manos, sus ojos marrones arden y me besa con fuerza, su
boca reclamando la mía, marcándome.
Agarra mi mano, llevándola a su erección aun cubierta por los pantalones. —
Confía en mí, cariño, esto no pasa por las mujeres que siento lástima. Siente lo que me
haces.
Mis mejillas arden y sólo quiero escabullirme y mortificarme mientras él no me
vea, pero me hace mirarlo a los ojos.
—Tira de ese vestido por tu cabeza. —Da un pequeño paso hacia atrás y me da el
espacio mientras lo hago.
Me muerdo el labio, avergonzada de nuevo porque fui valiente antes y no me puse
ropa interior. Ahora me gustaría haberla usado.
— Carolina —susurra y se pone de rodillas, abriendo mis muslos—. Eres tan
hermosa.
Gimo mientras roza mis labios con un dedo y presiona un ligero beso sobre mi
clítoris. —Suave. Si hubiera sabido que no llevabas bragas toda la noche… —Jura en voz
baja y luego suavemente besa mi clítoris de nuevo.
Mis nudillos se ponen blancos sobre el borde de la encimera mientras la
electricidad se dispara a través de mí ante el tacto de su boca. —Josh.
—Eso es, nena. —Empuja dos dedos dentro de mí y acaricia el sensible nudo con
su nariz—. Jodidamente amo tu vagina.
Empujo mis dedos en su grueso, suave y marrón cabello y lo jalo mientras él lame
dando vueltas en mi núcleo, chupando y mordisqueando y volviéndome loca. Estoy
jadeando, gimiendo, pidiéndole que se detuviera, para después rogarle que nunca, nunca
se detenga.
Él se aparta y me levanta de la encimera. Quitándose la ropa rápidamente, me da
la vuelva y se inclina sobre mí. Antes de que estrelle su pene dentro de mí, golpeando mi
culo de nuevo, con el fuerte porrazo haciendo eco a lo largo de la habitación. Gruñe
mientras entierra sus bolas profundamente en mi vagina resbaladiza.
—Entiéndelo en esa magnífica cabeza que tienes, nena, esto no es por piedad,
caridad o simplemente porque estoy caliente. Te quiero, Cara. A ti. —Agarra mi pelo en
un puño y lo tira hacia atrás hasta que pueda susurrar en mi oído—, a ti.
—Josh —susurro y me sostengo mientras golpea mi culo de nuevo y luego se
pierde a sí mismo en un ritmo rápido, llevándome con fuerza desde atrás. Hay un fuerte
sonido de bofeteo de nuestra piel, respiraciones desiguales llenando la habitación hasta
que no puedo aguantar más y me agito mientras mi orgasmo me rasga, apretando su
pene.
Josh gruñe y encuentra su propia liberación, manteniéndose enterrado hasta la
empuñadura mientras sus propias convulsiones van a través de su cuerpo. Besa
suavemente mi espalda y sale de mí, girándome y envolviéndome en sus brazos fuertes.
—¿Quieres escuchar mi lista? —murmura mientras roza sus labios sobre mi sien.
—¿Qué lista?
—Tengo una lista de las razones por las cuales me siento atraído hacia ti, cariño.
Falta decirlo, aunque lo he repetido muchas veces que eres hermosa. Pero más que eso,
eres divertida. Eres dedicada con tu trabajo y estás profundamente orgullosa de lo que
haces.
Sus manos de deslizan hacia arriba y abajo en mi espalda, con movimientos largos,
calmándome.
—Eres hermosa y generosa. Eres jodidamente inteligente, nena. Tengo la intención
de decirte muchas veces cómo te veo, porque la vista es increíble.
Me muerdo el labio y las lágrimas que se juntaron caen.
—Lo que siento por ti es tan grande, Cara. No hay dudas. —Levanta mi barbilla
hasta que me mira a los ojos—. Estás conmigo porque no hay otro lugar donde quiero
que estés. ¿Lo entiendes?
Le doy una pequeña sonrisa y le guiño. —Lo entiendo.
—Bien. —Me levanta y me lleva al dormitorio—. Pero por si acaso, creo que voy a
trabajar un poco más en recordártelo.



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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Jessibel el Lun Ene 20, 2020 8:20 pm

8



Josh

La casa está en silencio mientras entro por la puerta de atrás. He estado trabajando
por unas cuantas horas, dejando a Cara en mi cama antes de que el sol saliera en la
mañana.
Ella no es una persona mañanera.
Enjuago mi taza de café y agarro una limpia de la alacena sobre el fregadero y voy
hacia la cafetera tanto para conseguirle una taza a Cara y otra a mí, me doy cuenta que
está detrás de mí. Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y aprieta su pequeño
cuerpo contra mi espalda, acariciando su cara entre mis hombros.
Y justo así, me pongo duro.
—Buenos días —murmura medio dormida en mi espalda. Sonrío y agarro sus
manos, girándola y abrazándola alrededor de sus hombros mientras se acurruca en mi
pecho.
Dios, ella es tan jodidamente adorable.
—Buenos días, dulzura. —Aprieto mis labios y huelo la coronilla de su cabeza,
tomando una larga respiración. Huele a fresas y Cara, su propia dulzura, una mezcla de
aroma dulce. Es embriagador—. Te estoy preparando un poco de café.
—Mmm. —Frota su nariz contra mi pecho.
Me inclino contra el mostrador, jalándola, contento de estar con ella mientras se
despierta. —¿Dormiste bien? —Paso mis manos de arriba—abajo en su esbelta espalda,
disfrutando la sensación del algodón de mi descolorida camiseta antigua de la
universidad.
—Dormí bien. —Inclina la cabeza hacia atrás para sonreírme.
Querido Dios, daría cualquier cosa por despertar con esa sonrisa el resto de mi
vida y ese pensamiento es más que un poco desconcertante.
—Bien. —Beso su nariz y después suavemente sus labios antes de ofrecerle una
taza humeante de café.
—Gracias —murmura, sosteniendo la taza entre sus manos, tomando un largo
trago—. ¿Cómo sabes cómo me gusta mi café?
—Pongo atención. —Me encojo de hombros y tomo un sorbo de mi propio café,
mirándola por encima de la taza. Ella está toda desarreglada, con su cabello rubio un
poco enredado y desordenado y su cara limpia de maquillaje, brillante y sin defectos. Mi
vieja camiseta de la universidad de Montana cuelga en su pequeña figura, cubriendo sus
shorts de yoga y dejando sus piernas descubiertas—. Tienes hermosas piernas.
Cara da otro sorbo de café y se ruboriza. Desde la pasada noche después de la
película, no ha dicho una palabra negativa de su cuerpo. En su lugar, simplemente se
sonroja y me sonríe cuando la alago.
Recordar el viernes por la noche me cabrea mucho y me enciende. Que cualquier
persona pueda mirar a Cara y llamarla gorda o fea es pura locura y me llena de tanta
rabia que no puedo ver bien. Sin embargo los efectos secundarios de follarla contra esta
encimera de la cocina y luego mostrarle una y otra vez durante la noche lo hermosa que
creo que es, fue una de las mejores noches en mi vida.
Mientras sus ojos se abren y comienzan a brillar, me puedo dar cuenta que también
se está acordando.
—No tenemos tiempo para esto —murmuro con pesar y tomo otro sorbo de café.
—¿Tiempo para qué?
—Para que te lleve de vuelta a la habitación y me entierre dentro de ti el resto de
la mañana.
Traga con dificultad, haciéndome reír.
—¿Es una promesa para después? —pregunta con una media sonrisa.
—Absolutamente.
—De todas maneras, ¿qué haces aquí? —Vuelve a llenar su taza—. Por lo general
no te veo en la hora del almuerzo.
—Tengo una sorpresa para Seth.
—¿Lo haces? —Sonríe ampliamente e inclina una cadera contra la encimera.
—Ya lo verás; vendrás con nosotros.
—Bueno, entonces será mejor que me cambie.
—Definitivamente. —Bofeteo su culo mientras se pasea por delante de mí y de
regreso a la habitación. Estoy pensando sobre la promesa de más tarde, cuando Seth
deambula por la puerta grande, comiendo un burrito para el desayuno.
—Días.
—Buenos días. ¿Cómo estás?
—Soñoliento. —Se deja caer en la mesa de la cocina—. No quiero hacer nada de
trabajos escolares.
—¿No dormiste bien? —Le doy un vaso de zumo de naranja, el cual se toma
rápidamente.
—Me quedé despierto hasta muy tarde leyendo el libro que Cara me dio. —Se
encoge de hombros y toma otro mordisco de su burrito.
—¿Es muy bueno, no?
Se encoge de nuevo, luego asiente de mala gana. —Sí, es bueno. De hecho ya lo
terminé.
—¿Qué terminaste? —pregunta Cara mientras se nos une. Se ha puesto unos
vaqueros y una camiseta con escote en V mostrando las increíbles tetas que tiene.
Tuve que haber llegado más temprano para hacerle el amor antes de que Seth
llegara aquí.
—El libro que me diste —responde Seth como si no fuera nada del otro mundo.
Los ojos de ella se abren con sorpresa y luego se ríe. —Yo ni siquiera lo he
terminado.
—Lenta —se burla Seth de ella y ella le da una mirada de mofo.
—Se suponía que tenías que leer un capítulo por día.
—Demasiado lento —dice entre dientes—. ¿Tengo que hacer el modelo del sistema
solar para esta mañana? —Se mete el resto del burrito a la boca.
—No —contesto antes de que Cara lo haga, ganando una mirada de sorpresa de
los dos—. No al menos esta mañana. Cara, ¿no te importa tener la clase más tarde?
—No tengo problema con eso.
—¿Por qué? —pregunta Seth con escepticismo.
—Quiero llevarte a un lugar. Vamos, entren al camión.
—No quiero lavar los trastos otra vez. He sido bueno. —Seth gira su mirada con
sus grandes ojos color avellana hacia Cara—. No me hagas hacerlo.
—Esto no es ese tipo de excursión —le informo con sequedad—. Te gustará.
—¡Bien! —Salta y corre hacia la puerta delantera y al camión en el asiento trasero.
—Tú vendrás con nosotros. —Tomo a Cara de la mano y la llevo al camión,
ayudándola a subir al asiento delantero.
—Cara, ¿a dónde vamos? —pregunta Seth rebotando en el asiento trasero.
—No lo sé, Josh tampoco me lo dijo.
—En verdad espero que no tenga que lavar los platos. —Seth se pone el cinturón
y mira por la ventana mientras salgo de la entrada de la casa y voy por el camino a la
carretera.
El pobre chico va a necesitar terapia por esa excursión.
Entre otras cosas, por la madre loca de mierda que tiene.
No tenemos que ir tan lejos. Voy hacia la entrada de Louie y estaciono a un lado
de su pequeña casa estilo rancho. Él está afuera y saluda, sonriéndole a Seth mientras él
salta fuera del camión.
—¡Hola, Louie!
—Buenos días. —Louie le da los cinco a Seth, después, nos saluda a nosotros
mientras lo seguimos hasta el pequeño granero detrás de su casa.
—¿También tienes un granero, Louie? —pregunta Seth.
—Uno pequeño. Pero no me quedo con el ganado.
Cara y yo caminamos detrás de Louie y Seth. Agarro su mano, entrelazando
nuestros dedos, feliz de quedar atrás y dejar que Louie le dé la sorpresa a Seth.
—¿Por qué estamos aquí? —pregunta Seth con una sonrisa.
—Espera.
Mis ojos están pegados a la puerta del establo mientras Louie la abre y Sent entra.
—¡Cachorros!
La mirada de Cara encuentra la mía, sonriendo. —¿Cachorros?
—Cachorros. —La llevo al granero. Louie tiene una esquina cercada con mantas
para los perros, cuencos de comida y agua, y seis cachorros, cuatro negros y dos
amarillos.
La mamá olfatea la mano de Seth y le da un amistoso lametón antes de retroceder
dándole atención a las crías.
—¡No sabía que tenías cachorros! —Seth entra en el corral y se sienta en el suelo,
justo en medio de las crías, riéndose mientras ellos se suben por encima de él, lamiendo
su cara y jalando su ropa.
—Lola tuvo sus cachorros hace tres meses y están listo para ir a un hogar —dice
Louie, sonriendo mientras mira a Seth con los cachorros.
—¿Ya tienen casa? —pregunta Cara, también sonriéndole al chico—. Son
adorables.
Louie asiente. —Cinco de ellos lo hacen.
—¿Sólo cinco? —Seth frunce el ceño.
—Uno todavía necesita un hogar. —Louie apunta a uno de los cachorros negros—
. Uno de los negros aún no ladra.
—Bueno, Seth —digo, envolviendo un brazo alrededor de los hombros de Cara—
, pensé que te gustaría llevártelo.
—¿Yo? —pregunta Seth con los ojos muy abiertos—. ¿De verdad?
—Un chico necesita un perro. —Me encojo de hombros.
—¿Cuál es el mío?
—Creo que eso es un sí —murmura Cara con una sonrisa.
—Ese pequeño chico negro que estás sosteniendo en este momento —dice Louie a
Seth y apoya una bota en un cubo.
El pequeño justo se acurruca en el regazo de Seth.
—Creo que le gusto. —La cara del chico es todo sonrisas, sus ojos brillan de
emoción.
—Eso parece —acuerda Louie, ayudando a Seth a salir del corral con su nuevo
amigo. Louie abrocha un collar en el perro y se lo da al chico.
—¿Me lo puedo llevar a la casa? —pregunta Seth con esperanza.
—Puedes. Pero es tu responsabilidad, Seth.
—Lo tengo. —Sacude su cabeza y entierra su nariz en la parte posterior del
cachorro—. Lo voy a cuidar.
—Es tan adorable. —Cara toma el cachorro de los brazos de Seth y lo aprieta—.
Oh me encanta el olor a cachorro.
—Todos pensamos que es genial hasta que crezca y mastique nuestros zapatos y
cualquier cosa que pueda conseguir —digo mientras los llevo al camión. Seth salta en la
parte de atrás y Cara le da el cachorro antes de cerrar la puerta y subir en el asiento del
pasajero.
—Lo entrenaré —anuncia Seth—. Veré videos en internet y aprenderé hacerlo.
Él se ríe mientras el cachorro lame su cara y luego va hacia el cuello de Seth para
tomar una siesta.
Cara agarra mi mano entra la suya y la aprieta con fuerza. —Eso es bueno para él
—susurra.
Asiento y regresamos al rancho.
—¿Cómo vas a llamarlo? —pregunta Cara mientras entro frente a la casa y todos
nos bajamos.
—Optimus Prime 2—dice Seth con orgullo, haciéndome reír.
—Eso es un nombre largo —dice Cara con una sonrisa.
—Él no es un hombre araña. —Seth frunce el ceño, sumido en sus pensamientos.
—No, no lo es —acuerda Cara.
Seth lleva al perro al patio, esperando a que haga sus necesidades antes de llevarlo
dentro de la casa.
—¡Ya sé! ¡Thor!
—¿Thor? —pregunto. El chico obviamente ama las películas de cómic.
—Thor. —Asiente Seth con decisión.
—Me gusta. —La sonrisa de Cara es dulce y feliz.
—Entonces Thor será.
—Vamos, Thor, tenemos que hacer un proyecto de ciencias.
—No tenemos cosas para él. —Cara frunce el ceño mientras Seth lleva a Thor a la
casa.
—Tenemos otros perros en el rancho, dulzura. Traje una cama para perros. Puede
comer con los demás perros en la mañana y después conseguiremos algunos juguetes
cuando vayamos a la ciudad.
—Está bien. —Ella me acerca y se pone de puntitas para poder rozar sus labios
sobre los míos. De inmediato agarro sus caderas y la acerco, hundiéndome en ella.
Cada vez que la beso es como la primera vez.
—¿Por qué fue eso? —pregunto mientras me hago hacia atrás para darnos la
oportunidad de respirar.
—Sólo me gustas. —Se encoge de hombros como si no fuera nada.
—Bueno, eso es genial. —Bofeteo su culo y luego lo acaricio con mi palma—. Tú
no estás tan mal.

—Que conveniente —dice y planta un beso en mi barbilla, luego empuja sus
manos por mi pelo, jalándome para otro beso. Tomo todo lo que puedo para no llevarla
al asiento trasero de mi camión y follarla rápido y duro.
—¡Thor hizo pis! —grita Seth mientras sale disparado de la casa con un Thor feliz.
—Tienes que volver al trabajo. —Se ríe Cara y se aleja de mala gana—. Yo tengo
que enseñar ciencia y limpiar el pis de cachorro.
—No fue mi intención darte más trabajo. —Hago una mueca cuando me doy
cuenta que es exactamente lo que acaba de pasar.
—Está bien. —Se encoge de hombros—. Me la debes.
—Lo haré, cariño. —Siento una sonrisa crecer en mi cara mientras una imagen
exacta aparece de cómo haré las paces con ella.
Ella responde con su propia sonrisa. —Lo sé.
—¿Entonces encontraste el Mustang? —le pregunto a mi hermano, mi teléfono está
presionado a mi oreja mientras doy grandes zancadas a la casa. Hoy de nuevo brilla el
sol, haciéndome sudar bajo mi gorra verde. Necesito una ducha.
—Sí, el bastardo me lo vendió de vuelta. —Zack suspira al otro lado del teléfono—
. Tengo la sensación que pagué más de lo que él lo compró.
—¿Kensie no te dijo por cuánto lo vendió? —pregunto con el ceño fruncido.
—No he hablado con ella desde que dejó a Seth contigo. —Suspira de nuevo—.
¿Seth está cerca?
—Está en la casa con Cara, trabajando con matemáticas o algo.
—Todavía no toma mis llamadas. —Odio escuchar la voz derrotada de mi
hermano.
—Me pregunto lo que esa mujer le dijo —murmuro.
—Estoy seguro que le conto muchas cosas que son putas mentiras y realmente
jodidas.
—Yo estoy seguro que tú tienes razón. —Entro por la puerta trasera de la casa, una
sonrisa crece en mi cara al ver a Cara sentada en mi mesa, mirándose toda fresca y
atractiva en vaqueros y camisa verde. Su cabello rubio está escondido detrás de sus orejas
y quiero pasar mis dedos a través de él.
No puedo tener suficiente de ella.
Cara mira hacia arriba y me sonríe, con esos ojos color avellana que brillan de
felicidad.
—¿Hola?
—Lo siento, hermano, me distraje.
La cabeza de Seth se levanta y me mira con recelo, sin embargo Thor se levanta de
dormir la siesta en los pies de Seth y me saluda con energía, corriendo alrededor de mis
piernas con su boca rosada fuera de su hocico.
—¿Así que cuándo estarás aquí? —pregunto mientras Seth lleva de nuevo a Thor
a sus pies en la mesa. Saco una botella de agua de la nevera, desenroscando el tapón y
dando un largo trago. Los ojos de Cara van a mi cuello, su boca se abre ligeramente y
tiene los ojos muy abiertos y cuando la punta de su lengua lame su labio superior, casi la
agarro y la llevo a la habitación para tenerla debajo de mí durante horas.
Ella se recupera y sonroja, mirando hacia abajo en sus papeles. Joder, es adorable.
—Estaré ahí este fin de semana.
—Increíble.
—También te extraño —murmura—. Sé bueno con mi hijo.
—Seth está bien cuidado —le aseguro, viendo a Cara y Seth mientras voy hacia la
ducha.
—¿Se está portando tan mal como mamá dice?
—Está mejorando. Cara ha sido buena para él. Está disfrutando el rancho y lo
ponemos hacer trabajos todos los días, pero pienso que él en secreto ama eso,
simplemente no quiere que sepamos. —Abro la ducha y empiezo a quitarme la ropa llena
de sudor y apestosa—. Louie tuvo cachorros hace unos meses. Le dio uno a Seth.
—Suena como nosotros a esa edad. —Zack se ríe—. Un chico necesita un perro.
Estoy nervioso por verlo, hombre. Kensie lo ha hecho odiarme.
—Prueba que la perra es una mentirosa, Z. En serio, Seth lo entenderá con el
tiempo. Te ocupas de niños de dieciocho años recién salidos del campo todos los días.
Puedes manejar a un niño que secretamente cree que eres un héroe.
—No necesito que me mire como héroe. Me conformaría con que me hable por
teléfono.
—Va entrar en razón. —Miro el espejo nublado por el vapor—. ¿Necesitas que
vaya por ti al aeropuerto?
—No, estoy conduciendo. Llegaré mañana por la mañana.
—Conduce con cuidado. Llama si me necesitas.
—Lo haré. Gracias, hombre. Hasta luego.
—Nos vemos. —Cuelgo y entro a la ducha, lavándome rápidamente para poder
unirme a Cara y a Seth. Me pongo unos desgastados vaqueros y una vieja playera roja y
me uno a Seth y Cara en la cocina.
—… ¡No me importa! —grita Seth.
—Seth. —La voz de Cara es dura y sus manos están en puños sobre la mesa.
—¿Qué está pasando? —pregunto y entrecierro los ojos hacia Seth, quien
simplemente me mira mientras salta de su silla, con sus pies bien plantados y los hombros
rectos como si estuviera listo para una pelea.
—¿Por qué no me dijiste que mi papá estaba de vuelta en Texas? —exige.
—Seth, te niegas a escuchar a alguien cuando pronuncian el nombre de tu papá.
—Si está en los Estados Unidos, ¿por qué no ha venido aquí? —Su labio tiembla
ligeramente pero aprieta la boca para ocultarlo y un peso de plomo se siente en mi
estómago.
—Tenía que hacer algunas cosas en Texas antes de volver a casa —explico con
calma.
—Nadie me lo dijo —repite Seth obstinadamente.
—Seth tu papá trata de hablar contigo cada vez que llama y te niegas a tomar sus
llamadas. Sé que no quieres verlo, pero…
—¡Tú no sabes nada! —grita Seth mientras las lágrimas caen de sus ojos.
—Entonces explícamelo. —Me apoyo contra el mostrador y meto las manos en mis
bolsillos, como si mi cuerpo no estuviera tenso y no tuviera el deseo de abrazarlo para
tranquilizarlo.
Necesito que me hable.
—A nadie le importo. —Sacude la cabeza y mira hacia abajo en sus pies, su cabello
oscuro cae en sus ojos tapándolo.
—Eso no es cierto, Seth —comienza Cara.
—Sí lo es —la interrumpe y la mira—. ¿Tú qué sabes de todos modos? Te estás
tirando a él. —Me señala—. No eres mejor que el resto de ellos.
Cara jadea y antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo, agarro los delgados
hombros de Seth y tiro de su cara a unos centímetros de la mía.
—Te voy a decir esto una sola vez. —Mi voz es dura—. Si alguna vez le faltas el
respeto a Cara de esta forma, haré que te arrepientas. —Suelto mi agarre, pero mantengo
mis ojos en los suyos—. Te amo, chico. Te amo. Me importas. Quiero saber lo que está
pasando por tu cabeza, pero no te forzaré a que me lo digas.
Sigue llorando en silencio y eso me mata.
—Responderé a cualquier pregunta que tengas. Lo llamaré a tu papá por ti o tú
mismo le puedes llamar en este momento y ponerte en línea con él. Él quiere hablar
contigo, Seth.
Su cabeza se sacude en negación y sólo suspiro profundamente ahuecando su cara
en mi mano.
—Seth, tu papá te ama —dice Cara—. Está tratando de llegar lo más rápido que
puede. Tal vez hablar con él por teléfono te hará sentir mejor.
—No quiero hablar con él —susurra Seth y se voltea hacia Cara con los ojos llenos
de lágrimas—. Perdón por lo que dije. No quería hacerlo.
—Lo sé. —Cara le da una sonrisa—. Estás enojado. Pero hablar con nosotros, con
tu papá, te ayudará, cariño.
Él niega con la cabeza de nuevo y lo abrazo.
—Todo va estar bien, amigo.
—¿Puedo llevar a Thor al granero? —susurra.
—Sí, ve.
Thor le acaricia la pierna y felizmente lo sigue por la puerta principal.
—Mi hermano realmente necesita llegar y trabajar en algunas cosas con ese chico
—murmuro en voz baja.
—Está tan enojado —acuerda Cara con suavidad—. Me gustaría patearle el culo a
Kensie.
—Ponte en la fila, cariño.
Ella junta los papeles de Seth y los empieza a ordenar en la mesa. Le quito los
papeles de las manos y los pongo sobre la mesa, tirándola en mis brazos, poniéndola bajo
mi barbilla. Me encanta la forma en que encaja en mí.
Aprieto mis brazos sobre sus hombros y deslizo mis manos en su espalda,
solamente abrazándola.
—Es increíble la forma en que me calmas —murmuro.
—Lo mismo digo —susurra sin mover la mejilla de mi pecho—. ¿Zack está en
camino?
—Deberá estar aquí el fin de semana.
—Bueno. Seth lo necesita, lo crea o no.
—Yo sé lo que yo necesito —murmuro y beso su cabeza.
—¿Y qué es? —Se inclina hacia atrás para mirarme a los ojos.
—A ti —susurro y beso su frente—. A ti acurrucada conmigo en el sofá,
pretendiendo ver una película mientras te seduzco.
Levanta sus cejas y sonríe suavemente. —¿Entonces yo escojo la película?
—Ya que realmente ninguno de nosotros la verá, sí.




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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Encarni C. el Mar Ene 21, 2020 11:28 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Chicas, en el caso de que Flor no se pueda conectar pronto por tener problemas de Internet, estaré trayendo dos capítulos más.

Gracias Jessi, parece que con los problemas de internet está teniendo muy mala suerte, leñe! Espero que pronto todo se solucione para nuestra compañera.


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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Encarni C. el Mar Ene 21, 2020 11:33 am

Ahora la lectura:

Me gusta mucho esta lectura. Igual que la vez anterior, me sorprendió lo rápido que pasa Josh de ser amigo de infancia y jefe a estar loquito por ella. Parece que viene de lejos, pero siempre me choca eso.

Pero es Josh, un tipo genial, sincero y que sabe lo que quiere y le importa. Su familia y Cara. Ains, le dice las cosas más dulces.

Me rompe el corazón Seth, pobre niño. Criado con una madre que le ha estado llenando la cabeza con veneno respecto a su padre. De ahí toda su ira.
Pero está evolucionando y dándose cuenta de que es muy querido.
Espero que llegue Zack y a ver cómo se arreglan.

La idea del cachorro ha sido una pasada.

Gracias por los capis, Jessi!


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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por AregUM el Mar Ene 21, 2020 2:32 pm

Cómo que Josh va demasiado deprisa y tampoco Cara pone freno, la caída del árbol ha subrayado el dicho "No hay mal que por bien no venga" 
Seth se está cambiando muy bien pero el lavado de cerebro que le ha hecho la zorra de Kensie es difícil de cambiar hasta que él mismo se de cuenta.
Ahora va tener más responsabilidad para cuidar de Thor.

Gracias por los capítulos!


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Mensaje por Jessibel el Miér Ene 22, 2020 9:27 pm

9



Cara

Me estiro perezosamente disfrutando la forma en que las suaves sábanas blancas
de deslizan por encima de mi cuerpo desnudo, aun sensible por una increíble noche de
amor. Sin abrir los ojos me volteo hacia la derecha y busco a Josh, pero su lado de la cama
está vacío.
Me encanta que me deje dormir, pero me gustaría despertar con él de vez en
cuando.
Tendré que pedirlo en algún momento.
Ruedo sobre mi espalda y respiro profundamente, dándome cuenta del aroma a
café. ¿Regresó a la casa para hacerme café otra vez?
Una chica podría acostumbrarse a esto.
Ansiosa de verlo, salto de la cama y me pongo unos shorts cortos de yoga y un top
sin mangas y voy hacia la cocina mientras me froto los ojos soñolientos. Giro en la esquina
del pasillo hacia la gran sala y ahí está, de espaldas a mí, frente a la cafetera, esperando
que se prepare lo último de café.
Algo parece diferente en él esta mañana, algo en la tensión de sus hombros y me
pregunto si todo está bien. ¿Pasó algo con alguno de los animales?
Me muevo por detrás y envuelvo mis brazos alrededor de su cintura, enterrando
mi cara en el centro de su espalda, al igual que el otro día cuando llevó a Seth por el
cachorro.
—Buenos días —murmuro, justo cuando me doy cuenta que él huele… diferente.
—Bueno, esa es una forma única de darle la bienvenida a Zack a casa —murmura
una voz familiar detrás de mí.
Salto hacia atrás, mi corazón se acelera y mi cara se ruboriza mientras el hombre
al que acabo de presionar mis pechos gira y me sonríe. Su cara es igual a la de Josh, aparte
de la pequeña protuberancia en la nariz donde se la rompió el último año de la
secundaria. —Buenos días, Carolina. —Él se ríe de mi expresión pasmada.
—¡Zack! —Envuelvo mis brazos a su alrededor y lo acerco, feliz de verlo después
de tanto tiempo—. Lo siento.
—Nunca me escucharás quejarme de que una increíble mujer se apriete contra mí
a primera hora de la mañana.
—Cuidado, hermano —advierte Josh y me quita de los brazos de Zack.
—¿Por lo tanto así lo es? —pregunta Zack con una ceja levantada.
—Lo es —confirma Josh y gana otra sonrisa de su hermano.
—¿De qué hablan? —pregunto entrecerrando los ojos a los dos gemelos sexys.
—Es cosa de hombres. —Josh besa mi frente y luego le frunce el ceño a mi
atuendo—. ¿Qué llevas puesto?
—Ropa de “seducir a Josh en la cocina”. —Me encojo de hombros y me río cuando
él abre más los ojos—. Supongo que tuve al hermano equivocado.
—Vete —le ordena Josh a su hermano y entierra su cara en mi cuello envolviendo
los brazos alrededor de mi cintura, tirándome cerca, haciéndonos reír a ambos. Me aparto
y me sirvo una taza de café.
—Hiciste un buen tiempo, Zack. ¿Cuándo llegaste? —pregunto mientras Josh sale
de la habitación y rápidamente regresa con una de sus grandes camisetas y la tira por
encima de mi cabeza, sus ojos arden con lujuria.
—No comparto este hermoso cuerpo con nadie, cariño, incluso con mi hermano —
susurra Josh a mi oído, después se sirve una taza de café, dejándome un poco sin aliento
y algo encendida.
—El tiempo fue bueno. —Zack se encoge de hombros, sentándose en el comedor
de la cocina mientras nos unimos a él—. Conseguí llegar más o menos como a las tres de
la mañana. Estrellándome en el dormitorio de invitados de J.
—¿Has visto a Seth? —pregunta Josh en voz baja.
—No. —Zack sacude la cabeza y toma un sorbo de café—. Acabo de despertar no
hace mucho tiempo. Pensé que él debería estar aquí.
—Es sábado —le recuerdo—. Puede que no venga aquí en mucho tiempo,
especialmente ahora que tiene un cachorro con el cual meterse en problemas.
—Perdí la noción de mi tiempo. —Zack se toma el resto de su café—. Iré a buscarlo.
Gracias por ser su tutora, Cara. Josh me ha dicho que has sido muy buena con él, incluso
cuando ha tenido una actitud de mierda.
—Es un buen chico, Zack. —Aprieto su brazo con dulzura ganándome una mirada
de Josh.
Hombre de las cavernas.
—Gracias. —Zack repite con un suspiro profundo—. Lo he extrañado.
—Si me has extrañado, ¿por qué te fuiste durante tanto tiempo? —Seth está parado
junto a la puerta delantera, con los ojos muy abiertos y enojado, sus manos están en puños
a sus costados y su cahorro lloriquea a sus pies.
—Seth. —Zack se para y camina hacia Seth, quien da un paso atrás con ira.
—¡No me toques!
—Seth, estaba en Afganistán. Ya lo sabes. —El cuerpo de Zack está tenso por la ira,
pero su voz es totalmente tranquila.
—Mamá dijo que no te tenías que ir, pero querías estar lejos de nosotros. Que no
te preocupabas por mí.
—Eso no es verdad. —Los ojos marrones de Zack arden de rabia—. El ejército no
me dio una opción.
Seth frunce el ceño y mira a Josh y luego a su padre. —Nunca quisiste hablar
conmigo.
— Te negaste a tomar mis llamadas, no al revés. —Zack todavía se encuentra de pie
cerca de Seth, pero su cara está llena de angustia. Claramente, quiere desesperadamente
sacar al chico y tranquilizarlo.
Pero Seth no aceptaría eso ahora.
Seth niega con la cabeza, listo a discutir un poco más.
—Chicos, ¿por qué no pasan el día juntos? —sugiero suavemente—. Vayan a
pescar, o montar a caballo o algo.
—Odio los caballos y pescar —insiste Seth, cruzando los brazos sobre su pecho.
Josh está tenso y lleno de furia, sentado a mi lado, dejando que su hermano maneje
al joven chico y encuentro un nuevo respeto por el hombre que constantemente necesita
tener el control.
—Amas esas cosas, Seth —le recuerda Zack con calma.
—No contigo —escupe y sale corriendo de la casa, con Thor siguiéndolo.
Nos sentamos en silencio durante unos largos minutos, sin saber qué decir.
—Bueno, eso no salió tan bien —dice finalmente Zack y se frota la frente.
—Él andará por los alrededores —murmuro—. Sólo necesita castigarte un poco
antes que esté listo para escucharte.
—Funcionará.



—¿Te puedo preparar el desayuno? —ofrezco.
—No. —Zack niega con la cabeza. Agarra sus llaves y sale de la cocina—. Iré a
atender algunos negocios en la ciudad, darle un poco de espacio a Seth. —Sale y cierra
de golpe la puerta principal, encendiendo su Mustang y alejándose rápidamente hacia la
carretera con los neumáticos levantando grava mientras se aleja.
—Sólo quedamos nosotros —le murmuro a Josh.
—El día de hoy te quiero llevar a una parte. —Su cara es totalmente seria y estoy
curiosa—. Dejemos que esos dos se pongan al corriente. Por fin te tengo para mí solo.
—¿A dónde vamos?
—Quiero enseñarte mi rancho en un todo terreno porque no creo que estés lista
para montar a caballo todo el día.
—¿Nos tomará todo el día? —pregunto con incredulidad.
—Una buen parte de él. —Asiente—. He preparado el almuerzo y algunos
suministros. Quiero compartir mi hogar contigo.
—Ya lo has hecho. —Camino hacia él y me siento en su regazo, envolviendo mis
brazos en sus hombros. Apretándolo un poco—. Ya has compartido tu casa conmigo.
—Hay mucho más de lo que has visto. —Inclina su frente contra la mía y suspira—
. Déjame mostrarte.
—Está bien, vamos. —Me recuesto contra él y sonrío—. ¿Tendré mi propio todo
terreno?
—Infiernos no, te vas a sentar atrás de mí y envolverás tus sexys brazos alrededor
de mi cintura.
—Ya veremos. —Voy corriendo hacia arriba para cambiarme—. Tal vez tú te
sientes detrás de mí y te aferres a mi cintura.
—Amaneciste luchadora esta mañana. —Josh se ríe y aleja su silla, mirándome con
sus ojos marrones llenos de humor.
—¡Todavía no has visto lo luchadora que soy!

No estaba bromeando cuando dijo que nos tomaría todo el día. No tenía idea que
Josh y su familia fueran dueños de tanta tierra.
—Este lugar es enorme. —Él estaciona el todoterreno a un lado de las cabañas y
apaga el motor, dándonos la oportunidad de sentarnos y mirar los alrededores.
—No sabía que ofrecías cabañas de caza en el invierno.
—¿No eres una cazadora, verdad? —Mete un mechón de cabello detrás de mi oreja
y me besa la frente.
—Uh, no. No a menos que sea una araña que necesite ser asesinada. —Echo un
vistazo hacia las simples cabañas bien cuidadas. El sol está brillando, haciéndome
agradecer por mi top sin mangas, pero añorando mis shorts en vez de los vaqueros azules
que Josh insistió que llevara hoy. Mi cabello se siente pesado en mi cuello y mi frente
sudorosa.
—Como dije antes, el rancho es más que cría de ganado. Ofrecemos estas cabañas
a los turistas que quieren cazar, junto con un guía. Espero que Zack sea guía este invierno.
—Josh me lanza una sonrisa que dice que hablará con su hermano de ello.
—¿Tienes muchos clientes?
Josh asiente. —Estamos completamente llenos hasta la siguiente temporada de
caza.
—Guau, bien por ti. —Corro mi mano arriba y debajo de su espalda, ridículamente
orgullosa de Josh y su familia—. ¿Tal vez a Seth le gustaría unirse a Zack y los cazadores
este invierno? Ya tiene la edad suficiente para aprender cosas de cazador.
—Tienes razón. Se lo mencionaré a Z. Seth amará esto.
Josh enciende el motor de nuevo y con mucho gusto entrelazo mis brazos
alrededor de su cintura y me acurruco contra él.
—Tengo un lugar especial que quiero mostrarte.
Apoya una mano en mi muslo y nos conduce, llevándonos detrás de unas cabañas
y de nuevo entrando al bosque. La copa de los árboles nos da un respiro del sol caliente
de verano y suspiro de alivio.
—¿Tienes mucho calor? —pregunta.
—Un poco.
—Qué bien que te pusimos protector solar.
Me sonrojo furiosamente enterrando mi cara en la espalda de Josh mientras lo
recuerdo untándome bloqueador con aroma a coco en mis brazos, hombros, cuello y cara
justo antes de salir de la casa.
Sólo Josh puede convertir la precaución básica de la piel en algo erótico. He estado
excitada durante toda la mañana.
Puedo sentir la vibración de su risa en mi mejilla mientras estaciona el todoterreno
en una parada y apaga el motor, cuyo sonido se sustituye por el sonido de agua y una
ligera brisa que sopla a través de los árboles. Los pájaros cantan mientras que Josh y yo
pertenecemos donde estamos, sentados en el todoterreno, apoyándome en él, respirando
el aire fresco.
Finalmente, beso su espalda y me inclino lejos de él, balanceándome sobre mi
pierna y bajando y él hace lo mismo.
—Este lugar es fantástico —murmuro y giro en un completo círculo, viendo todo.
Aquí el bosque es espeso, pero está claro por un gran manantial de agua que es
alimentado por un arroyo que desemboca a través de una hermosa cascada a unos veinte
metros de distancia. Piedras enmarcan el manantial, haciendo una cornisa natural para
sentarse y disfrutar de la naturaleza.
—Aquí es donde siempre vengo cuando estoy feliz o enojado o sólo necesito
pensar. —Josh envuelve sus brazos a mi alrededor por detrás y besa la parte superior de
mi cabeza.
—¿Me trajiste a tu lugar feliz? —pregunto, medio en broma y giro un poco mi
cabeza para besar su bíceps.
Parece que no puedo mantener mis labios alejados de este hombre.
Y a él parece no importarle.
—En estos días donde quiera que tú estés es mi lugar feliz, Carolina.
Suspiro y veo hacia arriba en sus ojos castaños.
—Así que, he traído a la persona que me hace feliz al lugar que me hace feliz —
aclara.
¡Vaya!… guau.
Antes de que pueda responder besa mis labios muy ligeramente y luego se aleja
para agarrar una manta de una alforja. Me toma de la mano y me conduce hacia las rocas
por el agua. Extiende la manta y me tira a su lado.
—¿Tienes hambre? —pregunta y empuja mi cabello detrás de mi hombro.
—Todavía no.
Asiente y sus ojos se calientan mientras mira mi cara y por encima de mi top, quien
sé que muestra agradablemente a las chicas.
Si me va a mantener eternamente excitada hoy, estoy feliz de devolverle el favor.
—Eres tan hermosa —susurra y se inclina para reclamar mi boca. Sus labios son
tiernos y suaves, pasando a través de mi boca rítmicamente y sin embargo de poco a poco,
enviando escalofríos por mis brazos y haciendo un nudo en mi estómago.
Él únicamente ha tocado mis labios y mis bragas ya están mojadas. Estoy jadeando,
lista para que me tome aquí en medio de la naturaleza.
Acuna mi mejilla en su palma y me acerca más, hundiéndose en un beso, pero
luego se retira bruscamente, sus cejas levantándose con un ceño fruncido.
—Realmente tienes calor —murmura y siente mi cuello y frente.
Me río de él mientras paso mi mano arriba y debajo de su firme pecho. —Hace
calor afuera, Josh.
—Vamos a refrescarnos. —Me sonríe con malicia y empieza a quitar mi ropa.
—Podríamos darle todo un espectáculo a la vida silvestre —advierto ligeramente,
con la emoción corriendo a través de mí.
—Ese es el plan. —Me guiña y rápidamente se despoja de su ropa. Tirándome
hacia arriba para que me pare y quitándome los vaqueros y las bragas por mis piernas.
—¿Y ahora qué? —pregunto con una amplia sonrisa.
—Ahora nos refrescamos.
Antes de que pueda pensarlo, me levanta en sus brazos y me deja caer en el manantial. De inmediato nado a la superficie, chisporroteo sin aliento por el choque del agua helada.
—¡Está demasiado helada!
—Por supuesto que está helada, la corriente viene de la montaña. —Él flota en el
agua a un lado de mí—. Estamos refrescándonos, ¿recuerdas?
—Tú solo querías que nadáramos desnudos —lo acuso y bromeando le entrecierro
los ojos.
—Quería conseguir que tú estuvieras desnuda —me corrige—. Funcionó.
Me acerca hacia él y me besa con fuerza y luego me mete debajo del agua. Se ríe
cuando salgo a la superficie y nado por detrás de él. Mi cuerpo se ha acostumbrado a la
temperatura del agua y se siente fresca y refrescante en la piel. Me aferro a la espalda de
Josh, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello y mis piernas alrededor de su cintura
y él nada alrededor de la laguna, cargándome.
Después de jugar un rato en el agua como niños, Josh me lleva a la orilla y me
muestra dónde pisar para subir con seguridad. A pesar de las copas de los árboles, el aire
es cálido. Una brisa sopla a través de mi cuerpo mojado, enviando escalofríos a través de
mí y aumentando la carne de gallina.
—¿Tienes frío? —pregunta mientras me guía de regreso a la manta.
—No, estoy desnuda, mojada y hay brisa.
Estamos parados en el centro de la manta, sobre la roca más alta por encima del
agua, para así ver toda la creación de Dios. Él está sosteniendo mis manos, pero da un
paso atrás para poder mirar, con sus ojos viajando hacia arriba a abajo de mi desnudez,
y estoy emocionada por el deseo y la necesidad que veo en su hermoso rostro. Cuando
su mirada regresa a la mía, de nuevo, le doy una tímida sonrisa y su aliento queda
atrapado mientras traga con dificultad.
—Carolina —susurra y se acerca a mí, manteniendo sus manos en las mías pero
ahora puedo sentir su calor corporal y el anhelo de sentirlo contra mí —. Amo tu cuerpo.
Amo cada curva en ti, lo suave que eres, la suavidad de tu piel.
Me seduce con palabras y si no estuviéramos tan cerca, la brisa de la montaña
habría hecho eco.
—Pero la curva más sexy de tu cuerpo es tu dulce sonrisa.
Mi respiración se corta y siento mis ojos abrirse ampliamente mientras él me sonríe
suavemente y en ese momento sé, sin ninguna duda, que me he enamorado de Joshua
King.
Ligeramente pasa el dorso de su mano por mi cara y traza mi mandíbula con la
palma de su mano. Con mis manos ahora libres, las vinculo en la parte baja de su espalda.
No puedo apartar la mirada de la suya.
Gotas caen de su cabello mojado y corren por sus mejillas. Quiero tanto que me
bese. Deseo que me toque en todas partes.
Quiero a Josh dentro de mí.
—Josh.
—Sí, amor. —Besa mi frente con ternura.
—Te necesito dentro de mí ahora mismo.
—Justamente estaba pensando lo mismo. —Me guía hacia abajo, sobre la manta
cubriendo la roca y sobre mi espalda, pero en lugar de cubrirme con su cuerpo grande y
duro, se arrodilla entre mis muslos y besa el interior de ellos. Acuna mi pantorrilla
derecha con una mano y con la otra mano acaricia lo largo de mi pierna.
—¿Te he dicho lo hermosas que son tus piernas?
—Lo has mencionado —respondo jadeando, disfrutando de la vista de acariciarme
con la luz del sol asomándose a través de las copas de los árboles—. Pero tengo piernas
cortas. Soy una chica pequeña.
—No tienen que ser largas para ser increíbles. —Besa mi pantorrilla y luego le da
la misma atención a mi otra pierna, besando y amasando la carne. Está de cuclillas
mientras abre sus labios sobre mi tobillo y luego inicia el viaje hasta la otra pierna. Mi
mirada se posa en la impresionante erección que sobresale de su cuerpo, flotando con sus
movimientos. Voy entre mis piernas, envolviéndolo y bombeando de arriba hacia abajo
su longitud dos veces.
Su ardiente mirada encuentra la mía mientras quita mis manos, sonriendo
mientras gimo en protesta y él acaricia el interior de mi muslo izquierdo, trabajando su
camino hasta mi centro.
En lugar de enterrar su cara en mis pliegues, pasa su dedo índice por mi ano, a
través de mis labios y por encima de mi clítoris, después abriendo para poder ver. Está
goteando con mis jugos.
—Siempre estás tan mojada para mí, bebé. —Pone el dedo en mi boca y lo chupo
para limpiarlo—. Me encanta eso.
Con eso se inclina hacia abajo y sigue el camino que su dedo acaba de recorrer pero
ahora con su lengua. Repite el movimiento tres veces antes de hacer círculos con su
lengua alrededor de mi clítoris, levantándolo con su pulgar para así poder lamerlo mejor.
Paso mis manos por su cabello y lo agarro con fuerza, meciendo mis caderas contra su
cara.
—Oh, Dios.
Lo siento sonreír contra mí antes de que él empuje su boca contra mis labios y sus
mejillas se ahuequen para chuparlos, suavemente al principio, pero después con más
fuerza, haciéndome retorcerme y gemir.
Finalmente empuja dos dedos dentro de mí, acariciando ese pequeño punto áspero
que siempre me hace perder la mente.
—¡Josh!
—Eso es, nena —susurra y mueve los dedos más rápido, presionando sus labios
contra mi clítoris, después lamiendo duro con su lengua, haciendo que vea estrellas.
—Me corro… —No puedo completar la frase. Ni siquiera sé si hablé en voz alta.
Ya no puedo escuchar la corriente del agua, o los pájaros, o algo a excepción del bramido
de sangre en mi cabeza y mis gemidos desesperados.
Josh gruñe contra mí , esas vibraciones me lanzan en órbita y me corro con fuerza,
mi vagina tiene espasmos, apretando sus gruesos dedos, mis caderas se estrellan contra
su cara, sin vergüenza pidiendo más.
Mi cuerpo se relaja, él saca sus dedos y lame otra vez a través de mi sexo y después
lame y besa su camino hasta mi torso. Besando y tirando de mis pezones ya duros,
haciéndome gemir de nuevo.
—Dios, amo los sonidos que haces —murmura y desliza sus labios hasta mi
clavícula, hasta mi cuello y la línea de mi mandíbula, donde mordisquea mientras se
instala contra mí , con los codos plantados a ambos lados de mi cabeza y su pene duro
reposando contra mi centro. Levanto mis rodillas y me meso contra él, moviéndome un
poco para que se deslice contra mi humedad.
—Jesús, Cara —susurra en mi oído—. Te sientes tan jodidamente bien.
—Mmm —coincido y me mezo de nuevo. Él se detiene para mirar mis ojos
mientras se levanta un poco, la cabeza de su pene descansa contra mi apertura.
—No hay nada en el mundo como hundirme en ti —murmura y lentamente
empuja su longitud en mí, pulgada tras pulgada, tan malditamente lento. Cierro los ojos
ante las sensaciones sorprendentes, y sin embargo agarro su cabello en puños y gruño—
. Mírame.
Rápidamente abro los ojos cuando él se entierra profundo, presionando sus bolas
contra mí. Aparta un mechón de pelo mojado de mi mejilla y baja su boca a la mía
mientras lentamente comienza a moverse, bombeando sus caderas a un ritmo largo y
constante.
Lame mi labio inferior y luego empuja su lengua en mi boca, lo que refleja su pene
moviéndose dentro y fuera de mí. Esto es demasiado. Pero no suficiente.
En este momento, esto es todo.
Envuelvo mis brazos a su alrededor, clavando las uñas en su espalda y levantando
más mis caderas alrededor de su espalda. Él comienza a moverse un poco más rápido y
con cada roce de la cabeza de su pene, las terminaciones nerviosas en mi vagina disparan
chispas de electricidad por mi columna. Puedo sentir el orgasmo construyéndose en mi
vientre y mi vagina empieza a contraerse a su alrededor, él empuja con fuerza y de
repente para.
—¡Josh!
—Sí, nena, déjate ir.
Este orgasmo no se parece en nada que haya sentido antes, es lleno de emoción e
intensidad y amor recién descubierto por este hombre encima de mí.
Comienza a recuperarse, a moverse en serio, buscando su propia liberación. Se
mete duro y rápido, entierra su cara en mi cuello mientras gruñe viniéndose dentro de
mí, jadeando y sin aliento.
—Serás mi muerte —susurra en mi cuello, pero lo puedo sentir sonreír.
—Maldita sea, eres bueno en esto.
— Somos buenos en esto, Cara. Nunca fue así para mí antes. —Levanta su cabeza y
me mira hacia abajo, con los ojos felices y brillantes.
—Tampoco para mí —acuerdo con suavidad.
Poco a poco, se retira de mí y hace una mueca mientras se desplaza sobre sus
rodillas.
—Tal vez estamos viejos para follar sobre las rocas. —Le sonrío, pero algo sombrío
como la ira se muestra en sus ojos mientras se gira hacia mí.
—No te follo, Cara. Nunca lo hago.
—Lo siento…
—Debes saber que ahora eres mucho más para mí que una amiguita para follar.
—Lo siento. —Corro una mano acariciando su brazo musculoso—. Fue sólo una
expresión. La he usado antes.
—Lo sé. —Niega con la cabeza, pero cuando me mira de nuevo, sus ojos se han
suavizado—. Y hay momentos en que es sexy cuando sale de tu boca, pero no justo
después que nosotros…
—Lo entiendo. —Beso su mejilla y le sonrío—. Lo entiendo.
—Bien. —Asiente y después me ayuda a vestirme, simplemente sonriendo cuando
le recuerdo que soy capaz de vestirme sola.
Loco dominante.
—¿Ya tienes hambre? —me pregunta dulcemente.
—Muero de hambre.
—Bueno, traje el almuerzo. —Rápidamente se pone su playera blanca y vaqueros
desgastados y se acerca al todoterreno para sacar una hielera y lo trae a la manta, junto
con nuestros teléfonos.
—¿Tienes buena señal aquí? —pregunto sorprendida.
—A veces. Es irregular. —Se encoge de hombros y saca una baguette, ensalada con
pasta y fruta, me da una botella de agua, que la tomo con agradecimiento mientras miro
mi teléfono.
—Mi mamá llamó.
—¿Cómo están tus padres? —Toma un mordisco de su sándwich.
—Ellos están bien. Disfrutando de Florida. Iban a regresar a casa este verano, pero
con la caída de los árboles y todo, simplemente decidieron quedarse allí todo este año.
Mis padres se mudaron a Florida hace cinco años para escapar de los duros
inviernos de Montana. Yo les compré la casa de mi infancia.
—Debes llamarla de regreso para que no se preocupe.
—Eres un buen hombre, ¿lo sabes, no?
Él hace una mueca y se encoge de hombros. —Bueno, yo me preocuparía si no me
contestas o me llamas de nuevo.
—Buen punto. —Busco el nombre de mamá en mi teléfono y pulso el botón de
llamada.
Ella lo coge en el segundo tono. —¡Ahí estás!
—Hola, mamá, lo siento, me perdí tu llamada. —Como un poco de ensalada y
escucho a mi padre en el fondo gritando para que mi mamá me salude de su parte—. Dile
a papá que también digo hola.
—¡Ella también dijo hola!
—No en mi oído, mama —le recuerdo cuando ella no aleja el teléfono de su boca.
—Lo siento cariño. ¿Cómo estás?
—Muy bien.
—¿Qué estás haciendo?
—Voy a comer. —Le sonrío a Josh, quien está bebiendo su agua y mirándome—
¿Está todo bien con ustedes?
—Estamos bien. Sólo quería comprobarte. ¿Cómo va la casa? ¿Estás segura que no
quieres que vayamos y te ayudemos?
—La casa va bien. El techo será reparado después del cuatro de julio. Y, no, no
necesito que vengan ayudar. —Doy un mordisco de sándwich y suspiro por lo bueno que
está.
—Bueno, haznos saber si cambias de opinión.
—Lo haré. —Bajo mi sándwich y aclaro mi garganta—. Te amo, mamá.
—También te amo, mi pequeña. Llamaré pronto.
—Lo sé. —Sonrío—. Hablaremos pronto.
Cuelgo y me doy cuenta que también tengo un mensaje de Jill.
—Lo siento, sólo voy a ver este mensaje de Jill.
—Está bien, nena. Haz tus cosas.
Le sonrío y abro el mensaje: ¿Me puedes recoger en el aeropuerto esta noche?
Siento que mis ojos dan vueltas y se me cae el emparedado de su envoltorio.
—¿Qué pasa? —pregunta Josh.
—Nada. Jill vuelve a casa. Me está pidiendo si puedo recogerla esta noche.
De inmediato respondo: Por supuesto.
—Esto es inesperado —murmuro.
—¿Tal vez viene a pasar las vacaciones? —Él mete una fresa en su boca.
Inmediatamente estoy atrapada mirando sus labios mientras mastica—. ¿Cara?
—Lo siento, ¿qué?
Se ríe y niega con la cabeza. —No te puedo hacer el amor de nuevo porque en este
momento quedarás adolorida y tengo planes para esta noche.
Me sonrojo y miro hacia abajo a mi teléfono cuando emite un pitido.
Jill: Gracias. Estaré ahí a las 10pm. ¡Te veo pronto!
—Oye. —Agarra mi barbilla y me hace mirarlo a los ojos—. No te avergüences,
nena. Yo también te deseo mucho.
—No estoy avergonzada. —Me encojo de hombros y le hago una mueca—. Sólo
que nunca antes he tenido un hombre que saque mis miradas lujuriosas.
—No me gusta pensar que le das miradas a otros hombres, lujuriosas o no. —
Frunce el ceño, haciéndome reír.
—A Paul Walker le doy miradas lujuriosas cada vez que me haces mirar Rápidos y
Furiosos.
Josh se ríe y niega con la cabeza. —Me haces reír.
—¿Cómo están tus padres? Me sorprende que no los hemos visto, considerando
que vivimos en la misma propiedad.
—La llevan bien. Se mantienen ocupados. —Se encoge de hombros y alcanza otra
fresa.
—¿Siempre supieron que querías hacerte cargo del rancho?
—Más o menos, sí, aunque pensé que Zack y yo lo administraríamos juntos. —
Josh toma una respiración profunda y mira los árboles que nos rodean—. Este es nuestro
hogar. Lo amo.
—Es hermoso aquí.
Me jala por mis pies y me golpea con fuerza el culo. —Vamos chica luchadora,
volvamos a la casa.
—¡Quiero conducir! —Reboto sobre mis pies para pararme y doy palmaditas,
haciendo reír a Josh.
—No. —Sacude la cabeza y apoya las manos en mis caderas, sonriendo felizmente.
—¿Por favor? —Me muevo hacia él y paso mis manos por su torso. Agarrando su
culo con una mano y acunando su creciente pene con la otra—. Te mostraré lo increíble
que mi boca puede ser esta noche.
—¿Me estás ofreciendo favores sexuales a cambio de conducir el todoterreno? —
pregunta con una mirada falsa de indignación.
—Absolutamente.
—Trato.


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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Jessibel el Miér Ene 22, 2020 9:29 pm

10



Cara

El aeropuerto está bastante vacío, aparte de algunas personas de pie esperando
por el avión que aterrizará.
Tiene una hora de retraso.
Jill mandó un mensaje cuando abordó. Estoy emocionada de verla. Sólo han
pasado unos meses desde la última vez que pasamos tiempo juntas, pero se siente como
una eternidad. Jill es lo más perecido que tengo a una hermana, y la extraño como una
loca.
Debería planear un viaje a Los Ángeles muy pronto. Usualmente alternamos
nuestras visitas, y ha pasado mucho tiempo desde que viajé para pasar tiempo con ella.
Este aeropuerto es pequeño. Sólo tiene dos líneas aéreas, haciendo que los vuelos
sean caros y difíciles de encontrar, especialmente los meses de verano e invierno, cuando
el turismo empieza a llegar a toda velocidad. Hay esculturas y obras de arte locales
expuestas, y la decoración es rústica, encajando con el tema occidental.
Mi teléfono pita en mi bolsillo y miro el mensaje entrante.
Josh: ¿Aterrizó bien?
Sonrío y respondo de inmediato: Todavía no. El vuelo se retrasó. No estoy segura
de cuándo vuelva a casa.
Apoyo mi hombro contra una pared junto enfrente de las puertas de seguridad
que separan la zona común de la zona de embarque y suspiro feliz. Fue increíble explorar
hoy el rancho de Josh. Su pasión y amor por la tierra fueron claras cuando me habló sobre
las diferentes facetas del rancho. Es un éxito porque lo ama tanto y el fracaso no es una
opción para él.
Nuestro tiempo en el manantial fue la experiencia más increíble que he tenido,
tanto física como emocional.
Mi teléfono pita de nuevo.
Josh: No te preocupes, sólo conduce con cuidado. Me preocupas.
Sonrío y respondo: Estaré a salvo. Te mandaré un mensaje cuando esté en
camino.
—El vuelo doscientos veintitrés, directo de Salk Lake City, está llegando por la
compuerta C —anuncia una voz aburrida. El vuelo de Jill por fin está aquí. Guardo mi
teléfono mientras los pasajeros con aspecto soñoliento comienzan a aparecer a través de
la puerta de seguridad de la sala principal.
Sonrío al ver a Jill entrar por la puerta. Ella y yo somos de la misma altura, pero
ella es pequeña. Donde yo soy toda curvas ella es delgada. Casi delicada. Tiene un
hermoso cabello grueso y oscuro, que lo mantiene largo y por lo general con una trenza
francesa. Sus suaves ojos azules encuentran los míos y me da una sonrisa cansada
mientras se acerca a mí.
—¡Hola, Jillybean! —Envuelvo mis brazos alrededor de ella y la acerco para un
abrazo largo y apretado.
—Hola, Carebear —responde con una sonrisa y se aferra con fuerza. Cuando me
aparto y la miro, algo se siente mal. Está sonriendo, pero sus ojos están tristes.
—¿Qué pasa? —pregunto inmediatamente.
Jill niega y me lleva a por el equipaje. —Nada.
—Bueno, ¿por qué el viaje improvisado? —Miro mientras una maleta negra pasa
delante de nosotras en la cinta trasportadora.
—Te he extrañado. —Se encoge de hombros y mastica su labio.
—También te he extrañado. —La abrazo y beso de nuevo su mejilla con un duro y
fuerte golpe, haciéndola reír.
—¿Vamos a la fiesta del cuatro de julio en el lago? —pregunta mientras saca la
única y brillante maleta roja de la cinta, levantándola por el mango y rodándola junto a
ella mientras caminamos hacia el coche.
—Claro. Nunca nos la hemos perdido.
—Bien. —Suspira y se instala en el asiento del copiloto de mi coche, inclinando la
cabeza hacia atrás y cerrando los ojos.
—No te atrevas a dormite. —Me río mientras salgo del estacionamiento del
aeropuerto, pagando la tarifa y dando la vuelta en la carretera, de regreso a la ciudad—.
¿Te quedas con Ty?
—No, en Mountain Lodge —murmura y puedo sentir su mirada en mí—. Voy a
darle una sorpresa a Ty. Quédate conmigo mientras me quedo en la ciudad.
Niego con la cabeza lentamente y le hago una mueca. —No puedo.
—¿Las cosas van bien? —Ella cierra los ojos de nuevo.
—Van muy bien.
—Qué bien. —Jill bosteza a mi lado y se inclina y la dejo dormir. Parece cansada y
no puedo decir si es por su trabajo exigente o alguna otra cosa, pero está claro que ella no
quiere hablar de eso.
Todavía.
Voy a darle su tiempo.
Estaciono en su hotel. Jill comprueba algunas cosas mientras agarro su bolso y me
uno a ella en el ascensor.
—Estoy en la habitación cuatro y veinte.
—Bien.
Unimos nuestros brazos y montamos el ascensor en silencio, después vamos por
el pasillo de la cuarta planta. Jill abre la puerta de su habitación y me lleva dentro.
—Un hogar lejos de casa —murmura y tira de su sudadera y del bolso,
aventándolos en la pequeña mesa redonda junto a la puerta corrediza que conduce a la
terraza.
Me quito mis zapatos lanzándolos y me tiro en la cama tamaño queen, abrazando
una almohada.
—Siéntete como en casa —comenta Jill irónicamente.
—Está bien —contesto alegremente—. ¿Cómo va el trabajo?
—Ocupado. —Se sube en la cama de al lado y se sienta estilo indio frente a mí—.
Como siempre.
—¿Entonces por qué estás aquí?
—¿Qué una chica no puede tomarse unos días de vacaciones?
—No diste muchas señales de que venías.
—Fue una cosa de última hora. —Se encoge de hombros y tira una almohada en
su regazo, sosteniéndola contra su pecho—. Estoy bien. —Sus ojos azules son
determinados y su boca se encuentra en una línea y sé que el tema está cerrado.
—Bueno, estoy feliz de que estés aquí. Te eché de menos.
—Te has estado tirando a Josh King. No has tenido tiempo de extrañarme. —Se ríe
y gira su cuerpo, acostándose sobre su estómago como yo—. Entonces, ¿cómo es?
—¿Cómo es qué? —pregunto inocentemente y trazo el patrón de la colcha con mi
dedo.
—Las pláticas —responde irónicamente y rueda los ojos—. ¡El sexo, Carolina!
¿Cómo es el sexo?
—Es bueno.
Ella me entrecierra los ojos e inclina su cabeza a un lado. —Te voy a dar un
puñetazo en el cuello si no lo sueltas.
—Dios, eres violenta.
—Habla.
—Es bueno.
—Si es “bueno”. —Ella usa comillas en el aire—. “Entonces no hay un grandioso”.
—Tal vez no todo se trate sobre el sexo.
Jill se ríe y niega con la cabeza. —Estoy segura que no todo es sobre el sexo. Sin
embargo un hombre no luce de esa manera y no da un buen pene.
Me río histéricamente y ruedo sobre mi espalda. —Eres tan elegante.
—¿Es grande?
—¡Deja de hablar! —No puedo respirar ahora y las lágrimas ruedan por mis
mejillas.
—Estoy segura que tiene una coloración extraña o, ¿es un pene guapo?
—¡Para! —Agarro mi estómago y sigo riéndome, mis abdominales duelen.
—Vamos. —Se ríe y me arroja una almohada—. Escúpelo.
—Es el mejor sexo que he tenido. —Me seco las lágrimas—. Él es enorme y sabe
cómo usarlo. ¿Eso es lo que querías saber?
—Joder, te odio. —Entierra su cara en la almohada y grita.
—No, no lo haces.
—No he tenido sexo desde que estuve con Todd —murmura en la almohada.
—Y todos sabemos que Todd es una mala follada con un pequeño pene —
murmuro con el ceño fruncido. Odio a ese hombre con cada fibra de mi ser. El ex marido
de Jill es un idiota de primera clase.
—Sí. —Jill suspira y levanta la cabeza, mirándome con sus ojos azules tristes.
—¿Qué pasa, Jill? —susurro, pero ella niega con la cabeza y pone la mejilla en la
almohada mientras que mi teléfono suena en mi bolsillo.
El nombre y la foto de Josh están en la pantalla.
—Hola —lo saludo.
—Hola, ¿Jill llegó bien?
—Sí, estamos en el hotel. Se está alojando en el Lodge. —Miro el reloj y frunzo el
ceño—. Guau, ya pasa de media noche. ¿Qué haces despierto?
—Esperando escuchar noticias de ti.
—Soy una adulta, sabes. —Sonrío por su risa en mi oído—. No tienes que
esperarme.
—Es tarde y necesito asegurarme de que estás bien.
Dios, me encanta el sonido de su voz. —Estoy bien. Probablemente dormiré aquí, ya
que es muy tarde.
—Eso es buena idea, aunque esta cama es demasiado grande y fría sin ti.
Un movimiento junto a la cama me llama la atención y Jill está usando sus manos
para hacer gestos obscenos.
Me río y tapo rápido mi boca con la mano.
—¿Qué es tan gracioso? —pregunta Josh.
—Jill siendo estúpida. —Miro ferozmente a la Jillian sonriente.
—¡Hola, Josh! —grita.
—Dile que dije hola —dice él con una sonrisa suave en su voz.
—Él dice que dejes de ser desagradable.
—Eso no es lo que dijo. —Niega con la cabeza y se ríe.
—Te veo en la mañana —murmuro.
—Bueno. ¿Estás en el Lodge?
—Sí.
—Bueno, cariño, diviértete con Jill. Te veo mañana.
Cuelga y suspiro mientras pongo mi teléfono a un lado y me acurruco en mi
almohada.
—Lo amas —susurra Jill. Mi cabeza se mueve bruscamente hacia ella. Está
acostada sobre su espalda, con las manos en su vientre y mirando hacia el techo.
La miro por un largo minuto, luego suspiro.
—Sí —susurro.
—¿Le has dicho?
—No.
—¿Por qué no? —Ella gira su cabeza y me mira a los ojos.
—Es muy pronto.
—¿Y qué? —Se encoge de hombros y continúa mirándome.
—¿Y si él no lo dice de vuelta? —susurro y siento las lágrimas llenando mis ojos—
. ¿Y si no siente lo mismo?
—¿Por qué no iba a sentir lo mismo? —Jill gira sobre su costado, poniendo un
brazo bajo su cabeza y sigue mirándome.
—No lo sé. —Ahora yo me pongo sobre mi espalda y miro al techo.
—¿Por qué no iba a sentir lo mismo, Cara?
—Porque en primer lugar no entiendo por qué está interesado en mí —digo en voz
alta.
—Dios, eres tonta. —Su voz es dura y casi enojada.
Yo giro mi cabeza hacia ella con sorpresa. —¿Qué?
—Eres una idiota si no entiendes por qué está interesado en ti, Cara. Te amo, pero
tienes que superar tus inseguridades. El cabello rizado y frisado, la chica gordita de la
escuela, es cosa del pasado. ¿Te has visto últimamente?
Le frunzo el ceño y proceso todo lo que acaba de decir. —Pero sigo siendo esa
chica.
—No, no lo eres. —Suspira y se frota las manos por la cara—. Eres hermosa y Josh
ve eso. Él te ve. Los hombres que sólo quieren follarte no llaman para saber cómo estás
en la noche sólo porque están preocupados por ti.
Eres más que una amiga para follar.
Ella está en lo correcto.
—Bueno, está bien, soy fabulosa. —De nuevo miro el techo y siento mi propia
sonrisa—. Y mi novio es jodidamente caliente.
—Sí, lo es —acuerda con un suspiro.
—¿Y Jill?
—¿Sí?
—Él es grandioso en la cama.
—Dios, te odio.



Toc, toc, toc.
Unos ligeros golpecitos en la puerta del hotel me despiertan de un sueño ligero.
Le echo un vistazo a Jill, quien está noqueada, todavía encima de las cubiertas.
Moviéndome rápidamente y con el menor ruido posible, me asomo por la mirilla antes
de abrir la puerta de par en par.
—¿Qué haces aquí? —le susurro a Josh mientras entra a la habitación y me arroja
en sus brazos.
—No podía dormir sin ti —susurra en mi oído. Se inclina para apartar las mantas
de la cama y ponerme sobre la sábana antes de desaparecer en la oscuridad de nuevo.
Momentos después reaparece con una manta de repuesto de un pequeño armario y la
extiende sobre Jill antes de unirse junto a mí en la cama, ambos con la ropa puesta.
—¿Cómo supiste la habitación dónde estamos?
—Pregunté, nena —responde irónicamente.
—Tienes que trabajar en un par de horas —le recuerdo suavemente, los dos
estamos sobre nuestros costados, mirándonos en la oscuridad.
—Louie y los chicos pueden manejarlo. Además. —Se inclina y me besa la
mejilla—. Zack regresó. Él se hará cargo de mi flojera el día de hoy.
—No tenías que venir aquí.
—Sí —suspira y me acerca, apoyando mi mejilla en su pecho y besa mi cabeza—.
Ya lo hice, nena.
—Si los dos tienen sexo estando yo a un lado, los voy a cortar en pedacitos cuando
se duerman.
Josh se ríe duro y fuerte y me abraza apretado.
—Ella es muy violenta —le informo con una risita.
—Lo digo enserio. —Su voz es severa, pero puedo oír una risa.
—¿Puedo sugerir un trío? —le pregunta Josh sobre su hombro, ganando un
puñetazo mío y un almohadazo en la cabeza de parte de Jill—. No pueden culpar a un
hombre por peguntar.
—Pervertido —murmuro con una risa.



—Sólo estoy bromeando —dice sobre su hombro a Jill, quien sólo le hace un gesto
con su mano y se gira al otro lado—. Tú eres la única que deseo —susurra en mi oído
para que solamente yo escuche. Me entierro más profundo en su pecho, mis brazos
envuelven su cintura y me duermo con el sonido de los latidos de su corazón.
—Santa mierda, tu casa es un desastre. —Jill arruga la nariz y sostiene su mano en
la frente, protegiendo sus ojos del sol mientras contempla mi pequeña casa blanca
cubierta de plástico y madera. Estamos caminando por la ciudad de camino a la casa de
Ty para sorprenderlo y para comprobar el progreso de mi casa.
—Se ve mucho mejor —le informo—. Dicen que van a terminar este miércoles.
Y después tendré que dejarlo a él.
—¡Guau! —De repente estoy envuelta en los brazos fuertes de Jill y siento como el
aire me deja en un silbido.
—No puedo respirar —jadeo.
—Estoy tan feliz de que estés a salvo. —Afloja su agarre y apoya su frente en mi
mejilla—. ¿Qué haría yo sin ti? ¿Y si en verdad hubieras salido herida?
—Estoy bien, Jill.
—Le quiero patear el culo a ese árbol.
—En verdad tenemos que discutir esas tendencias violentas tuyas. No te recuerdo
siendo tan ruda.
—Debe ser por mi periodo. —Sonríe mientras caminamos lejos de mi casa y hacia
la de Ty. Es cuatro de julio, por lo cual la mayor parte de la ciudad se encierra para mirar
las festividades y estamos esperando atrapar a Ty en casa.
Jill rebota en las escaleras de su porche delante de mí y llama a la puerta.
—Tú sólo puedes entrar.
—No, es mejor de esta manera. —Me guiña un ojo y espera pacientemente a que
Ty atienda la puerta. Después de treinta segundos ella toca de nuevo.
—¡Ya voy! —grita Ty y abre la puerta con el ceño fruncido. A la vista de su
hermana, su cara se trasforma en una gran amplia sonrisa y la acuna en sus brazos—.
¡Oh, Dios mío, Jillybean! ¿Cuándo has llegado?
—Ayer por la noche. —Ella se ríe—. Quería darte una sorpresa.
—La mejor. —Él sonríe ampliamente—. ¿Cuánto tiempo te quedarás?
—Regreso el martes por la mañana.
—Es un viaje rápido. —Él jala su trenza.
—Vine por las festividades.
—¿Así que todos estaremos en la fiesta del lago? —pregunta mientras estamos
sentados en su porche, Jill y yo en una mecedora y Ty en la barandilla, apoyando la
espalda contra la columna en la esquina.
—Por supuesto.
—¿Cuándo conseguirás tu casa de vuelta? —me pregunta Ty y cruza los brazos
sobre su pecho. Está usando una playera, con vaqueros desgastados. Los músculos
abultan su tatuaje con el movimiento y no puedo dejar de verlo.
Cualquier mujer estadounidense con sangre se fijaría.
—El miércoles —respondo.
—Eso es bueno. —Asiente y mira por encima hacia mi casa—. Se está haciendo
rápido.
—Es un buen equipo —acuerdo y cruzo mis piernas, disfrutando del balanceo de
mis piernas. Jill se apoya en mí.
—¿Qué hay de nuevo contigo, hermanote? —pregunta ella.
—Absolutamente nada. —Pasa una mano por su cabello oscuro y pone los ojos en
blanco a Jill. Los ojos y cabello de ambos son perfectamente iguales. Nadie se perdería
que son hermanos. Pero donde ella es pequeña y delicada, Ty es alto y ancho. No tan alto
y ancho como los hermanos King, pero desde luego sí algo.
—¿Nada de nada? —pregunta ella dudando.
—Nada de nada.
—Eres aburrido.
—¿Qué hay de nuevo contigo? —Le entrecierra los ojos y sé que él ve lo que yo
veo: piel pálida y ojos azules tristes.
—Nada.
—Ahora doy por hecho que eso es mentira.
—No estoy en una sala de audiencias —espeta con voz dura y me sorprende hasta
el infierno—. Retrocede.
Él sólo inclina la cabeza hacia un lado y la mira por un momento y luego asiente.
—Bien. Por ahora.
—Eres tan molesto.
Él se encoge de hombros y sonríe sin complejos. —Es mi trabajo.
—No, tú siempre has sido molesto.
Él asiente y le sonríe, entonces, gira su mirada hacia mí.
—Tampoco estoy en una sala de audiencias —le recuerdo a la ligera.
—¿Cómo están las cosas con King?
—Bien.
—Él es fenomenal en la cama y fue al hotel en medio de la noche sólo para poder
acurrucarse contra ella. —Jill sonríe y evade mi golpe en la pierna.
—Cállate —digo.
—En verdad no necesito escuchar acerca de las habilidades sexuales de Josh —
responde Ty secamente, pero hay una sonrisa cosquillando en sus labios. Al último se
rinde y deja escapar una risa.
—Jilly no ha conseguido…
La mano de Jill cubre mi boca con fuerza, con los ojos abiertos por el pánico.
—Mmmph mmph mmph —murmuro contra su mano.
—¿Qué? —pregunta ella y deja caer su mano.
—No jodas conmigo.
—Cara, la chica ruda. —Ty se ríe—. Si no fueras tan buena, ella te llevaría a la
cárcel.
—Sí —acuerdo con una risa—. Soy una malota.
—Vamos a alistarnos para la fiesta, chica ruda.


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Mensaje por Encarni C. el Jue Ene 23, 2020 1:15 pm

Gracias por los capis!!

Cómo que no sabes si Josh te ama?? Pos claro que sí! Que te ha llevado a su sitio especial, que te ha dicho que no sois solo follamigos, que el tío está que se sale por ti, mujer!!! Ains, las inseguridades de infancia, qué difíciles de superar!

Qué le pasará a Jill? Me preocupa. Ty me gusta mucho.

Zack va a tener que trabajar con paciencia para ganarse a Seth otra vez. La madre se lo ha trabajado bien para conseguir que el niño odie a su padre! Maldita!


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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

Mensaje por Tibisay Carrasco el Jue Ene 23, 2020 10:45 pm

Gracias por los capitulos gdsge
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Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY - Página 2 Empty Re: Lectura Enero - Loving Cara - KRISTEN PROBY

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